Durmiendo con el enemigo.

7

Faltaban tan solo dos días para el gran día, para mi casamiento. Ese acontecimiento con el que había soñado prácticamente toda mi vida, desde la primera vez que me di cuenta que tenía sentimientos por Lewis.

Sentimientos que iban mucho más allá del odio, uno bastante infantil y sin sentido, pero que en aquel momento invadía cada fibra de mi ser.

Sin embargo mucha agua había corrido debajo de ese puente y ahora se puede decir que nos encontrábamos en otro punto de nuestras vidas y las mismas junto con el destino, uno bastante cruel si puedo agregar, nos obligó a dar este gran paso en contra de nuestra voluntad y por el bien de Olivia.

Y ese no era el único gran cambio que había experimentado en el último tiempo. No solo había perdido a mi hermana, a mi mejor amiga sino que también había tenido que dejar atrás una gran parte de mí. Mi hogar, el espacio que consideraba mi lugar en el mundo, uno que me había costado construir, sobretodo porque con él buscaba alejarme de todo lo que había sido.

Y por todo me refería a Lewis y lo que había pasado a su lado.


Ya llevaba dos semanas en mi nueva casa,  y debo admitir que extrañaba muchísimo mi apartamento, tenía mi lugar seguro, uno donde si dejaba cosas tiradas a nadie le molestaba pero eso había cambiado ya que convivía con dos personas más a las que aparentemente les molestaba el desorden.


—Emma deja de tirar las cosas tiradas—gruñó Lewis levantando mi rizador de pestañas del piso y mirándolo desconcertado— Debemos crear una serie de reglas si vamos a vivir juntos— buscó algo en el botiquín— Si queremos llevarnos bien, debemos si o si adaptarnos a ellas. Y más que nada el uno al otro. No podemos llevarnos todo el tiempo como perros  y gatos, en especial frente a Liv. No sería justo para ella. Así que por favor, evita estas cosas— sentenció entregándome el artefacto.


—Lo siento—lo tomé de sus manos— ¿Recogiste el traje de la tintorería?—pregunté guardándolo en mi estuche para los cosméticos.


—No— se movió colocándose a mi lado para mirarse en el espejo— Lo haré cuando tenga tiempo. Estoy demasiado ocupado para acordarme de esas cosas. ¿Podrías hacerlo tú?


Cerré los ojos y conté hasta las 3 .La boda era en 2 días y ya había hecho más cosas de las que él pensaba, y de las cual él obviamente no estaba al tanto ya que no era más que un ente y solo se acordaba de mi cuando Olivia estaba presente.

Ya  tenía mi vestido listo, los zapatos, había ido  al salón de belleza. Me había encargado también de elegir y comprar el vestido de Olivia, con sus zapatos a juego y un hermoso collar de perlas que sin dudas la haría lucir como la niña más bella del lugar. Y él no se podía hacer cargo de lo que le tocaba, algo que sin lugar a dudas me sacaba de mis casillas, quiero decir: ¡por Dios! ¿Cuánto le podía costar recoger un estúpido traje?

La tintorería estaba tan solo a unas cuadras. No es como si tuviese que viajar durante dos horas para llegar al lugar, con solo caminar 10 minutos estaría allí.


—Townsend—lo regañé.


— ¿Qué?—contestaron  dos voces a la misma vez.


No había visto que Liv hubiese entrado a la habitación. Desde que nos mudamos aquí casi todas las noches aparecía en nuestra habitación porque tenía pesadillas o porque extrañaba a Lottie y nosotros no podíamos decirle que no.

¿Qué clase de persona podría hacerlo? No sería humano negarle a una pequeña niña eso. Seríamos monstruos si la obligábamos a dormir sola y posiblemente contribuiríamos a un desarrollo de traumas que la podrían afectar a futuro.

Ok, tal vez estaba siendo demasiado dramática.

Fuese o no cierto esto último había una verdad que no se podía dejar de lado y era que Olivia tenía 4 años y muchas cosas que asumir, que procesar y comprender, empezando por un duelo por desarrollar.

Además  debo reconocer que el hecho de tenerla entre nosotros ayudaba a que el hecho de dormir con Lewis en la misma cama fuera un poco más fácil.


—Tú no Liv, le hablo a tu tío—respondí señalándolo con la cabeza— ¿Por qué no vas a jugar con la casa de muñecas? O si quieres puedes ir preparando una fiesta de té con tus peluches. Sé que al tío Lewis le encantaría asistir, o no es así?

Su rostro se ensombreció para darme luego una sonrisa llena de cinismo. Y me dio una mirada llena de desprecio. Los dos sabíamos que estaba hablando por hablar porque Lewis no iría a jugar con ella ya que debía ir a trabajar. Y ese era otro rasgo de él que me costaba aceptar, no importaba cuantos cambios hubiese habido en su vida, jamás dejaría de interponer su carrera ante los demás. Ni siquiera lo haría por su pequeña sobrina.

—Claro que sí, no querría perdérmela por nada del mundo. Ahora ve pequeño angelito, estaré contigo en un segundo— se agachó para quedar a la altura de Liv y apretó su mejilla.

Ella soltó una risa llena de ternura y salió corriendo por el pasillo.

Cuando estuvimos solos, me asomé por el marco de la puerta para asegurarme que ella no estuviese cerca para escucharnos, apegando a la regla principal: No pelear enfrente de Liv. 


—Faltan dos días. DOS— susurré y elevé mis dedos para que lo entendiera mejor.

A veces su actitud me hacía pensar que en realidad él era el niño y Liv la otra adulta en su casa.


—No es necesario que hagas eso comprendo perfectamente—dijo rodeando mi cuerpo para dirigirse al ropero y buscar su ropa de trabajo.

—Eres exasperante— afirmé mientras lo veía como  se cambiaba. Tuve que apartar mi mirada  cuando su pantalón cayó al suelo y quedó expuesto frente a mí como Dios lo había traído al mundo.

—Lewis—mascullé y tapé mis ojos con mis manos.

— ¿QUÉ? ¿AHORA QUÉ?—exclamó exasperado.

— ¿Es necesario que te diga qué? ¡Estas desnudo! Frente a mí.

Él soltó una carcajada.

—Puedes dejar el acting atrás, no es como si no me hubieses visto nunca así. Te recuerdo que salíamos, éramos una pareja y me has visto en más de una ocasión de esta forma. De hecho durante el tiempo en el que estuvimos juntos no recuerdo haber recibido ninguna queja por este hábito mío.




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