Durmiendo con el enemigo.

27

Me puse mi mejor traje, si iba a hacer esto lo haría bien. 


El traje moldeaba mi cuerpo de una manera increíble, no dejaba nada a la imaginación y sabía que a Lewis le gusta eso. Aún tengo grabada en mi cabeza la cara que puso cuando fui a su casa usando una remera pegada y un pequeño short ajustado. 


¿Que si lo disfrutaba? No más que cualquier otra mujer en la faz de la tierra.


¿Que si lo estaba manipulando? Puede que sí. Pero no iba a dejar que se fuera así como así.


Había luchado mucho para tenerlo de vuelta conmigo y me resultaba extremadamente doloroso el dejarlo ir de nuevo.


La bocina de su auto sonaba afuera, habíamos decidido dejar a Liv con mi madre y decidimos mantenerla ajena a todo esto.


Era lo mejor.


Subí al auto en silencio y en silencio pensaba permanecer, si hablaba de mi boca solo saldrían insultos hacia su persona y el haría lo mismo y hacer eso sería volver en el tiempo.


—  ¿No vas a hablar? 

Nada salió de mi boca.


—Veo que no. Si quieres desperdiciar nuestros últimos momentos juntos así, hazlo. Pero te arrepentirás luego.


—Últimamente me estoy arrepintiendo de muchas cosas.


— ¿Qué insinúas? 


—Nada.


Una mueca amarga se dibujó su rostro en el que 48 horas atrás había una gran sonrisa.


—Mi vuelo sale a las 22.


—Ok.


Llegamos al estudio de abogados, el mismo estudio donde estuvimos un tiempo atrás, donde nos comunicaron la decisión de Lottie .Muchos recuerdos me embargaron.


—Buenas tardes señor y señora Townsend. Ya me comunicaron por qué están hoy aquí y debo decir que me apena mucho.


—A nosotros también—dijo Lewis.


—Aquí tienen los papeles ,una vez que los firmen estarán oficialmente divorciados.


Lewis me miro a mi y al papel y volvió a mirarme poco convencido y haciendo una silenciosa pregunta a la que respondí inmediatamente al firmar esa hoja que le ponía fin a todo a nuestra relación, familia,  a la felicidad, a toda la lucha, al dolor por el que pasamos, a nuestra historia, con su pasado, su presente y su hipotético futuro morirían cuando las dos firmas yacieran en ese papel.


La codicia y la ambición habían acabado con nuestras vidas. Con todo y nos habían dejado nada más que dolor. Uno muy fuerte.

 




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