—¿Qué pasa? Si van a halagarme, háganlo uno por uno; me gustaría agradecerles como corresponde —soltó Lucien, soltando un suspiro falsamente modesto mientras se acomodaba la ropa.
—No creo que te lo merezcas tanto —respondió Gretchen, cruzándose de brazos con desdén.
—Aprecio tu amabilidad, Gretchen. Ojalá fuera tan real como el aire que respiras —replicó él, con una sonrisa afilada.
—Bueno, definitivamente habrá chicas en Duskwall que pelearían por ti, pero nosotras no estamos en esa lista —añadió Kersten, manteniéndose firme.
Norbert, que lucía una sonrisa de orgullo (posiblemente por el comentario de Kersten), intervino con un gesto más amigable:
—Ya oíste. Felicidades por salir de tu prisión, Lucien.
—¿Cuándo cumplirás tu parte del trato? —cuestionó Adler, yendo directo al grano.
—Igual de impaciente que Gretchen... deben llevarse de maravilla —dijo Lucien, divertido por la tensión del grupo—. Pero mañana tendremos tiempo para los negocios. Antes de nada, necesito asearme y... actualizarme un poco.
—¿Cuál es tu plan? No creo que quede nadie en esta ciudad que te conozca —señaló Norbert con lógica.
—Eso no es del todo cierto, pero agradezco tu preocupación —respondió Lucien, recuperando su aire enigmático—. Solo tengan en cuenta que nos veremos mañana en el Lago de Hierro, después del mediodía.
—¿Por qué ahí? —preguntó Kersten.
—Porque estoy seguro de que la pequeña Weber querrá llevar a cabo su iniciación —contestó él. De pronto, su atención se centró exclusivamente en mí—. Por cierto, te noto más callada de lo habitual, Lies.
Era cierto. Algo en la atmósfera había cambiado en el instante en que dejó de ser una criatura para convertirse en hombre, pero no sabía cómo explicarlo sin sonar vulnerable.
—¿No vas a halagarme? —preguntó con una chispa de diversión en los ojos. Sabía que se refería a la conversación que habíamos tenido cuando aún era una gacela.
—Te ves bien. ¿Ya podemos irnos? —solté sin ganas. Evitaba mirarlo a toda costa. De repente, una extraña sensación de fastidio me recorrió el cuerpo; su belleza me resultaba irritante, casi invasiva.
—Tu indiferencia me sorprende, pero sigues sin responder a mi pregunta —insistió él, dando un paso hacia mí.
—Sí, quiero hacerlo. Quiero la iniciación —respondí cortante.
—¿Por qué no me miras? Es una falta de respeto. ¿Qué te molesta, Lies?
—Ya me quiero ir —sentencié, dándole la espalda y alejándome del edificio. Necesitaba poner distancia entre esa presencia descolocante y yo.
—Ya oíste, nos vamos —me apoyó Gretchen, siguiéndome el paso de inmediato.
—Adiós —añadió Kersten con una ironía que imitaba a la de Lucien.
Las tres nos adelantamos, dejando a Norbert y a Adler atrás. Ellos parecían tener mucha más energía y curiosidad por platicar con el "nuevo" Lucien. Caminamos en silencio hasta el auto de Kersten; ella tomó el volante y comenzó a charlar con Gretchen sobre lo ocurrido, pero yo me hundí en el asiento del copiloto, mirando por la ventana el paisaje azulado de Duskwall, con un nudo de confusión apretándome el pecho.
—Lies, ¿qué te pasa? —preguntó Kersten sin apartar la vista del camino.
—Nada, solo estoy cansada —mentí, aunque sabía que no me creerían.
—No me gusta cuando te pones así, algo te ronda la cabeza —insistió Gretchen desde el asiento trasero—. Siempre nos cuentas todo, y me encanta que compartas tus sentimientos con nosotras. No te lo guardes.
Suspiré, rindiéndome ante la insistencia de mis amigas.
—Bien, es... Lucien. Algunas veces, antes de que ustedes llegaran al edificio, compartí un sándwich con él. Hubo un momento, una mirada... no sé cómo explicarlo, pero sentí algo extraño.
—¿Te gustó siendo una gacela? —soltó Gretchen con una risita maliciosa.
—¡Oye! Eso suena fatal, era un animal —le recriminé, sintiendo que me ardían las mejillas.
—No, porque en el contexto de Lucien, él era una persona atrapada en el cuerpo de una gacela y, además, podía hablar —argumentó ella con una lógica aplastante.
—Sí, pero igual es muy turbio —comenté, sintiéndome atormentada por la idea—. Además, yo no dije que me gustara.
—No lo niegues. Por eso estabas molesta hace un momento —afirmó Gretchen, como si acabara de resolver el misterio del siglo—. Porque cuando viste su forma humana, te gustó todavía más y eso te asustó.
—No es así. Él no me gusta.
—Lo que no me explico es cómo te puede atraer ese tonto —comentó Kersten, doblando en una esquina—. Su actitud es demasiado egocéntrica.
—¡Que no me gusta! —lo negué una vez más, aunque esta vez mi voz no sonó tan convencida.
—Es un soberbio y no me gusta para ti, pero si lo quieres, te apoyo —sentenció Kersten con lealtad.
—Sí, yo también te apoyo. Podemos ayudarte a acercarte más a él ahora que es humano —añadió Gretchen con entusiasmo.
—No me gusta y no quiero estar cerca de él. Solo necesitamos las respuestas que prometió y ya —afirmé, tratando de recuperar la compostura.
—Tienes razón, primero debemos conocer sus verdaderas intenciones. Te ayudaremos con eso —dijo Gretchen guiñándome un ojo.
—¿Van a seguir con eso? —pregunté, finalmente contagiada por sus risas.
—¡Sí! —respondieron ambas al unísono.
Decidí no contradecirlas más; era una batalla perdida. Poco después, el tema de Lucien quedó de lado cuando decidí contraatacar recordándoles sus propias tensiones con Adler y Norbert. Ambas lo negaron con la misma desesperación que yo, lo que convirtió el trayecto en una marea de risas y complicidad. Por un momento, Duskwall y sus sombras parecieron quedar muy lejos.
—Descansa, Blaz —dije, colocando al hurón en su jaula nada más cruzar la puerta de casa.
Había cenado con mi padre bajo una atmósfera pesada. Le mentí, diciéndole que había estado con mis amigas reflexionando sobre mis problemas personales. No podía decirle la verdad: que los dos días que llevaba fuera de casa, habíamos liberado a un ser humano ancestral atrapado en el cuerpo de una gacela, y que mi vida probablemente ya no me pertenecía por todos los pactos que habíamos hecho. La culpa me pinchaba la conciencia, pero era un sacrificio necesario para que él no interviniera en nuestros planes.
#2585 en Fantasía
#529 en Magia
sacrificio y dolor, misterio amor fantasia, seres sobrenaturales mágicos místicos
Editado: 10.05.2026