Dusk 'till Dawn

Capítulo 9. El eco de los fantasmas

—¿No te parecen extrañas sus condiciones? —preguntó Woo mientras ambos ingresaban al elevador del edificio.

—En un principio creí que si —respondió Dae, colocándose nuevamente la gorra y los lentes. Woo lo imitó sin apartar la mirada de él—. Pero hubo un momento en que sentí que su voz cambiaba, ¿no lo notaste?

—No demasiado, pensé que era algo normal.

—Su tono cambió, y con ello su mirada. Fue un ligero cambio, pero lo noté —las puertas se abrieron y ambos salieron. El estacionamiento por fin estaba despejado y eso les permitió salir sin problemas—. Es solo una suposición, pero creo que hay algo más detrás de toda esta solicitud.

—¿Piensas que oculta algo?

—Más allá de solo ocultar... creo que está protegiendo algo —se detuvo antes de entrar al auto. De nuevo tuvo la sensación de constante vigilancia —, o a alguien.

Se encogió de hombros y entró en el auto. Después le prestaría mayor atención a esa sensación; por ahora lo único que tenía en la mente era esa última mirada llena de angustia de Jaemin. Lo que le había dicho a Woo no eran solo suposiciones. Estaba casi seguro de que Jaemin protegía a alguien, aunque aún no sabía a quién.

Aquella mirada... ese cambio ligero pero notable en su tono de voz... sin pensarlo le recordaron a la forma en que él mismo llegó a sentirse cuando aceptó ir a aquel lugar con tal de proteger a su hermano. Era por eso por lo que aceptó sin dudar la petición de Jaemin. Porque esa mirada le trajo un recuerdo del pasado, y si Jaemin estaba pasando por algo similar, no lo iba a dejar solo.

Frunció el ceño y sacudió con fuerza la cabeza en un intento de apartar ese pensamiento.

¿Qué carajos fue eso, Kang? Esos pensamientos habían sido tan casuales que le causaron un escalofrío, pero a pesar de ello, no podía evitar tenerlos. Desde el primer encuentro que tuvo con el CEO y su padre, la imagen lo perseguía. La posición de Moon Jaemin dentro de la investigación comenzaba a tornarse tan incierta como el rumbo de su propia línea.

—¿Lograste revisar la información que te envíe en la madrugada? —la voz de Woo lo devolvió a la realidad. Asintió y sacó su tableta de la mochila.

—Lee Jiyu, heredera de la fortuna de su padre, Lee Ji-hyuk. Un apellido con una historia que da mucho de qué hablar, pero no hay suficiente información sobre ellos en el informe.

—Eso fue todo lo que pude conseguir, incluso indagando en los sistemas más profundos.

—Saben borrar bien su huella digital —admitió, molesto—. Pero creo que alguien más podría darnos información, ¿no crees, Woo? —alzó una ceja, con una media sonrisa en el rostro.

Woo, quien conducía, desvió ligeramente su mirada hacia él y enseguida exclamó:

—¡Ni lo pienses! —su tono tuvo cierto nivel de enojo, pero se tornó infantil—. No voy a ir a esa casa para obtener información de los Lee. Estoy seguro de que habrá más lugares de donde obtener información y...

—¿Y sabes de alguna? —replicó Dae, interrumpiéndolo antes de que terminara—. Admitiste tu derrota al enviarme solo este informe Woo.

Observó como las manos de Woo se cerraron con fuerza contra el volante. Una mueca apareció en su rostro, su berrinche estaba punto de comenzar.

—No me puedes hacer esto, Dae —dijo con pesadez y un tono chillón. Detuvo el auto frente a las oficinas de la SOU y lo encaró—. Por favor, debe haber alguna otra fuente de información, un rastro más, no necesariamente ellos.

¿Y la hay? —le cuestionó con firmeza.

Los ojos verdes de Woo lo miraron llenos de súplica. El puchero lo hacía ver totalmente ridículo, pero le divertía a la vez.

—Dime Woo, ¿la hay? —volvió a preguntarle.

Su tono era sereno, inquisitivo. Ver a Woo en esa situación siempre lograba divertirlo. Finalmente, su amigo suspiró admitiendo la derrota.

—Odio que me hagas esto, Dae.

Sonrió victorioso, se colgó la mochila en el hombro y salió del auto. Woo lo alcanzó en un par de segundos.

—Lo hago por tu propio bien, Woo —admitió, con la mirada fija en el suelo mientras caminaban.

—Si, claro, habla por ti.

Rodó los ojos ante la respuesta de su amigo, pero no le respondió.

Quizás solo tenían una diferencia de dos años, pero él había vivido muchas más cosas. Entendía que, en el fondo, el supuesto odio que Woo tenía a esas personas no era más que una coraza que generaba para protegerse a sí mismo de lo que pudieran llegar a pensar de él otra vez.

Lo miró de reojo y sonrió. Era tan parecido a Taesoo... demasiado, a decir verdad.

Ahora comprendo por qué lo elegiste a él, pensó.

Entraron a la sala de reuniones, donde Ji-Hoon y Taeyang ya los esperaban. Tomaron asiento frente a ellos y Dae comenzó la reunión cuanto antes.

—¿Información útil? —preguntó, notando de inmediato los nudillos ensangrentados de Taeyang.

Este intentó esconder las manos, pero Ji-Hoon habló antes.

—Yo le dije que se contuviera, pero no me escuchó.

—¿En serio? —dirigió su mirada a los puños del rubio y este comenzó a reír nervioso.

Suspiró. Ji-Hoon y Taeyang eran un dúo eficiente en todas las misiones, pero demasiado impulsivos cuando no debían serlo. En especial cuando Taeyang lograba que el rubio se uniera a sus imprudencias.

—Los cinco se encuentran bajo las órdenes de lo que podría ser un grupo criminal. No nos dieron nombre, pero lo admitieron sin problemas —explicó Taeyang—. Son aprendices.

—¿Aprendices?

—Así lo dijeron ellos —siguió Ji-Hoon—. El grupo parece tener una estructura: se dividen en equipos liderados por miembros destacados. Los jefes de estos cinco chicos.

—Y todos estos chicos de nivel bajo son reclutados de las calles —Dae cerró el puño con fuerza—. Adolescentes entre quince y veinte años con historiales de drogas, pobreza o solo el deseo de imponer miedo a los demás.

Suspiró, masajeándose en puente de la nariz. Esto tiene que ser una maldita broma.



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En el texto hay: thriller, accion, slowburn

Editado: 23.04.2026

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