Dae respiró profundo, obligándose a regresar al presente. A encajar cada parte de sí de vuelta en su sitio, incluso si algunas aún parecían temblar desde dentro. Alzó el rostro un poco, controlando su expresión para que no se notara nada. No frente a Jaemin.
—Le dije que no saliera del departamento —murmuró al darse cuenta de que estaba afuera—. Me encargaré de reponer la cerradura por una mejor y menos manipulable...
—¿Qué le pasó en la mano? —preguntó Jaemin.
Dae siguió la mirada del chico hasta sus manos ensangrentadas. Negó despacio.
—No es nada grave —respondió con un tono neutro.
—Está sangrando. Demasiado.
Dae soltó un leve suspiro, una mezcla de cansancio y molestia acumulada por la pelea. Sabía que no debía comportarse de forma inmadura con Jaemin, pero la atención innecesaria lo comenzaba a incomodar más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Es superficial —dijo, aún sin mirarlo a los ojos.
—Algo superficial no deja gotas en el suelo —respondió Jaemin con una calma que lo frustró todavía más.
—¿Dejará que entre para poder atenderme o seguiremos aquí toda la noche hasta que me desangre? —cuestionó con ironía.
Jaemin enarcó una ceja y lo observó un par de segundos más. No respondió, tan solo se limitó a abrir más la puerta.
—Vaya a la sala, le llevaré el botiquín —informó antes de perderse por el pasillo lateral.
Dae asintió. No tenía los ánimos para discutir. Cruzó el umbral con pasos contenidos, manteniendo la mano herida cerca del pecho. Fue directo a la sala. El silencio que se instaló en el departamento lo envolvió por completo, brindándole ese respiro que su mente necesitaba.
Unos segundos después, Jaemin entró en la sala con el botiquín y tomó asiento en el sofá contiguo. Comenzó a sacar los materiales, pero en cuanto Dae se dio cuenta de sus intenciones, lo detuvo.
—Puedo hacerlo yo mismo —el chico intentó objetar, pero se limitó a asentir.
Extendió la mano, un tanto temblorosa, y roció la solución salina sin dudar. El líquido frío recorrió su piel, diluyendo la sangre fresca. Su rostro no mostró ninguna expresión, su respiración se mantuvo estable, tan solo estaba su leve parpadeo, controlado, casi imperceptible.
—¿Está seguro de que estará bien? La herida no es superficial —comentó finalmente. Su voz sonaba neutra, pero en el fondo se distinguía ese matiz de duda y preocupación contenida.
—No atravesó ningún hueso, no se necesita más que esto —respondió sin titubeos.
Sujetó la herida con tres dedos para revisar la dirección del impacto. Luego, presionó con una gasa limpia durante un par de segundos. Aplicó ungüento y comenzó a vendar con vueltas medidas, todas iguales, que no impidieran su movilidad.
—¿Es recurrente? —Dae lo miró con el ceño fruncido, sin comprender a que se refería—. El recibir heridas así.
—Teniendo un trabajo en la SOU, es demasiado normal —respondió, comenzando a atender esta vez la herida del hombro. Sin embargo, el ligero temblor de su mano le impidió hacerlo con la precisión que requería.
Soltó un suspiro, frustrado por la situación.
—¿Ayuda? —alzó la mirada. Los ojos mieles de Jaemin lo observaban con calma, sin presiones.
—Solo sujete el borde de la camisa hasta el hombro —aceptó, rendido.
El ligero roce de los dedos de Jaemin con su piel lo hizo contraerse de inmediato. Apretó los labios, simulando que se debía al dolor de la herida, sin embargo, en su mente las alertas se dispararon como cuchillas. Ignoró la incomodidad y limpió la zona antes de colocar una gasa encima.
—Gracias —dijo, esta vez con un tono más suave, pero con la misma seriedad de siempre.
Guardó todo con una precisión casi robótica y le entregó el botiquín.
—¿Qué sucedió con el intruso? —preguntó Jaemin cuando volvió.
—Logró escapar —comenzó Dae, con la mirada fija en el vendaje de su mano—. De no haber sido por la chica que apareció en el estacionamiento como apoyo, lo hubiera atrapado.
—¿Una chica?
—Es lo que deduzco. Tenía un casco, pero su voz no era tan grave y su figura era pequeña —hizo una pausa—. Jaemin, ¿quiénes conocen su dirección?
El rostro del CEO cambió. La preocupación leve que mostraba debido a su estado físico se desvaneció por completo. Ahora se le veía desubicado, confundido.
—Solamente mi secretaria, mi hermano pequeño y, ahora, usted y su equipo —Dae entrecerró los ojos, dudoso de la información.
—¿Y qué hay de los datos confidenciales de la empresa?
—No he cambiado mi dirección, sigue siendo la misma que la de mi padre.
—Lo sabía —chasqueó la lengua y entonces abrió el canal de comunicación con Woo.
—¿Qué es lo que sabía? —le cuestionó Jaemin, pero lo ignoró apenas escuchó la voz de Woo.
—Antes de que te veas con Hwan, pasa por el departamento de Moon —comenzó, Woo emitió un suspiro—. Necesito que modifiques una cerradura y también que traigas mi equipo para trabajar.
—¿Todo bien? —preguntó Woo. Dae rodó los ojos, era obvio que había percibido el ligero temblor en su voz.
—Hubo una pequeña confrontación, pero no es nada grave —mintió. Jaemin lo miró incrédulo—. Te veo mañana.
Y cortó.
Bajó lentamente la mano vendada, sintiendo el pulso insistente bajo la gasa. Jaemin lo observaba con detenimiento, sabía que estaba esperando una respuesta de su parte.
—No quería alertarlo con algo que aún no confirmo, pero desde la primera vez que estuve en el conglomerado, cuando lo interrogamos después del incidente en la Casa Azul, percibí que había alguien ahí. Era una presencia extraña.
Y ahí lo notó: la respiración de Jaemin se volvió más pausada, casi pesada. Sabía, a pesar de no conocer lo suficiente al CEO, que situaciones como aquella lo afectaban demasiado.
—Lo mismo pasó la noche que lo secuestraron —añadió Dae.
—Por eso se quedó a vigilar el lugar —afirmó Jaemin, con la mirada perdida en el azulejo blanco. Dae asintió—. ¿Y cree que sean los mismos chicos de hoy?