Dusk 'till Dawn

Capítulo 29. El miedo a la calma

El silencio y la calma que invadían el departamento para cuando Dae por fin llegó le confirmó que ambos hermanos ya se encontraban durmiendo, lo cual le causó cierta calma, pues de tal manera no lo verían en el estado que se encontraba.

Entró a paso lento, sosteniéndose a duras penas de la pared de la entrada, más cuando por fin llegó a la sala se desplomó sin fuerzas algunas sobre el azulejo.

Ji-Hoon.

Ryu.

Noctis-7.

Todos los pensamientos y sentimientos que se le habían generado durante las últimas horas por fin le estaban pasando factura y ya no podía más, estaba llegando a su límite.

—Agh... —exclamó llevándose la mano derecha al pecho mientras la otra apenas sostenía su peso para no caer por completo al suelo—. Mierda, no... no aquí...

Cerró los ojos fuertemente ante el agudo dolor que se le instaló en el pecho y que comenzó a descontrolarle la respiración. Sin embargo, en cuanto la oscuridad lo invadió, los recuerdos lo atacaron de golpe, tal y como había pasado una hora atrás en el archivo secreto.

Mirate, eres hermoso incluso cuando tiemblas sin parar —una mano se deslizó lentamente sobre la piel desnuda de su abdomen y fue a parar directamente a su cuello—. Mi hermoso Loto Negro —miró fijamente la silueta frente a él, unos ojos marrones lo veían con deseo y malicia—. Jamás podrás escapar de mí.

No...

Cállate...

¿Lo ves? —una mano sujetaba su mandíbula y lo obligaba a ver su reflejo desnudo en el espejo—. Todo lo que eres me lo debes a mi —la otra mano le acarició el hombro derecho, justo donde yacía el tatuaje—. Yo soy quien te ha forjado. Me perteneces Kang.

—¡Cállate! —gritó, completamente aterrado, con los ojos abiertos de par en par y destellantes por las lágrimas que comenzaban a querer salir.

El eco retumbó por toda la sala y, por un instante, el silencio posterior se volvió todavía más sofocante. La respiración, ya de por si hecha un desastre, le provocó un mareo; el aire ya no le entraba bien.

No estoy ahí, no estoy ahí... ya no..., se repitió mentalmente una y otra vez, pero ninguna de esas palabras le llegaba a la razón.

Se llevó una mano al rostro, intentando volver al presente, pero inclusive los recuerdos presentes comenzaron a atormentarlo; Woo apartando la mano de su hombro, la mirada confundida que le dedicó.

“Estás actuando extraño”.

El estómago se le revolvió de inmediato. No quería sentir eso. No quería que Woo lo mirara de esa manera. No quería que Taeyang y Ji-Hoon le estuvieran mintiendo. No quería que alguien más tuviese que pagar por su mera existencia.

¿Por qué?

¿Por qué siempre pasa lo mismo?

Todo lo que toco termina destruido... primero fue Taesoo y ahora Ji-Hoon...

Bajó la cabeza hasta que su frente tocó el suelo mientras intentaba regular el aire que le entraba a los pulmones.

Mierda Dae, tienes que respirar.

Solo respira.

Pero su cuerpo ya no le respondía correctamente; las manos no dejaban de temblarle, el aire le entraba con dificultad a los pulmones y la falta de oxígeno le comenzó a provocar un dolor de cabeza inmenso.

Respira de una maldita vez.

Hizo el intento de incorporarse usando el sofá como apoyo, pero apenas se levantó a medias cuando sintió como todo a su alrededor se distorsionaba y le hizo caer al suelo de rodillas; el ruido resonó más fuerte de lo que había esperado, tanto que, unos segundos después, escucho el sonido de una puerta abriéndose en el pasillo.

El miedo se le instaló en el cuerpo y palideció más de lo que ya se encontraba.

No, no, no.

Mierda, no.

—¿Dae...? —la voz adormilada de Jaemin le llegó rápidamente.

El estómago se le hundió. Intentó responder, pero la respiración descontrolada no se lo permitió. Apenas logró levantar un poco la mirada cuando vio la silueta del chico venir desde la cocina y acercarse bajo la tenue oscuridad del departamento. Lo enfocó lo mejor que pudo; Jaemin estaba frente a él con el cabello ligeramente despeinado por el sueño y un pijama improvisado, su expresión adormilada se desdibujó en cuanto se percató de su estado.

—¿Estás bien? ¿Qué ocurrió? —su voz estaba cargada de emergencia y preocupación, Dae negó lentamente con la cabeza.

—Nada —alcanzó a decir entre respiraciones irregulares—. No... pasa nada.

El chico se acercó más hasta colocarse cuclillas frente a él, mostrando su clara preocupación. Una preocupación que Dae no quería generar, porque aquello solo lo hacía sentir más vulnerable, no quería que nadie lo viera en ese estado, pero al mismo tiempo, sabía que no podía hacer nada para evitarlo, ese ataque de pánico estaba siendo más fuerte de lo que había pensado.

—¿Acaso no te estás viendo? Estas temblando demasiado Dae.

No, no hagas esto Jaemin.

No quería ser merecedor de su preocupación, de su compasión.

—Oye Dae... —comenzó Jaemin, colocando su mano sobre el hombro derecho. Una acción que pudo parecer algo simple a primera vista, pero que para Dae solo fue el incentivo del caos que yacía en su interior.

Sin pensarlo, tomó con fuerza la muñeca del platinado y lo miró fijamente.

—No me toques —soltó con seriedad.

En un movimiento rápido, apartó a Jaemin de él, provocando que cayera contra el suelo. Fue la queja del chico lo que lo hizo consciente de lo que había hecho, la dureza en su mirada se resquebrajó y dio paso a una expresión perdida. Lo miró por un segundo, después pasó la vista a su muñeca; rojiza por la fuerza que había empleado, finalmente regresó la mirada a su propia mano y fue entonces que el miedo cruzó su rostro.

No, yo no quería lastimarlo...

Comenzó a retroceder, arrastrándose sobre el azulejo, hasta que su espalda chocó con uno de los sofás. Quería alejarse lo más posible.



#745 en Detective
#6374 en Novela romántica

En el texto hay: thriller, accion, slowburn

Editado: 23.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.