Dusk 'till Dawn

Capítulo 7. La firma del silencio

Lo primero que vio fue a Jaemin. El chico estaba de rodillas, pálido, la nariz sangrante y las manos atadas al frente. Sus ojos lo buscaron de inmediato, suplicantes, derrotados, cargados de algo más que miedo. Dae sintió un nudo formarse en la garganta. Aquello fue tan... real que le transmitió el mismo miedo que había sentido en otros tiempos, sin embargo, lo disimuló bajo esa expresión impenetrable de siempre.

Frente a él, estaba un hombre mayor y una chica que parecía su reflejo. Ambos permanecían de pie, con una mirada de confusión y miedo hacia ellos.

—Un paso más y Jaemin sufre las consecuencias —advirtió una voz áspera, cargada de nervios.

El hombre junto a Jaemin le enrolló el brazo en el cuello y presionó el cañón del arma contra su sien.

—O lo sueltan, o los que acabaran muertos son otros —dijo Dae con determinación.

Un disparo suyo fue suficiente para derribar al guardaespaldas que custodiaba a los aparentes padre e hija. El grito de dolor cortó el aire. La chica se aterró de inmediato; el hombre, en cambio, se mantuvo sereno.

De pronto, el chasquido de un seguro liberándose lo alertó, Dae y Jaemin cruzaron miradas: los ojos del chico, cristalinos, brillaban de miedo. No estaban bromeando.

—Esperen —habló Jaemin, forzando la voz bajo el agarre que le oprimía le cuello —. Deténgase, agente Kang.

Frunció el ceño, confundido.

—Te dije que voy a firmar —gruñó con cierta molestia el CEO hacía el hombre mayor.

—Que bajen las armas. Solo así seguiremos con esto —exigió la chica con la voz temblorosa.

Dae dio un paso hacia adelante. Un error. El agarre en Jaemin incrementó y este comenzó a negar con desesperación.

—¡Agente Kang, baje las armas! —gritó Jaemin, alterado.

—Dae... —murmuró Woo.

—Hazle caso —ordenó.

La mirada de Jaemin no le gustaba para nada. Más allá de reflejar el miedo que la situación presentaba, podía distinguir la decepción en su gesto.

Aquí hay algo más.

El hombre soltó al CEO y este miró con recelo al hombre mayor.

—Dame los malditos papeles ahora, Ji-hyuk.

El aludido sonrió, y la chica extendió la mano. Un fajo de documentos le fue entregado a Jaemin. Este los leyó con precisión, como si temiera que se le escaparan los detalles. Sus dedos temblaban, como si la tinta fuese un veneno sin cura. El sudor perlaba su frente, y la pluma resbaló entre sus dedos antes afirmarla con torpeza. Tomó aire con dificultad y vaciló antes de posar la pluma.

Dae, sin hacer un movimiento, lo observó con una tensión que le ardía bajo la piel. La impotencia de ver al chico doblarse así y no poder intervenir le carcomía.

Unos segundos después, la pluma comenzó a trazar. Cuando terminó, el bolígrafo cayó sobre el suelo, como si aquella firma le hubiera quemado.

El silencio que siguió fue sofocante. La chica recogió la hoja con una sonrisa casi imperceptible, satisfecha.

—¿Ves que no era tan difícil?

—No crean que con esta firma tienen asegurado todo —respondió Jaemin—. Me encargaré de que no les sea tan fácil como creen.

—Eso ya lo veremos Jaemin —añadió el mayor.

El chico de cabellos platinos caminó hacia ellos. Se tambaleaba, apenas sosteniéndose. Dae le hizo una señal a Woo para que cubriera la retaguardia y enseguida auxilió a Jaemin, pasándole un brazo sobre los hombros.

—Y recuerda las condiciones —soltó Ji-hyuk cuando estaban por cruzar la puerta—. Si no eres tú, lo será tu hermano.

Dae vio cómo el rostro de Moon se contrajo de furia. Habían tocado fibras demasiado sensibles.

Los pasos en el pasillo sonaban apagados, como si cada eco repitiera lo que acababa de ocurrir.

Ya en el exterior, la noche parecía haberse hecho más oscura.

—Ve por el auto Woo —le lanzó las llaves de la motocicleta.

Jaemin intento apartarse de él en cuanto salieron, pero Dae se negó. El estado del chico no era el mejor como para dejarlo a su suerte.

—Perdone por las molestias agente Kang —pronunció Jaemin, con la respiración cortada.

—Es mi deber hacerlo —el chico soltó lo que pareció más un quejido que una risa.

—Tiene razón. Es su deber —cortante, seco.

Un par de minutos después, Woo llegó en el auto y, sin complicaciones, subieron. El camino fue silencioso, hasta que Jaemin se dio cuenta del camino que estaban tomando.

—Yo no vivo con mi padre, agentes —la confusión en sus rostros fue clara. Woo y él se miraron—. Vayan a Myeongdong.

Dae asintió y Woo retomó el camino correcto.

Al llegar al edificio que Jaemin les indicó, bajaron del auto y, sin hacer caso a las oposiciones del chico, lo escoltaron hasta su departamento.

—Muchas gracias por escoltarme hasta aquí —pronunció una vez que abrió la puerta—. Y lamento haber sido una molestia durante esta hora.

—No tiene por qué disculparse, es nuestro trabajo —respondió Woo.

—Agradecería que tuvieran discreción con lo ocurrido.

Esta vez sí que los miró. Sus ojos reflejaban suplica. No era un favor lo que pedía: rogaba.

Pero Dae no era de los que se quedaba de brazos cruzados y mucho menos después de haber presenciado aquella escena.

—Quedará entre nosotros, siempre y cuando nos cuente todo —Woo lo miró confundido—. Si usted quiere nuestra seguridad, tendrá que aprender a confiar. Eso implica que estemos al tanto de todo lo referente a usted.

—¿No cree que eso es jugar sucio, Agente Kang? —cuestionó con una sonrisa ligera.

—Jugar sucio es lo que hicieron hoy con usted, señor Moon.

—Dae... —murmuró Woo, indicándole que no fuera tan franco.

La mirada que Jaemin le lanzó fue desafiante, no con el propósito de que se detuviera, sino por el atrevimiento de sus palabras.

—Es cruel decirlo, pero creo que tiene que aceptarlo.

—Lo acepto —concedió Jaemin, bajando la voz—. Pero es difícil.

Dae soltó un suspiro.

—Mañana nos dará los detalles si es que quiere recurrir a nuestra seguridad —la mirada de Jaemin se llenó de esperanza—. Mientras tanto descanse.



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En el texto hay: thriller, accion, slowburn

Editado: 23.04.2026

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