El silencio reinaba en la sala ejecutiva de la organización. Cada uno de los presentes tenía su mente inmersa en planes específicos, pero todos compartían un mismo objetivo: resolver el caso de la Casa Azul.
Hacía media hora que Dae y su escuadra se habían reunido allí para dar un informe general a su jefe: Jung Dounghyun, comandante general de la SOU. Con su porte elegante y aquella expresión calmada, escuchó sin interrumpir mientras Woo se encargaba de exponer las generalidades.
—Y ese sería todo el informe de la misión —concluyó Woo, con la mirada fija en el jefe.
—¿Qué sucedió con los involucrados?
—Los dos hombres involucrados en el secuestro, y el que logró detener Taeyang recurrieron a una intoxicación forzada; pastillas en las muelas que les provocaron muerte instantánea. Hae-rin nos lo confirmó hace unas horas —informó Ji-Hoon, ajustando sus lentes y extendiendo la carpeta que la forense les había entregado.
—En lo que respecta a los otros cinco chicos que Dae neutralizó en la parte trasera de la Casa Azul —añadió Taeyang —, no tardarán en hablar. Todos son menores de veinticinco; se les nota el miedo en los ojos. Solo necesitamos indagar en sus vidas o en su procedencia para tener con qué presionarlos.
—Pan comido para ustedes dos —aseguró Woo, mirando a Ji-Hoon y Taeyang.
Dae asintió. Era su señal para que se hicieran cargo de ellos. Los conocía perfectamente y sabía la gran dupla que eran trabajando juntos; para mañana tendrían la información necesaria.
—¿Ninguna característica en especial que nos permita identificarlos? —cuestionó Jung, hojeando el expediente forense.
—Según Hae-rin, no hay ninguna —respondió Ji-Hoon, encogiéndose de hombros.
Dae no era de los que se conformaba con tener información incompleta, pero prefería no insistir a Hae-rin, pues eso significaba que lo maldijera en cada intento.
—¿Tenemos declaraciones?
—Solo la de Moon Jaemin. El ministro Jitaek se negó a hablar, pues lo que estábamos haciendo era una presión social y con su estado mental después del secuestro no podía darnos nada —a su lado Woo asintió.
—En resumen: no contamos con el apoyo de ese vejestorio —añadió Woo soltando una risita que Ji-Hoon le siguió.
Con el ceño fruncido, les dio una patada bajo la mesa a cada una para que se comportaran.
—Moon Jaemin, no nos proporcionó tanta información como esperábamos. Tan solo mencionó los motivos por los que estaban en la Casa Azul y cómo terminó en el hospital —soltó un suspiro—. Estamos a ciegas en esta investigación.
Masajeó el puente de su nariz y cerró los ojos con fuerza. Era la primera vez que no tenían nada de información. Ni una pista. Woo había tratado de seguir el rastro de los que se infiltraron en la seguridad de la Casa Azul, pero todo estaba limpio. Demasiado limpio. Nada fuera de lugar.
De pronto abrió los ojos y se incorporó de golpe, apoyando las manos sobre la mesa. Sus compañeros lo miraron con cierta extrañeza, pero él ya lo tenía claro.
—Y ahí está —comentó Dounghyun con calma, como si hubiera seguido su razonamiento.
Dae sonrió de lado y asintió.
—No hay nada fuera de lugar. Si Woo no encontró nada en las cámaras de seguridad y esos hombres parecían formar parte real de la seguridad, entonces esto no fue improvisado. Les llevó tiempo. Demasiado.
—¿Quieres decir que fue planeado con antelación? —preguntó Ji-Hoon, intrigado.
—Exacto —se giró hacia Woo —. ¿Tienes acceso al catálogo de trabajadores de la Casa Azul?
—No... Aún —le sonrió y enseguida se dispuso a teclear en la pantalla de la tableta.
—Si esto fue planeado con anticipación los infiltrados debieron haber ingresado a la Casa Azul desde hace mucho tiempo para no levantar sospechas —comentó Ji-Hoon.
—Eso significa que tendremos que revisar a fondo los antecedentes —añadió Taeyang —. Aunque, por lo que veo, será más sencillo de lo que pensamos.
Todos se giraron a ver a Woo. Inmerso en su tableta, tecleando y con los ojos atentos a todo lo que la pantalla le arrojaba.
—Hoy mismo lo tienes —aseguró sin más.
—Ji-Hoon, Taeyang, encárguense de los interrogatorios —ordenó Dae. Ambos asintieron—. Cuando Woo obtenga la información, trabajaremos en conjunto. Mientras tanto, me encargaré de Moon.
—¿Moon? —cuestionó Taeyang.
—Hay algo en él que no me termina de agradar. Mejor dicho, en su padre —se giró hacia su jefe —. Es una simple corazonada que tengo.
—Si no interfiere con tus misiones actuales y este caso sin cerrar, adelante —la confirmación de Dounghyun era lo único que necesitaba —. Entonces, prosigamos como Kang lo ha indicado.
La reunión se disolvió poco después. Dae recogió los expedientes y regresó a su oficina. Acordaría una reunión con Jaemin lo antes posible. Con lo que había dicho la última vez, estaba totalmente seguro de que tenía más por declarar.
Había algo en ese chico que lo incitaba a querer saber más. Despertaba su curiosidad. Desde aquella escena en el hospital hasta su cambiante actitud en el interrogatorio, Jaemin parecía estarse escondiendo de alguien. Y Dae sospechaba muy bien de quién.
Dejó los papeles sobre el escritorio y se sentó. Una parte de él deseaba presentarse de inmediato en la oficina de Jaemin, pero la prudencia le decía que esperara. Esperar nunca había sido su fuerte.
Tomó su celular para marcar, pero la puerta se abrió de improviso.
—Buenas noches —dijo una voz que no esperaba. Jaemin asomó con cierto recelo—. Me dijeron que podía pasar directamente, ¿interrumpo algo?
—Para nada —respondió Dae, levantándose para estrecharle la mano—. Tome asiento.
El joven CEO dudó un instante antes de comenzar a hablar. Sus ojos parecían estar buscando una señal invisible en la oficina.
—Sé que es algo inesperado que me encuentre aquí a estas horas, pero era mi mejor opción.