Dusk 'till Dawn

Capítulo 12. Sombras en el umbral

Detuvo la motocicleta a una calle del destino. El aire frío de la noche le golpeó el rostro en cuanto se quitó el casco negro. Enseguida, tocó el auricular de su oído derecho.

—Asumo que Taeyang está contigo, ¿cierto, Ji-Hoon?

Dormido como muerto, pero sí —respondió el rubio por la línea. Un quejido se escuchó después.

Dae caminó hasta la camioneta y abrió la puerta del copiloto. Arrojó el casco hacia el chico de cabello negro. Taeyang lo atrapó sin siquiera abrir los ojos, como si su cuerpo supiera cómo actuar incluso durmiendo.

—Una hora de sueño, es lo único que te pido —Dae enarcó una ceja—. No he dormido los últimos días.

—Dormirás después, ahora tenemos trabajo por hacer —respondió. El pelinegro hizo una mueca—. ¿Dónde está Woo?

Taeyang se encogió de hombros, pero Ji-Hoon señaló hacia el extremo de la calle. El pelirrojo apareció entre las sombras.

—Perímetro despejado —informó, sin saludarlos. Los tres se acercaron a él—. La ausencia de movimiento dentro de la casa es preocupante.

Comenzaron a caminar hacia la residencia. Al estar al frente, se detuvieron. Woo comenzó a colocarse los guantes tácticos y se aferró a la tableta.

—¿Woo los puso al tanto? —cuestionó Dae.

Taeyang, quien se encontraba junto a Woo, asintió.

—Alguien está usando la identidad de Choi Ye-Jun para incriminarla. Su nombre sigue en movimiento, pero extrañamente no hay señales físicas de ella —los ojos negros se clavaron en los suyos—. Quieres confirmar lo que eso significa, pero en el fondo sabes la respuesta.

—No, aún no la sé —se ajustó el arnés y miró en dirección del portón—. Y vamos a confirmarlo.

—No quieres aceptarla, mejor dicho —Dae tragó saliva. Taeyang siempre tenía esa habilidad de poner en palabras lo que él evitaba pensar—. Recuerda de dónde vengo, Dae. Sé perfectamente lo que hay detrás de todo esto. Lo que vas a encontrar en esa casa no será un cuerpo con vida.

Soltó un suspiró y negó despacio.

—El hecho de que yo me equivoque es tan improbable como que tú lo hagas —enarcó una ceja hacia él.

Dae decidió que la conversación finalizaría ahí cuando sacó su arma y apuntó al candado. Un disparo silencioso y el ruido de la cadena cayendo fueron lo único que necesitaron para entrar.

—Hagamos esto como siempre; rápido y silencioso —los tres chicos asintieron.

Una vez dentro de la casa, el ambiente se sintió bastante vacío, muerto. El aire no había sido movido en días, se podía respirar el encierro.

Se dividieron los lugares a revisar; Dae fue directo a la oficina. Sus pasos resonaban en toda la estancia.

Nada más entrar, lo primero que sus ojos enfocaron fue la laptop sobre el escritorio, sabía que eso podría darles una ventaja para obtener información. Se acercó y la abrió, pero su ligera emoción se interrumpió con la pantalla solicitando una contraseña.

—Woo, te conseguí un nuevo juguete —dijo mientras tomaba la laptop y seguía revisando la oficina.

Perfecto, lo trabajaré en la SOU —respondió el pelirrojo con un tono de emoción.

Se detuvo en el centro de la habitación y soltó un suspiro. Ahí no había nada más que viejos libros e información inútil. Dirigió su mirada hacia el ventanal que daba al patio trasero; Ji-Hoon le hacía señales, después, su voz se escuchó por el auricular.

Tienes que ver esto, Dae.

La pregunta se le atoró en la garganta en cuanto salió al patio y el hedor lo golpeó. Era un olor dulce, denso, como fruta en descomposición que se mezclaba con tierra húmeda.

—¿Qué...? —su voz se detuvo ante lo que sus ojos vieron: la piel pálida emergía desde la tierra, la boca entreabierta y, pronto, el zumbido de los insectos escapando de ella les llegó a los oídos.

Vamos Dae, dame el gusto de escucharte decirlo —la voz de Taeyang al cabo de unos segundos.

—Nunca —respondió, su voz helada.

Presionó otro de los botones del auricular, listo para hacer el llamado. Pero, cuando se giró para buscar al rubio, su expresión le llamó la atención. Se acercó a él, a la jardinera en el muro izquierdo.

—Debes estar bromeando... —Ji-Hoon lo miró con intriga; sabía lo que estaba intuyendo.

Ambos caminaron hacia la tercera jardinera que les quedaba por revisar. Dae se colocó en cuclillas y comenzó a excavar con las manos. Bastaron un par de segundos para que sus dedos tocaran algo extraño, algo que no era tierra, que no tenía vida.

—Agente Kang, solicito una unidad forense —se detuvo por un momento. Un tirón en su interior lo sorprendió, un recuerdo borroso le heló el cuerpo; sangre, extremidades, un cuerpo que ya no era cuerpo.

¿Ubicación? —escuchó la voz de Hae-Rin por el auricular, pero el zumbido agudo en sus oídos le impidió comprender del todo.

Sintió una picazón en el hombro derecho e instintivamente se llevó la mano ahí, apretando con fuerza.

No es lo mismo, concéntrate.

Inspiró hondo, obligándose a existir en el presente.

Kang, ¿me escuchas? —la voz de la chica lo trajo de vuelta.

—Rastrea la ubicación de Woo, que sea rápido. No queremos que se haga un escándalo —dijo, incorporándose. Se giró hacia Ji-Hoon y le indicó que llamara a los demás—. Tendrás mucho trabajo.

Viniendo de ti, no me sorprende —rodó los ojos—. ¿Tiempo?

—Lunes —escuchó el quejido por parte de la forense—. Es urgente, Hae-Rin. Es en relación con el caso de la Casa Azul. Se nos está complicando más de lo que crees.

No sé cómo estés llevando todo el caso, más ahora con tu tarea de niñera, pero aquí tenemos mucho trabajo Kang —vio a Taeyang saliendo de la casa y sonriéndole con satisfacción al saber que había tenido la razón—. Hay una situación complicada...

—Si quieres hablamos después —respondió, dándose cuenta de que tenía a todo el equipo enfrente y necesitaba ponerlos al tanto—. Retrásate un día, pero no más.



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En el texto hay: thriller, accion, slowburn

Editado: 23.04.2026

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