—¿Despierto a esta hora, Woo?
—Es mejor ponerme a trabajar que dejar a mis emociones tomar el control —le respondió el pelirrojo del otro lado de la línea.
—Y que lo digas… —soltó un suspiro—. ¿Aún sigue intentando comunicarse contigo?
—¿Hwan? Es un rogón, pero tiene sus límites, Dae.
Soltó una ligera risa y negó con la cabeza. Se levantó de la cama y caminó hasta el escritorio de la habitación. A pesar de los pocos días que llevaba viviendo en ese departamento junto a Jaemin, había logrado acoplarse mejor de lo que le gustaría admitir.
—Entonces dime, señor sin emociones, ¿qué lograste encontrar sobre los Lee? —dijo, al tiempo que abrió su computadora para comenzar con la reunión improvisada.
—Siendo los Lee de quienes estamos hablando, no me hubiese sorprendido que tuviesen un historial manipulado, pero jamás pensé llegar a encontrar todo esto, Dae —frunció el ceño ante las palabras de Woo—. Los movimientos financieros que tiene cubiertos son de miles de millones de wones.
—Es normal que una empresa como la de los Lee tenga gastos e ingresos como esos Woo —observó con detenimiento los gráficos que Woo le estaba mostrando.
—Eso lo se Dae, ¿sabes lo que tengo que estar manejando todos los meses? —Dae rodó los ojos—. Pero, lo que no es normal es el pico repentino que tuvieron hace cinco años.
—¿Hay alguna adquisición de un pequeño grupo que hayan realizado? ¿Algún tipo de negocio alterno que hayan tenido? —preguntó al observar la anomalía en el gráfico de líneas.
El incremento de ingresos hacia una empresa del tamaño de Inmobiliarias Lee solía ser normal y justificable gracias a la cantidad de inversionistas que se encuentran bajo la misma. Pero, presentar un incremento de más de cien mil millones de wones era imposible.
—Unos meses antes de este repentino incremento, tuvieron una serie de gastos derivados de la adquisición de terrenos —comenzó Woo—. A partir de ese momento comenzaron a incrementar sus ingresos, pero el más obvio fue el de hace cinco años.
—Pero los Lee ni siquiera tienen sucursales alternas que…
—De hecho, si las tienen —lo interrumpió su amigo—. Son muy pocas y están distribuidas en puntos estratégicos del país.
—Esto no huele nada bien, Woo.
—Lo se.
Dae se dejó caer en el respaldo de la silla. Su mirada fija en la pantalla; un mapa de todo Corea del Sur se mostraba, así como su división por provincias y, extrañamente, los Lee tenían una sucursal pequeña en cada una de las provincias. Aunque debía admitir que era una estrategia bastante inteligente para cubrir todo el terreno del país, también era considerada una de las estrategias más atrevidas dentro del mundo de los negocios.
Realizar una expansión de distribución como lo hicieron los Lee nunca aseguraba un éxito del cien por ciento, y mucho menos si hablaban de ellos.
—Pero, aun así, esto no es suficiente justificación para el incremento que tuvieron en tan poco tiempo —apoyó los codos sobre el escritorio y entrelazó sus dedos—. Además, si tienen tanto dinero, fondos y presencia en el territorio, ¿por qué la insistencia a Jaemin de que Moon los adquiriera?
—¿De verdad eso es lo único que están viendo? —la expresión de Dae pasó de concentración a confusión al escuchar la voz de Ji-Hoon.
Desvió su mirada al panel donde se mostraban los integrantes y entonces entendió.
—¿Qué haces despierto? —preguntó Dae con un tono de preocupación—. ¿Estás bien?
—Tranquilízate Dae, lo peor pasará mañana —tragó saliva lentamente, sintiendo como las palabras del rubio le calaban, pues había sido él quien le dio esa tarea—. Supongo que lo mismo que ustedes, manteniendo la mente ocupada antes de que otra cosa me domine.
—Bienvenido al club JJ —dijo Woo.
—Entonces, ¿qué es lo que estás viendo tú?
—Para empezar, dejemos de lado la mala reputación de los Lee, sabemos, gracias a Jaemin, que ellos tienen sus formas para lograr que las familias de mayor reputación los acepten —Dae asintió, concentrado en lo que Ji-Hoon decía—. La estrategia que utilizaron fue demasiado inteligente para ser ellos, pero lo que más destaca es que tiene un patrón muy particular.
Ji-Hoon comenzó a resaltar las provincias, una por una para después unirlas con una línea.
—¿Por qué necesitarían, los Lee, una expansión de tal magnitud cuando su foco no da para eso? —preguntó de pronto. Dae y Woo se quedaron callados—. Ni siquiera Moon, siendo el conglomerado con mayor prestigio y presencia dentro del país, tiene ese tipo de expansión.
—Cuando una empresa es reconocida, basta con tener presencia en puntos verdaderamente estratégicos como las ciudades principales del país —completo Dae.
—Exacto —el rubio le dio la razón y continuo—. No tiene sentido que realicen una expansión de tales dimensiones y no justifica la adquisición de Moon.
—¿Cómo obtuviste todo esto? —preguntó Woo de pronto.
—Dejaste la reunión abierta para todo el equipo, y me quedé con una copia de la información que Hwan te dio, gracias al servidor central de la organización —respondió Ji-Hoon con tranquilidad.
—A veces tengo celos por lo bueno que eres observando, niño.
—Me enseñaste demasiado bien Woo —soltó Ji-Hoon. Dae rio por lo bajo y Woo rechistó—. Además, estás dejando escapar un dato muy importante que Hwan y Jaemin nos han dado.
La pantalla proyecto una tabla comparativa entre los datos de Hwan y Jaemin. Las sumas de dinero de los Lee no coincidían con el incremento.
—Estos son reportes anuales de la situación financiera de los Lee, uno nos lo proporcionó Moon Industries y otro Grupo Min —comenzó el chico—. Los reportes deben de ser presentados no solo a las empresas con las cuales se tiene un contrato o adquisición de filiales, sino también presentarse ante el gobierno. En ninguno de estos reportes se puede ver el impacto generado por ese incremento de ingresos hace cinco años.