Regresó al departamento cuando el amanecer comenzaba a alzarse sobre la ciudad. No encendió las luces, no lo necesitaba. Se había familiarizado con cada sombra del lugar, con cada reflejo en los ventanales y el leve crujido del piso. Vivir en ese departamento ya había dejado de sentirse como una estadía temporal.
Se quitó los zapatos y dejó las llaves en el mueble de la entrada.
Es un alivio que esté bien, pensó.
Taeyang le había explicado todo lo que había pasado y, a pesar de que la situación de Ji-Hoon no era tan grave en esos momentos, lo más pesado se vería una vez que despertara y las secuelas comenzaran a hacerse presentes. Sin embargo, por muy cruel que pudiera sonar, eso no era lo que más le preocupaba.
Algo no cuadra.
Durante todo el trayecto de regreso al departamento había repasado cada uno de los detalles que Taeyang le dio, todo encajaba perfectamente; el encuentro no fue algo al azar, sabían con quién iban a hablar, dónde y quiénes de su escuadra asistirían.
Tengo que hablar con Tae sobre Lim.
No era que desconfiara de su compañero, sino de sus contactos para obtener información. El historial de Taeyang dentro del ejercito era algo que les funcionaba perfectamente cuanto tenían que hacer algunos trabajos de campo o investigar en las calles. Pero, sinceramente, ni el mismo sabía a qué nivel estaban sus contactos dentro de los mundos que investigaban en cada ocasión.
Avanzó hasta llegar a la sala y se dejó caer en el sofá. Colocó su brazo sobre sus ojos y echó la cabeza hacia atrás.
Los Lee, Choi Ye-Jun, el Midazolam, Moon, Ghost, ¿qué es todo esto?
—Las probabilidades de que todo esté enlazado son las mismas a que no lo sea —dijo a la nada—. Si no obtenemos más información, nos ganarán.
Se recostó por completo en el sillón, sus manos debajo de la cabeza y la mirada fija en el techo blanco.
Estoy seguro de que todo esto está conectado de alguna u otra manera, pero ¿cómo?
Podía encontrar la relación entre Ye-Jun y el Midazolam, pues el sedante fue utilizado como parte de la técnica que se usó para matar a la chica y, muy probablemente, este mismo estuviese relacionado con Ghost. Pero ahora, con la información que Taeyang logró darle acerca de la reunión que tuvieron con Lim, seguramente los Lee estaban relacionados con Ghost.
Cerró los ojos al tiempo que dejaba escapar un largo suspiro. Lo único que necesitaba en esos momentos era descansar un poco después de haber pasado toda la madrugada en el hospital por la situación de Ji-Hoon.
Solo quince minutos...
—Dae...
Abrió los ojos y se cubrió el oído al sentir el susurró demasiado cerca. Sus ojos vagaron por todo el lugar buscando algo que lo hiciera identificar dónde se encontraba, sin embargo, todo a su alrededor era una penumbra tan espesa que el corazón comenzó a latirle más rápido de lo normal.
—¡Dae! —el grito agudo lo hizo saltar de la impresión, se giró hacia atrás.
—¿Dae-un? —se giró de inmediato, intentando encontrar a la dueña de la voz.
—¡Dae!
El grito esta vez provino de un costado y, por fin, logró ver algo; una tenue luz que iluminaba una silueta pequeña sentada en el suelo. Dae tragó saliva y respiró profundo, sus manos se cerraron en puños fuertemente apretados.
—Dae... —la voz comenzó a sonar con menor fuerza.
—Dae-un —dijo y comenzó a caminar de inmediato hacia la figura.
Cada paso que daba lo acercaba más a ella, pero al mismo tiempo sentía que el camino era interminable, de pronto, cuando estuvo justo frente a la niña, volvió a hablar.
—Ayúdame, por favor... —la niña levantó el rostro y entonces Dae dio un paso hacia atrás.
Su rostro estaba lleno de moretones y tenía el ojo derecho hinchado.
No mires abajo, no mires abajo.
Pero ni siquiera hizo caso a su propia advertencia. Sus ojos se dirigieron de inmediato al abdomen de la niña; una mancha roja lo cubría por completo y las manos pequeñas que intentaban cubrirlo se habían empapado de sangre.
—Mírala —Dae se tensó de inmediato.
Una mano se deslizó desde atrás, por todo el cuello de la niña, mientras que la otra mano tomaba su brazo y lo mantenía en lo alto—. ¿Acaso no es una muñeca hermosa? Perfecta para mi colección.
Dae intentó dar un paso hacia adelante, pero sus piernas se sentían pesadas.
—¡No la toques! —gritó con desesperación.
Observó como la mano que estaba en el cuello comenzaba a ejercer mayor presión en este; la expresión de Dae-un le suplicaba por ayuda.
No, no de nuevo.
—¡Que la dejes! ¡Déjala! —intentó dar un paso, pero las piernas no le respondieron y cayó de rodillas—. ¡Dae-un!
—Eso —una silueta comenzó a asomarse desde atrás de la niña. Lo primero que resaltó fueron los ojos azules, brillantes... y crueles—. Me hubiera encantado ver tu expresión en ese momento.
—¡Déjala! —gritó desde el suelo—. No te atrevas a tocarla.
—Pero... si ya lo hice —sus ojos se abrieron de par en par—. ¿Qué acaso no lo ves? Ya no está viva.
Dae frunció el ceño, confundido por las palabras del chico. Entonces, su mirada cayó de nuevo en la niña, sus ojos habían desaparecido por completo dejando huecos negros en su lugar, pero, lo que más impacto le causó, fue ver que cada una de sus extremidades estaban cortadas y unidas por un hilo rojo que terminaba en los dedos del chico que estaba hablando.
—No... No, ¡No! —gritó con desesperación, las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos y pronto recorrieron sus mejillas hasta terminar en el suelo.
—¿No crees que es un bonito títere? Es el mejor de toda mi colección hasta el momento.
—Dae-un... —dijo en un hilo de voz.
El pecho comenzó a arderle y la cabeza le dolió a mas no poder. Su respiración se tornó más irregular que antes, sintiendo como el aire no les llegaba a los pulmones.