El trayecto hasta el conglomerado transcurrió con una calma extraña y un silencio que, por primera vez, no supo manejar. Desde el asiento trasero, Seung-min se mantenía mirando por la ventana con curiosidad, señalando de vez en cuando algunos edificios, anuncios luminosos o cualquier cosa que le llamara la atención, mientras que Jaemin solo le respondía con monosílabos suaves.
Dae se mantenía conduciendo, con la vista fija en el camino, pero con la mente ocupada en todo lo que estaba pasando.
Esos ojos azules...
Estoy seguro de que lo conozco, pero no logro recuperar el recuerdo.
Apretó ligeramente el volante. Los recuerdos de la pesadilla estaban volviendo a su mente.
Esta sensación no me gusta para nada.
La única manera sería...
Sacudió la cabeza, intentando alejar el pensamiento.
Eso es imposible.
Un par de minutos después, el edificio Moon comenzó a alzarse frente a ellos. Dae se metió al estacionamiento subterráneo y estacionó el auto. Fue el primero en bajar, dando un vistazo rápido al perímetro para asegurarse de que no había nada fuera de lugar. Se giró hacia el auto y asintió con la cabeza para que los hermanos bajaran.
Se incorporaron en el elevador y una vez que llegaron al piso donde la oficina de Jaemin se encontraba la primera en aparecer frente a ellos fue Sun-Hi, quien fijó de inmediato su mirada en Dae.
—Jaemin, los directivos ya están esperándolo en la sala ejecutiva —dijo, sin quitar la mirada de él. Dae enarcó una ceja debido a la atención que le estaba dando—. Desde hace veinte minutos.
—Disculpa la demora Sun-Hi —se disculpó Jaemin apenas salió del elevador.
Dae y Sueng-min lo siguieron hasta su oficina, donde nada más entrar tomó su computadora, una libreta y un lapicero.
—Los directores hacen mucho esfuerzo por llegar temprano, Jaemin —mencionó Sun-Hi. Dae frunció el ceño ante el comentario de la secretaria.
—Y yo también —dijo, deteniéndose a mitad de la habitación—. Si comienzan con sus exigencias sin entregar los suficientes resultados creo que no sería justo estar pidiendo algo tan simple como la puntualidad.
La chica entrecerró los ojos y asintió con total seriedad.
¿Y a ella qué le pasa?, se preguntó al notar el comportamiento tan extraño que estaba teniendo.
—Si me tardo más de lo previsto, ¿puedes llevar a Seung-min por algo de comer a la cafetería? —habló el de cabellos grises.
—Claro que...
—Prefiero quedarme con él —le interrumpió Seung-min.
Dae frunció el ceño al sentir la mano del chico aferrarse a su camisa. Se giró a verlo; se había colocado ligeramente detrás de él y su mirada estaba fija en la suya. Regresó su vista hacia Jaemin y asintió despacio.
—Gracias Dae —le dijo con una pequeña sonrisa en el rostro.
—Jaemin... —comenzó Sun-Hi, con un tono cansado y molesto.
Jaemin rodó los ojos y soltó una exhalación ruidosa.
—Vamos Sun-Hi —dijo y enseguida ambos salieron de la oficina.
En cuanto salieron, Seung-min dejó de aferrarse a su camisa y se sentó en el sofá frente a la mesa de centro. Dae lo miró con el entrecejo arrugado, intrigado por lo que había ocurrido.
—Oye —Seung-min se giró a verlo—, ¿qué fue eso?
—¿De qué hablas?
No puede ser, hasta en eso es igual a Jaemin.
—No te hagas el tonto conmigo, niño —se acercó y tomó asiento junto a él—. ¿Por qué no quisiste que la chica te cuidara?
—Porque lo puedes hacer tú —lo miró con incredulidad.
Las manos del pequeño se entrelazaron y comenzó a juguetear con sus dedos, Dae notó ese movimiento de nerviosismo que compartía con su hermano mayor.
—¿Te ha hecho algo? —preguntó con seriedad.
El niño negó de inmediato y le sonrió.
—Es solo que no me cae bien —lo miró con un poco de duda—. Ella peleaba mucho con Ye-Jun cuando se trataba de cuidarme, por alguna razón ella quería hacerlo.
—¿Con Ye-Jun?
—Si, ambas llevan algo de tiempo trabajando con mi hermano. Pero Ye-Jun mucho más.
Ya veo, con que tenía riñas con ella.
—¿Sabes que creo? —le preguntó el niño de pronto. Dae negó, instándolo a hablar—. Que le gusta mi hermano.
Dae enarcó una ceja. La comisura derecha se había levantado ligeramente.
—¿De verdad?
—Estoy seguro —dijo mientras asentía repetidas veces.
Observó como el niño cruzaba las piernas y se giraba por completo hacia él. Sus ojos negros lo observaban con atención.
—Entonces, ¿discutía con Ye-Jun sobre eso?
—Sun-Hi solía decirle que era su trabajo cuidar de mi por ser su secretaria, pero en realidad quien siempre se había encargado de eso era Ye-Jun.
Dae asintió comprendiendo lo que Seung-min le estaba diciendo. Si el niño llegaba a decir algo importante que le fuera de utilidad, definitivamente tenía que seguir con esa conversación.
—Aunque bueno —el chico bajó la mirada, Dae se extrañó por el cambio tan repentino que tuvo—, también sospecho que ella debe estar atendiendo ordenes de mi padre.
Ahora si se está poniendo interesante esta conversación.
—¿Por qué atendería ordenes de tu padre?
—Porque mi padre quiere seguir controlando a Jae... min —habló Seung-min cada vez en tono más bajo, como si hubiera dicho algo que no debió.
—No le gusta que él esté al frente, ¿cierto? —el niño lo miró y asintió.
—Nunca quiso que Jaemin dirigiera... —se detuvo un momento y miró a su alrededor, hizo un remolino con su dedo y suspiró—, todo esto.
—Pero ahora lo está haciendo, y no creo que lo haga nada mal.
—Lo hace porque no le queda de otra —dijo, con un puchero formado en sus labios.
—Seung-min...
—Tengo 10 años Dae, pero comprendo porque Jemin hace lo que hace —la vista del pequeño bajó hasta sus dedos—. Si no lo hace, seré yo el que lo cubrirá. Y aunque muchas veces le digo que yo me haré cargo, él se niega.