Dulces Mentiras

Capítulo 28 [Miedos y Errores]

 Callie

 

Callie no tuvo otra alternativa más que reposar y gastar su tiempo libre en una ronda de películas, acurrucada en el viejo y degastado sofá de su destartalado apartamento, el sábado por la mañana. Pero a pesar de la interesante comedia, sus pensamientos estaban concentrados en la vasta cantidad de nombres y encomiendas en las que debía ponerse a la orden el lunes.

Después de todo, ahora era la vicepresidenta.

El puesto que había anhelado durante años, y por el que dedico meses enteros de análisis para la propuesta.

Ahora está ahí, y era suyo.

Las últimas semanas llevaba pensado mudarse de apartamento, junto a Joey, a uno más cercano a la cuidad, y aunque era un plan que se desarrollaría a largo plazo, Callie estaba poniendo manos a la obra.

Amber tenía otros planes, que seguían siendo más misteriosos que su odio por el hombre que la pasa atormentando todas las mañanas en su taxi.

Sin prestar atención a los transeúntes que invadían su casa con regularidad, debido que a sus vecinas se contoneaban como si fuera suyo, en la mayoría de veces en busca de comida, no giro a mirar a la entrada tras el sonido de la puerta abriéndose. Aunque en esta ocasión termino sobresaltándose y levantándose rápidamente cuando denoto que la figura era más alta y corpulenta, a comparación de Amber o Joey.

—Debes utilizar la cerradura o las llaves, Callypso. Fácilmente pude entrar yo de manera anónima y sorprenderte, en otra ocasión puede que no lleves la misma suerte. —musitó su amigo.

Se relajó al ver que era Antonio, por lo que en silencio volvió a acomodarse y esperar que hablase sobre el motivo que lo traía a horas tan tempranas a su casa, cundo debía estar de turno en Blackstone industries.

—¿Había alguien afuera? —inquirió Callie.

—Joey. Ella me dijo que la puerta estaba entreabierta.

—¿Ves por qué no necesito cerrarla? Joey hace muy bien su trabajo. Además tengo a Kira.

—No creo que Kira deje su magnífico sueño por atacar un ladrón.

Callie soltó una risita y se agacho para sobar la cabeza de su perra, que se encontraba dormida a sus pies y ni se había inmutado ante el sonido de su sobresalto o la puerta abriéndose.

—No la subestimes.

Antonio se quedó en silencio, sin dejar de mantener una sonrisa en su rostro.

Pero Callie no podía mantenerse callada, le picaba la curiosidad por saber que lo traía hasta su casa en horas de trabajo.

—¿Por qué no estas de guardia hoy? ¿Una ocasión especial y la he olvidado? —preguntó, rompiendo el hielo.

Antonio se encogió de hombros, mirándola con un poco de perspicacia. —Me dieron el día libre, y tuve que regresar a la cuidad con mi esposa… y decidimos pasar a comprobar, supuse que estarías en tu apartamento y no en la oficina.

—No tenía ánimos de ir ahora y adelantarme con el trabajo. —confesó.

—Estamos preocupados por ti, Callie. Cada día…

—Estoy bien. Un paso a la vez, trato de ir recuperando mi vida. No es la primera vez que sucede. —añadió, con un toque sarcástico. Insinuando que su corazón roto no era más que una situación habitual en su vida.

Aunque no era solo una insinuación, sino una triste realidad.

—Te conozco, sé que lo estás intentado. Eras como la hija que nunca tuve.

—Tienes una hija. —Callie sonrió con diversión—. Y si te escuchara se sentiría ofendida.

—Te aprecio como una hija, como la que nunca tuve. —volvió a enfatizar—. Sé que estas destrozada, un corazón roto es difícil de sanar, porque si no sabes cómo recomponerlo, solo se despedaza más.

Callie negó con su cabeza, su primer corazón roto la llevo a una depresión por meses, pero al final entendió que el engaño que sufrió era más un regalo que una traición. Se deshizo de dos parásitos que tarde o temprano mostraría su verdadera cara.

Con Grant, Callie pensaba que podía ocurrir lo mismo. Tarde o temprano su corazón se daría cuenta que aquel encuentro furtivo, había sido lo peor que le pudo haber pasado.

Solo que entre más pensaba eso, mas irracional se volvía.

—Realmente no quiero hablar de eso. —manifestó ella, sintiendo que sus emociones estaban al borde y que pronto se echaría a llorar mendigando no estar en los brazos de Grant.

 

—Soy yo o que Mabel entre por esa puerta. Por qué está detrás de esa puerta hablando con tu hermana.

Callie suspiro y hizo una larga pausa, sopesando sus opciones. La esposa de Antonio era un huracán, y era obvio que ella era el foco de toda la situación, por lo que era mejor recibirlo de Antonio. —Está bien, prosigue.

—Blackstone es un buen tipo. Durante el poco tiempo que estuvieron juntos pude ver lo feliz que eras a su lado, lo mismo sucedió con él. Para mí es muy difícil ver a ambos destrozados, no es algo que pueda soportar más.

El corazón de Callie se apretó al escuchar esa declaración, por que recordaba a detalle como el rostro de Grant se había tornado herido al verla partir lejos de él.

Con la garganta apretada, no pudo evitar preguntar. —¿Has visto a Grant? ¿Has hablado con él?

—Lo he hecho. —admitió, esperando que Callie no explotara o se enojara por su declaración—. He hablado con él. De hecho, me lo contó todo.

Callie se quedó en silencio, por lo que Antonio empezó a malinterpretar ese silencio como algo más. Estaba a punto de disculparse cuando ella levanto la mirada y le miró fijamente. —Ya veo.

Antonio frunció el entrecejo. —¿Qué significa eso? ¿Qué hay de ti?

—¿Qué es lo que pasa conmigo?

—¿Qué tienes para refutar? ¿Qué tienes para decir? —exprese con tono emotivo—. Porque cada vez que te miro, solo veo a una chica asustadiza que se enamoró. Entonces, cuando los sucesos en esa boda se dieron, también te ofreció una salida, y tú la tomaste.




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