—¿Aquí? —preguntó Ji-Hoon, recorriendo el lugar con la mirada.
El sitio al que Taeyang los llevó no tenía nada de especial. No era un edificio abandonado o una bodega olvidad por el tiempo. Era, de hecho, un lugar demasiado normal para lo que estaban por hacer. Se trataba de un bar discreto en una calle secundaria, iluminado por luces tenues que eran visibles desde el exterior y un letrero demasiado viejo que llamaba más la atención de lo que debería. Un simple sitio de paso donde nadie realizaría demasiadas preguntas si se pagaba lo necesario y no se causaban grandes problemas.
Ji-Hoon bajó del vehículo con el cuerpo totalmente en alerta. No llevaba armas visibles, tan solo una pistola de corto alcance bajo la chamarra y su costumbre adquirida de observar primero y medir siempre el espacio antes de realizar algún movimiento. La leve humedad de finales de julio podía sentirse en el ambiente, mezclándose con el olor lejano de aromatizante frutal que despedía el lugar. Taeyang bajó enseguida, cerrando la puerta del conductor y asintiendo con la cabeza.
—Aquí nadie destaca —respondió con simplicidad—. Y eso es justo lo que necesitamos.
Ji-Hoon lo miró con intriga, pero al final lo siguió. Entraron sin llamar la atención. El interior del lugar se encontraba en una ligera penumbra, iluminado apenas por las lámparas cálidas y los neones cansados. El lugar no estaba tan lleno como se lo había esperado, y las conversaciones entre las personas eran bajas, casi contenidas. Un ambiente que aparentaba estar lo suficientemente vivo para lograr pasar desapercibidos, pero lo bastante apagado para que los recuerdos no fueran claros.
Ji-Hoon estudió el lugar con la mirada; identificó de inmediato cada salida, el baño al fondo, la barra como un punto que podían usar de observación e, inclusive, el rincón más oscuro del sitio.
—Tranquilízate un poco —le dijo Taeyang.
Sintió como la mano del moreno se colocó en su espalda baja, se giró a verlo ante su acción.
—¿Qué? —preguntó. Ji-Hoon negó y regresó su vista al frente.
—¿De quién se trata?
—Es un contacto —respondió Taeyang—. No es de la SOU.
Eso último hizo que Ji-Hoon frunciera el ceño.
—¿Y realmente confías en él?
El pelinegro no le contestó, tan solo siguieron avanzando hasta llegar a una mesa que estaba justo en la esquina del lugar, con un pasillo al costado y la barra de bebidas a un metro.
Al llegar a la mesa, el hombre que los esperaba levantó la vista de inmediato. Tenía la gorra ligeramente baja, lo suficiente para que solo sus ojos se vieran, la creciente barba se le notaba descuidada y su tez era un tanto demacrada. El aspecto clave de cualquier maleante que anduviera por la calle, y esa idea fue la que lo hizo dar un paso atrás por instinto.
—Tranquilo —le dijo Taeyang dando un apretón en la espalda baja—. ¡Cuánto tiempo Lim! —el saludo tan alegre de su amigo, lo desconcertó por completo.
El hombre lo miró y de inmediato sonrió. Su semblate se transformó por completo y el hombre tan misterioso y de mala pinta que había percibido en un inicio desapareció.
—Si que sabes cómo desaparecerte Kim —le respondió Lim.
Ambos hombres chocaron sus palmas y se atrajeron entre sí hasta golpear sus hombros.
—Él es Ji-Hoon, mi compañero de trabajo —la mención de su nombre captó su atención.
Pasó su mirada de Tae al hombre llamado Lim y le sonrió ligeramente.
—Jo Ji-Hoon, un gusto —respondió con más tranquilidad de la que hubiera imaginado.
Tomaron asiento después de los saludos y la corta presentación. Tae se encargó de pedir un par de bebidas para ellos mientras ambos compañeros se ponían al día de sus vidas.
¿Por qué tengo un extraño presentimiento?
Se preguntó después de volver a ver todo el lugar desde donde se encontraba. Sentía algo extraño en ese lugar, como si los estuvieran observando.
Esto no es buena idea…
—Ji —la voz de Taeyang lo trajo de vuelta a la realidad.
—¿Sí?
Se giró a verlo de inmediato. Los ojos negros de Tae se clavaron en los suyos y enseguida pudo sentir un apretón del moreno sobre su pierna. Le negó despacio y sonrió al final.
—¿Qué es lo que quieren saber de Ghost?
Ji-Hoon se giró de inmediato a ver a Lim
—¿Cómo llegamos a él? —preguntó sin pensar.
Lim soltó una carcajada que hizo que él y Tae se vieran con confusión.
—Ni siquiera yo sé cómo llegar a él, chico —el rubio enarcó una ceja.
—Entonces mejor dinos, ¿qué es lo que tú sabes?
—No hay un rostro, al menos no uno que muchos hayan visto. Y los que llegaron a verlo, o son demasiado cercanos a él, o no vivieron para contarlo —Ji-Hoon tragó saliva y lo miró con firmeza—. Su método es trabajar a través de otros; gente preparada o desesperada, gente que ha sido manipulada lo suficiente para cumplir sus órdenes o que simplemente lo han puesto en un pedestal por lo que representa.
—¿Y qué es lo que representa? —preguntó el moreno
—Poder, dinero, manipulación y control —Ji-Hoon intentó hablar, pero Tae lo detuvo con otro apretón en la pierna—. Su red de trabajo se basa en eso; líderes de equipos enfocados en diferentes objetivos y de ahí se desglosan todos los subordinados. Subordinados como los que ustedes atraparon.
Ji-Hoon entrecerró los ojos, dudoso sobre cómo se había enterado de aquello.
¿Sera que Tae se lo contó?
Se giró a ver a su amigo, pero su mirada estaba fija en Lim.
—¿Y cómo encuentran los subordinados a los líderes? —cuestionó Tae—. Debe haber alguna forma en que se encuentren.
—No suelen contactarse de manera directa con los líderes, sino con sus manos derechas. No entiendo muy bien la forma en que están distribuidos, pero se ha encontrado un patrón que los posiciona en diferentes provincias.
¿Provincias? Eso es demasiado parecido a...