La puerta se deslizó detrás de él y volvió a fundirse con el concreto de la pared, desapareciendo por completo. Dio un vistazo rápido a su alrededor, cuidando que nadie lo hubiese visto al salir, pero el archivo estaba igual que cuando había entrado; completamente solo.
Avanzó con pasos medidos por el pasillo hasta salir del archivo general y una vez que se encontró en el elevador se permitió recargarse en una de las paredes del cubículo y soltar el aire que había estado conteniendo. El esfuerzo le raspó la garganta, sus respiraciones eran irregulares y a un ritmo más rápido de lo normal, como si su cuerpo se negara a brindarle estabilidad.
¿Qué carajos fue todo eso?, se preguntó, pasando una mano, ligeramente temblorosa, por sus cabellos azulados.
El eco de lo que había visto en el archivo seguía clavado en su cabeza; fragmentos, voces, imágenes que no le terminaban de encajar por completo pero que le dolían como si fueran reales.
Las puertas se abrieron, salió con paso firme y una expresión neutral. Sabía perfectamente en qué lugar se encontraba y, por más tarde que fuera, no podía permitirse que alguien lo viera en ese estado. Se llevó una mano al pecho, apretando la tela de su uniforme, como si con eso pudiera detener el temblor que se dispersaba en su interior.
“Eres mío”
Se detuvo a mitad del pasillo y de inmediato se recargó en la pared a su costado. La voz había sido demasiado clara y cercana. Cerró los ojos con fuerza, llevó una mano a su sien; el dolor de cabeza lo atacó de golpe.
—Concéntrate —murmuró entre dientes.
Inhaló profundamente un par de veces, forzando a su cuerpo a responder y volver al control habitual.
No aquí. No ahora.
Cuando finalmente abrió los ojos, su expresión fría y controlada volvió.
—¿Dae?
La voz provocó que sus alertas se dispararan y que su intento por estabilizarse se descontrolara. Alzó la vista poco a poco y miró hacia su izquierda; Taeyang había salido del elevador y se dirigía hacia él con el ceño levemente fruncido, como si no lograra entender lo que sucedía.
—Justo estaba por llamarte —dijo deteniéndose frente a él, pero pronto su mirada se detuvo en su rostro y el aspecto tan desaliñado de su cabello—. ¿Qué te pasó?
Dae no respondió de inmediato, en su lugar cerró los puños para intentar disimular el temblor que aún le recorría el cuerpo.
—Nada —respondió, demasiado rápido—. Solo... un leve mareo.
—No pareces estar bien —el moreno lo miró fijamente, con esa expresión seria que siempre se cargaba.
Desvió la mirada apenas, no tenía tiempo para preocuparse por su propio estado en esos momentos.
—Fue solo un mareo Tae, ya se me pasará —repitió con más firmeza—. ¿Qué pasó? ¿Por qué me buscabas?
Hubo un pequeño silencio, enseguida se incorporó correctamente y fijó su mirada en el moreno.
—Ji-Hoon empeoró su estado —comenzó, su voz firme y sin titubeos—. Estábamos en el departamento y de pronto comenzó a sentirse muy mal... casi no respiraba —observó como apretaba sus manos en puños—. Tuve que traerlo con Hae-Rin para que lo revisaran.
¿En el departamento? pero si yo los vi saliendo del archivo.
Enarcó ligeramente la ceja y lo observó atentamente. No hubo ningún titubeo en su declaración, todo fue demasiado limpio. Analizó cada gesto y expresión de su compañero, pero no logró ver algo que lo delatara y eso... eso fue lo peor, porque de no haberlos visto hace unos minutos en el archivo seguramente hubiera caído en la mentira que dijo.
—Vamos con él —dijo finalmente, se dio la vuelta y caminó hacia el elevador junto a Taeyang.
El ascenso hasta el segundo piso de las instalaciones le fue más largo de lo que pensó. El chico a su lado no dejaba de mover el pie derecho y parecía que en cualquier momento se arrancaría una uña.
—Tranquilízate Tae —le dijo de pronto, obteniendo su atención—. ¿Fue tan grave?
El moreno se recargó en una de las paredes del cubículo y soltó un suspiro.
—Entró en un estado de hipoxia Dae —abrió los ojos de par en par al escucharlo—. Si hubiera llegado un momento después, seguramente Hae-Rin no podría haberlo controlado.
—¿Qué fue lo que lo llevó a ese estado? —preguntó con curiosidad.
Mas allá de estar preocupado por el chico más joven y de saber su estado de salud, estaba realmente intrigado por saber hasta donde era capaz de llegar el moreno con su mentira.
—No lo sé —echó la cabeza hacia atrás—. Estábamos en casa y quiso ponerse de ayudante con algunas cosas. No sé si fue el esfuerzo o... algo más, no tengo idea, de verdad —Dae entrecerró los ojos y asintió—. Pero cuando me dijo que eso no era normal, me alerté.
Vaya ingenio con el que se carga, debo admitirlo.
Las puertas se abrieron y ambos salieron sin decir nada más. Caminaron frente a la recepcionista y se adentraron en el pasillo, doblaron a la derecha en una esquina y después a la izquierda. Ambos sabían exactamente a donde ir, era el lugar con los mejores cuartos que tenían para los agentes de la SOU.
—Espera —Taeyang lo detuvo justo cuando estuvo por deslizar la puerta para entrar en la habitación—. El viejo se encuentra con él en estos momentos —Dae se asomó por la ventanilla que tenía la puerta y comprobó lo que Tae le decía; el jefe Dounghyeon se encontraba sentado a un costado de la cama, de espalda a ellos—. Creo que es mejor esperar.
Dae asintió y se recargo en la pared que tenían al frente.
—¿Le avisaste a Woo?
—Sí, pero tardará en llegar —frunció el ceño debido a la respuesta de Tae—. No tengo idea de que estaba haciendo, pero se escuchaba demasiado enojado cuando hablé con él.
—Seguramente tuvo un encuentro con Bong-Seon —concluyó.
Era realmente raro decir que Woo estuviera molesto y las pocas veces que ocurría eso era principalmente por aquella mujer.