JESSE
Camino por el pasillo del hospital intentando concentrarme en lo importante.
Clara dijo que había encontrado algo sobre las imágenes que le mostré.
Las ampollas.
Las quemaduras.
Las mismas que vi y alguien intentó ocultar.
Cuando entro a su consultorio, Clara ya tiene una carpeta abierta sobre el escritorio.
—Sabía que había un caso polémico sobre esto —empieza, sin saludar siquiera—. Un hombre que trabajaba en una fábrica denunció que los químicos le producían ampollas y quemaduras graves.
Mi estómago se tensa.
Se inclina y me muestra las fotos impresas.
—Mirá —dice señalando—. Son las mismas ampollas.
La sangre se me enfría.
No parecidas, las mismas.
La forma, la distribución, el patrón en la piel.
No es coincidencia.
En ese momento, mi celular vibra. Perfecto timing.
Lo saco casi por reflejo.
Mensaje nuevo.
Samuel.
“La próxima vez no te dejo escaparte tan fácilmente.”
El calor me sube directo al rostro. Maldita memoria y la imagen mental de él durmiendo cuando me fui.
No fue huida.
Fue… estrategia.
Creo.
Clara levanta la vista y me observa como si acabara de descubrir una especie nueva.
—Jesse…
—¿Qué? —digo demasiado rápido.
—¿Te pusiste nervioso ? Es como si estuvieras ....
Y no termina la palabra porque la corto antes.
—No digas esa palabra.
Le apunto con el dedo como si pudiera amenazarla en su propio consultorio.
Ella sonríe disfrutándolo.
—E… na… —empieza exageradamente lenta. La fulmino con la mirada. —No. —… mo… —continúa, casi saboreándolo.
—Clara.
—… raaa… dooo.
Me cruzo de brazos.
—No estoy enamorado.
Mi voz suena más defensiva de lo que me gustaría.
Ella apoya los codos en el escritorio.
—Te fuiste mientras dormía, ¿no? Como siempre .
No respondo.
Porque es verdad , no sabía qué hacer con lo que sentí.
Quedarme era admitir algo y despertar a su lado significaba que esto no era solo físico.
Clara se inclina hacia atrás.
—Nunca te vi sonrojarte por nadie , te ves tan... tierno .
—No estoy sonrojado y no soy tierno .
—Claro que sí.
-No.
-Sip.
Esto no va a llegar a ningún punto, desvío la mirada hacia las fotos otra vez.
Necesito enfocarme en algo real.
Algo peligroso... en otro sentido.
Algo que no tenga que ver con mi corazón haciendo cosas extrañas.
—Sigamos con esto que es más importante —digo señalando las imágenes—. Si ese hombre denunció ...
Clara deja de sonreír.
—El caso desapareció del sistema poco después de que ese hombre muriera convenientemente .
Eso me devuelve al presente.
Al verdadero problema y el motivo por el que estoy acá.
Pero incluso mientras mi cabeza empieza a armar teorías… Mi celular sigue pesando en mi mano.
“Hacer el amor...”
Esa frase me perturba, pero a la vez no estoy seguro de querer escapar.
Y eso es lo que realmente me asusta.
Salgo del hospital con la carpeta bajo el brazo y la cabeza llena de piezas que todavía no encajan.
Un trabajador.
Una fábrica.
Químicos.
Denuncia borrada.
Demasiadas coincidencias.
Camino hacia el estacionamiento buscando mis llaves cuando el celular vibra otra vez.
Samuel.
Respiro hondo antes de abrir el mensaje.
“La próxima vez no solo no te dejo escapar… no te dejo dormir.”
Calor instantáneo.
Mi cara debe estar roja otra vez porque siento hasta las orejas arder.
Maldito.
Sonrío sin querer.
Estoy tan distraído releyendo el mensaje que no escucho pasos.
No siento la presencia.
Hasta que una voz grave, demasiado conocida, suena justo detrás de mí.
—Así que es eso…
Mi corazón da un salto.
Me doy vuelta.
Plena tarde.
Luz del sol.
Y ahí está.
—Oh —digo, inclinando apenas la cabeza—. Podría haber jurado que eras un vampiro.Perdí la apuesta.
Sonrío.
Error.
Danthe no sonríe.
Su mano se cierra alrededor de mi muñeca tan fuerte que el dolor me atraviesa el brazo.
El celular se me cae al suelo.
—¿Desde cuándo te distraés tanto? —dice bajo.
Lo miro, todavía intentando sostener la broma.
—Desde queme di cuenta de que puedo hacerlo.
Aprieta más fuerte.
Ya no es juego.
—Danthe…
Pero antes de que pueda terminar, escucho otra voz.
—¡Jesse!
Samuel.
Levanto la vista.
Cuando él llega hasta nosotros, Danthe ya me soltó.
Demasiado rápido y controlado. Samuel se coloca a mi lado y observa la escena con calma tensa.
—¿Está todo bien?
Silencio.
Después me mira.
—¿Lo conoces?
Danthe responde antes que yo.
—Sí. Nos conocemos… y demasiado bien.
Siento que el aire se vuelve más espeso.
—No es para tanto —digo rápido—. Apenas conocidos.
Nadie me cree.
Danthe y Samuel se miran.
No hablan.
No hace falta.
Es una conversación muda. Medición. Evaluación. Territorio.
—¿Esto es un concurso de miradas o…? —empiezo.
—Jesse. —dicen los dos al mismo tiempo.
Perfecto, me callan en mi propia conversación.
Samuel me toma suavemente del brazo y me hace dar un paso atrás, colocándose apenas delante mío. Protegiendo.
Ese gesto me golpea más fuerte que el agarre de Danthe.
Porque uno aprieta y el otro cubre.
Y en el medio estoy yo.
Genial.
Se me juntó el ganado y de la peor manera.
Danthe inclina apenas la cabeza, observando a Samuel como si estuviera clasificándolo.
—Cuidalo —dice finalmente, pero no suena a pedido.
Suena a advertencia.
A mí.
No a él.
Luego me mira una última vez. Intenso.
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Editado: 20.04.2026