Martes por la mañana y la sala de reuniones de la SOU se encontraba inmersa de un silencio sepulcral, uno demasiado extraño considerando el equipo que se encontraba reunido allí. Sin embargo, los cuatro chicos presentes sabían con precisión la razón de esa tensión; Choi Ye-Jun.
Toda la escuadra de Dae estaba reunida en la sala gracias a la rápida respuesta de Hae-Rin con los resultados de la autopsia. La dirección que tomaría la investigación después de esos resultados determinaría el rumbo de todo el caso.
—Perdón por el retraso —exclamó la chica entrando a la habitación con una tableta en mano—. La escuadra dos tuvo un fuerte percance en una misión y me saturaron en urgencias.
—No te preocupes —respondió Dae, un tanto ajeno a lo que Hae-Rin había dicho.
La chica se acercó a la silla que estaba a su lado y tomó asiento. Comenzó a preparar todo con sumo cuidado y, cuando estuvo lista, transmitió las imágenes en la pantalla.
—Analizar el cuerpo fue complicado, sobre todo por el estado en el cual lo encontraron —comenzó. Su mirada estaba fija en las imágenes del reporte, todas correspondientes a las partes del cuerpo encontraron—. Los restos estaban en un estado de descomposición avanzada, se estima un intervalo de post mortem entre dos y cuatro meses.
Los ojos de Dae se abrieron a más no poder. Se giró a ver a sus compañeros y todos tenían la misma expresión. Era obvio que no se esperaban con un margen de tiempo tan amplio.
—¿Es nuestra Choi Ye-Jun? —preguntó Woo a su costado.
—Sí, la identificación de logró gracias al ADN y un proceso de odontología forense que implementamos —Hae-Rin se detuvo un momento, ajustó sus gafas redondas y soltó un suspiro—. De haber tardado un poco más en descubrir el cuerpo, los restos hubieran sido irreconocibles.
—¿Tienes alguna teoría del por qué se encontraba el cuerpo en ese estado? —preguntó, esta vez Taeyang.
—El por qué, no lo sé, pero lo más probable es que la muerte de la chica ocurriera antes de que el cuerpo fuera fragmentado —Dae apretó el puño con fuerza debajo de la mesa—. Las marcas que se encontraron en los huesos y cartílagos eran de herramientas, los cortes deliberados.
—Entonces, ¿el hecho de que la desmembraran de tal forma fue por diversión? —cuestionó Ji-Hoon mordiendo de repente la paleta que llevaba en la boca.
Dae enarcó una ceja ante la reacción del chico. No era habitual observar una descolocación por parte del rubio, pero en esa ocasión comprendió su comportamiento. Todos estaban impactados por la información.
—Es lo más probable. Normalmente esto lo hacen para dificultar el proceso de reconocimiento de un cuerpo, pero... —soltó un suspiro. Dae se giró a verla con el entrecejo arrugado, más cuando Hae-Rin pareció percatarse de su mirada volvió a tomar su expresión serena—. Presiento que esto va más allá, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de la investigación que tienen de ella.
—Es una posibilidad, de hecho, la única opción que tenemos hasta el momento —concluyó Woo.
—¿Qué información nueva nos dio Moon? —preguntó Taeyang hacia él—. Quiero suponer que debió ser relevante para justificar la visita domiciliaria
Dae asintió y proyectó la pantalla de su tableta. Comenzó a mostrarles las inconsistencias en las fechas.
—Jaemin confirmo que Ye-Jun formó parte del equipo de seguridad de su padre, pero la renuncia fue hace un año —Ji-Hoon se giró a verlo de inmediato. Dae asintió y le indicó que prestara atención a la pantalla—. Por lo tanto, tenemos una diferencia de cuatro meses con la información que hay en la Casa Azul.
—Y durante ese periodo, el chico tuvo comunicación con Ye-Jun hasta finales de octubre —agregó Woo—. Después, no volvió a saber nada más.
—Por lo tanto, Ye-Jun desapareció del mapa desde octubre, pero murió en abril —comentó Ji-Hoon—. Un período de seis meses en los cuales no sabemos que ocurrió con ella.
—Tengo una teoría —exclamó Hae-Rin, llamando la atención de todos—. No estoy del todo segura, pero es una posibilidad —se detuvo por un momento y se giró a ver a Woo, Dae siguió su mirada y Woo asintió—. Encontré metabolitos en el poco tejido muscular que había, así como en algunos cabellos. Todos son compatibles con midazolam. No pude indagar más debido al estado de los restos, pero el patrón que se encontró sugiere una administración repetida.
—¿Sugieres que la estuvieron drogando? —Dae observó como Ji-Hoon le dirigió una mirada irritada a Taeyang debido a su baja comprensión—. ¿Con qué propósito harían eso?
—El midazolam es un sedante hipnótico de uso médico para tener un control sobre los pacientes —comenzó el rubio—. No es una droga de uso recreativo ni que se consiga en la calle y, sobre todo, no se administra por accidente —ajustó sus lentes en el puente de la nariz y se dejó caer en el respaldo de la silla—. Cuando se usa fuera de un entorno clínico, el objetivo es claro: sumisión.
Dae percibió el momento en que su mirada se oscureció ligeramente. Los ojos cafés de Ji-Hoon se encontraron con los suyos y el chico solamente le sonrió ligeramente, como si le pidiera que no se preocupara por lo que estaba pasando
—Buscaban que Ye-Jun no resistiera —continuó—. Que obedeciera.
—Y ella no lo hizo —comentó el pelinegro. Dae asintió—. Por eso la mataron.
—Esa es mi teoría —añadió Hae-Rin—. Es una conclusión anticipada, pero la más coherente de acuerdo con todo lo dicho.
—Lo que nos falta averiguar es, ¿por qué y quién quería tenerla controlarla?
El comentario de Dae logró que la sala entera se mantuviera en silencio. Todos intentaban encontrar al verdadero culpable, pero sabían que por más que buscaran, en ese momento no tenían absolutamente nada, no tenían datos concretos, ni una manera de relacionarlo con Ye-Jun.
Control.
Sumisión.
Eran palabras que conocía a la perfección, pero sabía que no era el único en aquella sala que había experimentado eso.