Duskwall: La ciudad en penumbras.

Capítulo 16: Las cinco especies puras.

Me di cuenta de que, en retrospectiva, Lucien era lo menos aterrador que había encontrado en este lugar. Una gacela negra que hablaba solía ser sinónimo de pesadilla, pero él parecía... ¿amable? Al menos no era como las otras criaturas que se limitaban a observarte con ojos vacíos antes de arrastrarte hacia el Lago de Hierro. Todavía sentía un rencor amargo hacia ellas por haberme arrebatado a mi hermana, pero no era el momento de alimentar el odio. Tenía una oportunidad tétrica frente a mí.

—Bien, déjame tranquilizar al resto y te escucharemos —dije, levantándome despacio y caminando hacia el borde de las escaleras.

—¡Norbert! ¡Gretchen! ¡Kersten! —grité hacia el vacío del edificio—. Vengan. Es extraño, lo sé, pero tiene información que nos puede servir.

Solo recibí silencio como respuesta.

—¡Les digo la verdad! Es algo anormal, pero podemos conseguir respuestas.

—Oye, sigo aquí, ¿sabes? —intervino Lucien con un tono de falsa ofensa.

—Lo siento, no quise decir "anormal" —me disculpé rápidamente.

—Sí, por supuesto que no —replicó él, ladeando la cabeza con sarcasmo.

—¡Oigan, ya! Salgan —insistí—. Kersten, vuelve a subir. Norbert, Gretchen, abran esa puerta. No hay nada que temer, es amigable... supongo. —Susurré lo último para mis adentros.

—Además de hablar, también puedo escuchar —reiteró Lucien.

—¡Lo siento! —exclamé, frustrada.

—¡Las cabras no hablan! —gritó Kersten desde los pisos inferiores. Apenas podía ver la coronilla de su cabeza asomando por el hueco de la escalera.

—Las cabras no, pero las gacelas sí —corrigió Lucien, visiblemente divertido—. Pero descuida, pequeña Marx, no te culpo; nunca has visto animales reales aquí, es natural que te confundas.

Al oír eso, Kersten desapareció de nuevo, hundiéndose en las sombras. Volteé hacia Lucien con una mirada desaprobatoria.

—No estás ayudando —le recriminé. Luego volví a dirigirme a mis amigos—: ¡Cálmense! Sí, la gacela habla, pero no es mala. Creo. Quizás sea la respuesta a todas las preguntas que tenemos sobre Duskwall. Por cierto, se llama Lucien.

Poco a poco, el grupo avanzó. Kersten subió con pasos exageradamente lentos, como si cada escalón fuera una trampa. Gretchen y Norbert salieron de su escondite; Gretchen fue la primera en asomarse. Les ocurrió lo mismo que a mí: el shock los dejó mudos. Pasamos un largo rato esperando a que recuperaran la compostura para poder iniciar una conversación civilizada con la criatura.

—Lucien es un nombre muy extraño —comentó Gretchen finalmente, rompiendo el hielo de la peor manera.

Él me miró de inmediato.

—Quizás me equivoqué contigo, Lies. La grosera es ella —dijo, señalando a Gretchen con un movimiento elegante del hocico.

—Esa es la impresión que da, pero créeme, es la persona más leal que conocerás —defendí, tratando de suavizar el ambiente.

Nos quedamos en silencio un momento, asimilando la surrealista estampa de cuatro adolescentes frente a una gacela parlante en una terraza gótica.

—En fin, tenemos muchas preguntas y esperamos que tú nos des las respuestas —intervino Norbert, recuperando su instinto de investigador.

—Claro, les diré todo lo que quieran saber —respondió Lucien, aunque su tono cambió a uno más serio y negociador.

—Eso es genial —dijo Kersten, dando un paso al frente.

—Pero —continuó la criatura, fijando sus ojos oscuros en nosotros—, lo haré solo si me ayudan a salir de este edificio. Estoy harto de estar encerrado entre estas paredes. Ustedes me liberan y yo les doy la verdad. Es justo, ¿no?

—Lo que pides es imposible —sentenció Kersten, cruzándose de brazos.

—No somos más que tres chicas asustadas sin ninguna cualidad excepcional, más que poder gritar tan fuerte que se escucharía en otro continente —añadí con amargura.

—¿Y yo qué? —preguntó Norbert, ofendido.

—Perdón, te olvidamos. Somos cuatro mujeres —intervino Gretchen con rapidez.

—Bravo, Gretchen. Aprendiste las ofensas anticuadas de Kersten —respondió Norbert, rodando los ojos.

Lucien nos observaba con una mezcla de aburrimiento y curiosidad.

—¿Siempre se distraen de esa forma? —me preguntó.

—Ah... algo así —contesté, avergonzada por el espectáculo.

—Con razón no han logrado nada por su cuenta —bufó la criatura—. Escuchen: si les pido ayuda es porque sé cómo dejar este lugar, pero mi naturaleza me impide hacerlo solo. Necesito un puente.

—¿Nos dirás qué hay que hacer, entonces? —cuestionó Kersten, recuperando su tono serio.

—Tendrán que convencer a las demás criaturas para que vengan a liberarme mediante un ritual —explicó Lucien, caminando de un lado a otro con elegancia—. Y aclaro: deben venir por su propia voluntad, no por obligación. Les deseo suerte.

—¿No necesitas que traigamos a Superman también? —soltó Gretchen con sarcasmo.

—Por eso dije: "Les deseo suerte". Nunca prometí que fuera fácil.

—¿A todas las criaturas? —preguntó Norbert, visiblemente abrumado por la escala de la tarea.

—Sí, a todas. Los Séils, los Déngers, los Slosens, los Bafras y los Liewens. Esas son las especies que necesito; las criaturas puras de Duskwall.

—Increíble —murmuró Gretchen—. He crecido aquí y solo conozco a dos de ellas.

—Lamento quebrar su pequeño mundo, pero el tiempo corre —advirtió Lucien, fijando sus ojos oscuros en nosotros.

—¿Tiempo? ¿A qué te refieres? —preguntó Norbert.

—Mi paciencia no es infinita y las sombras de esta ciudad se están volviendo inquietas. Deben hacerlo pronto.

—Bien, te ayudaremos —accedí, dando un paso al frente—. Pero danos más información. ¿Cómo vamos a convencer a seres que ni siquiera hablan?

—Ellos no usan palabras, pero tienen su propia forma de comunicarse. Pueden entenderlos perfectamente; solo deben saber cómo llegar a sus corazones... o a lo que sea que tengan en el pecho. Mañana les diré el recinto de cada una. Ahora váyanse; se ven tan desgastados que ofenden mi vista.




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