Dusk 'till Dawn

Capítulo 2. El inicio de la tormenta

—Evacúen de manera inmediata a todos los ministros en la Casa Azul y llévenlos a un lugar seguro —ordenó Dae por el auricular, su voz firme, sin margen para dudas.

Corrió por los pasillos llenos de caos, esquivando los muebles caídos y cuerpos que trataban de escapar. Cada segundo contaba: había logrado neutralizar al grupo de apoyo gracias a su plan, pero ahora todo se había complicado y quedaban rehenes y atacantes por controlar. Su destino era bastante claro: el ala sur del segundo piso. Sirenas, gritos y vidrios rotos retumbaban a su alrededor, pero Dae se movía como un predador enfocado, cada paso calculado, cada mirada como un radar de amenazas.

Al llegar, la escena era desastrosa: miembros del equipo de seguridad de la misma Casa Azul tendidos en el suelo, un par inconscientes, otros heridos gravemente.

—MW, necesito una unidad de paramédicos aquí. Ala sur, considerable número de heridos —indicó sin detenerse, su voz firme cortando el ruido de lugar.

Fue entonces cuando vio cinco figuras corriendo hacia la entrada oeste. No parecían ser personal propio ni funcionario: eran sus objetivos, con rehenes a su cuidado. Su corazón se tensó. Cada segundo perdido podría costarle vidas.

Corrió tras ellos, esquivando un par de objetos, sintiendo cada respiración como un martillo en su pecho. Logró alcanzar a uno, sujetándolo por el cuello de la camisa. El atacante le lanzó un puñetazo; Dae se agachó con precisión, logrando contraatacar con un golpe de rodilla que lo derribó.

Sintió un movimiento detrás de él y, girando instintivamente, levantó la pierna para patear. Sin embargo, para cuando se dio cuenta, no era un enemigo: era KT, su compañero.

—Lo siento —dijo, ayudándolo a incorporarse.

—Ve tras los otros dos. Yo me encargo de este —indicó KT, señalando al atacante en el suelo.

Dae asintió y, sin perder más tiempo, bajó las escaleras, apenas logrando colocar un pie tras otro. No pudieron haber escapado por la entrada principal... Cerró los ojos para concentrarse. Ruido, gritos, sirenas... y luego cristal rompiéndose.

Abrió los ojos: el ala este. El templo.

Corrió sin pensar. Cuando llegó, allí estaban los dos hombres restantes, cada uno con un rehén. Escapando ante sus ojos.

✦ ✧ ✦ ✧ ✦ ✧ ✦ ✧ ✦

La bodega se sentía impregnada de humedad y tenía una mala iluminación; el hedor a encierro se le colaba hasta por los huesos. Intentó mover sus manos, pero las cuerdas ardieron contra su piel. A su lado, el ministro Jitaek yacía con la respiración entrecortada, claramente alterado por la situación.

—¿Y qué...? ¿nos van a retener aquí mientras esperan a que paguen por nosotros? —preguntó, con una sonrisa burlona, tratando de ocultar el miedo que lo invadía.

El más alto de los secuestradores, rapado y con un tatuaje visible en el cuello, se volvió hacia él.

—Creo que es bastante obvio. Tu eres el niño rico del conglomerado más grande de Seúl. Y él —señaló al ministro—, es casi oro en barras, los ministros de la Casa Azul valen demasiado en estos días. Ustedes son billetes caminando.

Frunció el ceño y sonrió falsamente.

—Mi padre no gastaría ni un solo Won por su funeral... mucho menos por mí, tienes las esperanzas puestas en la persona equivocada —le dio un vistazo al ministro y negó con la cabeza—. Y en cuanto al ministro Jitaek, ten por seguro que ahora mismo tiene a toda una jauría de agentes buscándolo. Si tengo que apostar, no llegas a esta noche amigo.

Rio seco, pero no pudo evitar que un temblor le recorriera todos los músculos.

La respuesta del hombre no tardó en llegar, más su rostro no lo resistió. El puño estalló con brutalidad. Sintió el sabor a metal en su boca y un molesto zumbido en sus oídos. Está bien, quizás no fue una buena idea el hacerlo enojar... La bodega olía a humedad y miedo; el concreto frío le quemaba la piel y cada golpe retumbaba en sus huesos, dejando un eco que parecía hacerse permanente.

Dolor. Frío. Miedo. Y una extraña sensación de impotencia que comenzaba a carcomerlo desde dentro. Su corazón latía con fuerza, golpeando contra su pecho como si quisiera escapar de su cuerpo. Intentó moverse, pero sus piernas se negaron a responderle, las sentía rígidas y pesadas, como si de plomo se tratase.

Entonces, un estruendo lo sacudió: la puerta derribada vibró en sus bisagras y el sonido de pasos apresurados resonó por toda la bodega. Órdenes cortas y directas cortaron el aire.

—¡Agáchate! ¡Manos arriba!

El hombre a su costado se apresuró a tomarlo con brusquedad y comenzar a alejarse de los demás. Su miedo se disparó de inmediato. El dúo de hombres que había entrado se detuvo en el momento en que vieron la situación.

—Suéltalo ahora mismo —pidió con tranquilidad el de cabello más largo. Su voz calmada, sus ojos alertas a los movimientos de quien lo tenía sujeto. El hombre que venía con él se limitó a resguardar al ministro detrás de un pilar.

—Un paso más y este chico no vive.

El frío metálico en su cuello le hizo abrir los ojos de par en par. Tragó duro, con miedo. Las punzadas agudas en sus costillas ardían con cada respiración, pero lo único que pudo hacer en ese momento fue cerrar los ojos un instante. No quería morir allí.

—¿Lo tienes? —su ceño se frunció ante la pregunta del pelirrojo.

Un par de segundos después, el cristal de la ventana estalló de repente, dejando que el frío nocturno irrumpiera en la habitación. No supo que había sido, pero fuese lo que fuese provocó que su captor aflojara el agarre y se aprovechara de ello para apartar el filo que lo mantenía atemorizado. Una melena pelirroja se movió con rapidez hasta el hombre rapado: era uno de los rescatistas. Con movimientos rápidos y precisos lo neutralizó, torciendo su brazo hasta hacerle soltar el arma.

—Si tiene algo de inteligencia y quiere sobrevivir, no se moverá —exclamó el otro hombre de cabellos azules.



#532 en Detective
#5238 en Novela romántica

En el texto hay: thriller, accion, slowburn

Editado: 02.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.