El departamento se encontraba envuelto en un silencio suave, interrumpido solo por el murmullo del agua hirviendo. La luz se filtraba entre las cortinas de lino, bañando de luz dorada los muebles claros.
Jaemin se movió con serenidad, con esa calma que había estado esperando toda la semana. La camiseta blanca le caía con naturalidad sobre los pantalones de lino gris; un suéter descansaba sobre sus hombros. Sus cabellos plateados estaban un poco desordenados y los lentes ligeramente bajos sobre el puente de la nariz, mientras revisaba un expediente de adquisición en la tableta apoyada sobre la barra de la cocina.
Había decidido que no asistiría a la oficina ese día y atendería los asuntos desde su departamento, además, había acordado una sesión con el Agente Kang para revisar el tema de la investigación. A decir verdad, trabajar desde su departamento era un total alivio después de la semana tan caótica que había vivido.
Regresó a donde el agua estaba hirviendo y se sirvió una taza de café. El vapor ascendía en espirales perezosos, Jaemin tomó la taza entre las manos, dejando que el calor le envolviera la piel. Su mirada permaneció fija en el ventanal de la sala.
De pronto, el timbre sonó. Sabía quién era. Caminó con tranquilidad hacia la entrada y al abrir la puerta, se encontraron.
—Buenos días.
Jaemin le regresó el saludo y lo dejó pasar.
Regresó a la barra de la cocina y lo observó con atención. Esta vez su vestimenta era diferente; una camisa de cuello de tortuga negra se ceñía a su cuerpo y combinaba con el pantalón del mismo color; una chamarra de cuero café le daba un toque más informal. Los cabellos negros azulados le caían a los lados, desordenados, acentuando su aire relajado. Definitivamente había dejado atrás su personalidad de Agente de la SOU.
—¿Un café? —le preguntó en cuanto estuvo frente a él, del otro lado de la barra.
El agente asintió y él se dispuso a prepararlo.
—Lamento molestarlo en su día libre, pero es de suma importancia que le haga saber la actualización de la investigación —dijo Kang, con la voz ligeramente rasposa, como si acabara de levantarse.
—Nunca hay días libres para mi —comenzó mientras le entregaba la taza de café—. Solo días en los que la tranquilidad es posible porque trabajo desde casa.
—Comprendo, gracias.
La expresión del agente se relajó apenas dio el primer sorbo a su café. Intuyó entonces que era su primera actividad del día.
—Ayer mi equipo y yo tuvimos una reunión para ponernos al tanto de la información que tenemos respecto a la investigación —Jaemin asintió—. ¿Conoce a esta mujer?
Kang deslizó su tableta sobre la barra de mármol. Jaemin bajó la mirada hacia la pantalla, sus ojos se abrieron con sorpresa en cuanto se dio cuenta de quien era. Claro que conocía a esa mujer.
—¿Ye-Jun? —preguntó con incredulidad—. ¿Qué tiene que ver ella?
—¿Qué sabe sobre ella?
—Era parte del equipo de seguridad de mi padre. Renunció hace aproximadamente un año.
—¿Un año? —repitió Kang con sorpresa.
Jaemin asintió. El agente regresó la vista a la tableta, alternando su mirada entre esta y la computadora que había sacado. Parecía que algo no le cuadraba del todo.
—¿Que sucedió con ella?
—El informe de la Casa Azul nos indicó que el grupo de atacantes pertenecía al personal oficial de esta, con un historial de ingreso de seis meses. Su jefe directo; Choi Ye-Jun —parpadeó despacio, intentando asimilar lo que el chico le decía—. Pedí a mi compañero que buscara alguna relación existente con su apellido, y el resultado fue esta mujer.
Soltó un suspiró y echó la cabeza hacia atrás. No podía creerlo. Alguien tan cercano a él y a su padre los había traicionado de esa manera.
—Lo que me resulta totalmente extraño —continuó Kang—, es que usted me hace mención que renunció hace casi un año, pero el perfil que tenemos de ella, tanto en la Casa Azul como en línea, muestra otra fecha —le señaló un recuadro con las fechas en la pantalla—. Su egreso esta registrado en noviembre.
—Eso es imposible —respondió Jaemin con firmeza—. Recuerdo el día en que renunció. No le estoy mintiendo, agente.
La mirada que Kang le dirigió fue comprensiva. Le creía.
—¿Qué más sabe sobre ella?
—Después de renunciar, buscó empleo durante meses. Estaba desesperada porque necesitaba el dinero para su madre enferma. Mantuve contacto directo con ella durante ese período: le ofrecí otro trabajo bajo Moon, pero se negó rotundamente.
Se dio cuenta de la manera en que Kang arrugó la nariz en cuanto escuchó eso.
—¿Es posible tener acceso a la plantilla laboral de Moon? —le preguntó con seriedad—. Se que usted está diciendo la verdad Jaemin, pero necesito corroborar los datos de todas las fuentes que sean posibles. No puedo dejar que nada se nos escape.
—Puedo pedirle a mi secretaría que la envíe —dijo, enviando de inmediato un mensaje a Sun-Hi—. Ella tiene acceso directo a esa información y le será más fácil porque está en la oficina
Kang asintió, pero después de unos segundos volvió a hablar.
—Jaemin, ¿quiénes tienen acceso a la información más confidencial de Moon?
—Principalmente yo, el departamento de informática, mi secretaría y la junta directiva —respondió con calma, aunque intrigado—. ¿Por qué lo pregunta?
—Solo para tener dentro del radar a las personas que son más cercanas tanto a usted como a la información sensible. Debemos estar alertas.
Asintió, conforme con la respuesta
Durante los siguientes minutos, Kang le hizo preguntas relacionadas con el personal, los accesos y la posibilidad de cooperación de Moon con la SOU. Aunque parecía poder mantener la compostura en ese momento, Jaemin no podía ignorar la ligera sensación de ansiedad que le provocaba la sola idea de que su padre se llegara a enterar de todo aquello.
Entonces, Kang habló de nuevo:
—Jaemin, ¿usted está protegiendo a alguien?