Sus ojos se abrieron lentamente. Todo estaba sumido en una absoluta oscuridad.
No distinguía el suelo del techo, ni siquiera sus propias manos.
Un dolor familiar le atravesó el pecho y, al girar, sintió una presencia tras él.
Era su madre.
Pero algo le hacía sospechar que no estaba del todo bien. Su rostro reflejaba miedo, como si de pronto hubiera regresado al infierno que tanto temía. Siguió la mirada de su madre... y lo vio. Aquel hombre. El monstruo que había destruido sus vidas.
Comenzó a acercarse. Gritó, su voz cargada de temor. Su madre intentó protegerlo, pero el hombre la alcanzó primero.
De un parpadeo, el escenario cambió.
Ahora estaban en su antigua habitación. Él tenía apenas diez años. Todo se estaba repitiendo con exactitud, tal como recordaba.
—¡Detente! ¡Para de una vez! —sus gritos se quebraban contra las paredes del recuerdo.
Corrió hacia el hombre, aferrándose a su pierna. Al momento, fue lanzado con violencia contra una esquina. Su cabeza golpeó la pared y un latido de dolor lo sacudió desde dentro.
No de nuevo. No, por favor.
—¡Jae! —la voz de su madre lo trajo de vuelta por un instante, mientras ella era golpeada con brutalidad.
Desde la esquina, Jaemin no podía hacer nada más que presenciar la escena. No tenía poder, solo miedo. Un gran y profundo miedo. Todo se repetía, una y otra vez.
—Y que esto te quede como una lección —la voz del hombre retumbó en toda la habitación —. Cada cosa que haces afecta más de lo que crees. Tú y tu madre son débiles por dejar que los sentimientos se involucren. ¿No lo entiendes? Ella arriesga la vida por ti.
Se arrodilló frente a él, tomándole el mentón con una presión que lo hizo temblar.
—Sé más inteligente que ella. No cometas sus mismos errores. Yo sé que puedes lograr más.
Cuando el hombre se marchó, corrió hacia su madre, inmóvil en el suelo. La abrazó con miedo y dolor. Quiso llamarla, suplicarle que abriera los ojos, pero el silencio lo devoró. Poco a poco el silencio se transformó en un sonido constante, agudo... metálico. El eco se expandió hasta opacar todo lo demás.
Despertó sobresaltado. El sudor le recorrió la frente, su respiración entrecortada le raspaba el pecho. El pitido rítmico del monitor marcaba su agitada respiración, recordándole que aún estaba ahí, aferrado a la realidad.
Parpadeó, sus ojos acoplándose a la intensa luz blanca. Enfocó lentamente a la figura a su costado: un hombre de pie junto a la ventana, vestido de negro, impecable, con el distintivo de la SOU brillando en el hombro.
—Veo que ha recuperado la conciencia —dijo con tono neutro, manteniendo la distancia.
—¿Y tú quién demonios eres? ¿Mi nuevo guardián? —carraspeó él, seco, pero más por dolor que por actitud.
—Agente Kang Dae-hyun, Unidad de Operaciones Especiales. —Se presentó sin rodeos—. Estuve involucrado en su rescate. Temporalmente seré el enlace de la corporación con las víctimas del incidente.
—Oh... que considerado —murmuró, dejando caer la cabeza en la almohada—. ¿Van a necesitar una reseña?
El agente no respondió de inmediato. Avanzó unos pasos más, manteniendo la distancia. Sus ojos se abrieron un poco más al notar que no parecía tener más que un par de años más que él.
—Por el momento solo necesito saber ¿qué tal se encuentra usted después de la situación? —Jaemin enarcó una ceja, confundido—. Y es claro que también necesitará dar una declaración de los hechos.
—¿Y si no quiero hablar?
—Está en todo su derecho de no hacerlo —respondió el peli azul con calma—. Pero cuanto más pronto acceda a colaborar con nosotros, nuestra unidad podrá tomar las medidas pertinentes para que esto no se repita.
Un breve silencio invadió el lugar.
—Agradezco su preocupación —habló un par de segundos después—, pero no creo encontrarme del todo dispuesto para hablar en estos momentos.
El chico pareció comprender puesto que asintió y guardó en su chaleco la pequeña libreta que había estado portando en mano.
No era que se negara a hablar, era que realmente no tenía mente para recordar lo que había pasado. Especialmente después del sueño que había tenido.
—Le agradecería mucho si me contactara en cuanto considere viable hablar —una mano extendida se posó frente a él.
Tomó la tarjeta de presentación que el agente le había dado y asintió.
—Me encargaré de que así sea...
De pronto, la puerta se abrió de golpe. Un hombre alto y trajeado entró, su ceño fruncido.
La esperanza surgió en su pecho... pero se desvaneció al instante en que reparó de quién se trataba.
—¿Quién autorizó esto? —inquirió el hombre, mirando al chico a su lado.
—SOU. Me encuentro en un proceso de investigación —respondió con serenidad.
—Fuera. Esto es un asunto familiar —espetó el hombre, acercándose y tomándolo por el brazo—. Levántate. Tenemos que hablar ahora. Tienes trabajo pendiente.
El cuerpo de Jaemin, débil por el reciente ataque, cedió a la fuerza del hombre y cayó de la camilla.
—¿Acaso eres idiota? No puedo creer que no tengas la suficiente fuerza para soportar esto.
Un gruñido escapó de su boca al momento en que sintió como el agarre se hacía cada vez más fuerte. Sus ojos se cerraron instintivamente, soportando el dolor y esperando el siguiente movimiento.
—Señor Moon —intervino el agente, frío—. Tendré que pedirle que abandone la habitación en este momento o me veré obligado a llamar a mis compañeros para que prohíban su ingreso.
Abrió sus ojos, sorprendido. ¿Este chico le acaba de hablar así a mi padre?
—¿Quién te crees que eres? ¿Acaso no sabes quién soy? Soy...
—Se perfectamente quién es, señor Moon. Y si usted piensa que su autoridad es mayor a la mía, está totalmente equivocado —la filosa mirada que el chico le dirigió a su padre provocó que, incluso él, sintiera miedo—. Esto es agresión física y está interfiriendo con mis actividades como agente. No lo repetiré nuevamente. Suelte al chico y abandone la habitación.