—Entonces, ¿ella está bien? ¿Está viva? —pregunté, incapaz de contener la mezcla de sorpresa y alegría del momento.
—Sí, es lo más probable —respondió Kersten—. Por eso no la encontraste: estaba en otro lugar. Ahora solo debemos averiguar dónde queda exactamente Dawnwood e ir por ella. De hecho, en las pocas páginas que alcancé a revisar, se mencionan más lugares como Duskwall, cada uno con sus propias peculiaridades.
—Genial, más misterios por resolver —bufó Gretchen, visiblemente cansada de tantas incógnitas.
—Algo así; pero este libro contiene demasiada información clasificada. Ahora entiendo la razón de su robo —admitió Kersten.
—¿Se menciona algo sobre el origen de Duskwall? —preguntó Adler, motivado por las palabras de su amiga.
—Aún no lo he visto en detalle; pero al inicio del tomo encontré cuatro nombres: Heinz, Jenell, Anouk y Monika. No especifica quiénes son —aclaró Kersten—. Quizás ellos redactaron el texto.
—Tendremos tiempo de sobra para leerlo. Ahora bien, ¿cómo se supone que encontraremos Dawnwood? —cuestionó Gretchen.
—El libro menciona que estos lugares comparten un vínculo, puesto que nacieron con el mismo propósito —informó Kersten.
—¿Y cuál es ese propósito? —inquirí—. Las cosas no terminan de encajar. ¿Por qué alguien crearía estos sitios y los aislaría a propósito del resto del mundo?
—Para proteger a sus habitantes —dijo Kersten.
—¿Y de qué tendrían que esconderse? —preguntó Adler.
—Duskwall contempla a las personas como colonos. Los primeros habitantes de estas tierras fueron todas las criaturas que hemos conocido aquí —intervino Ernestine—. Lo aprendí leyendo este mismo libro; sin embargo, he estado sufriendo de lagunas mentales, así que hay muchos detalles que no logro recordar con exactitud —concluyó, compartiendo un fragmento de su estado personal, lo que me pareció un pequeño paso en la reconstrucción de esta extraña familia.
—¿Eso quiere decir que las criaturas crearon estas tierras? —cuestionó Luna, intrigada por la repentina verdad.
—Es lo más probable. Si se dice que los primeros pobladores fueron ellos, todo apunta en esa dirección —comentó Adler.
—No lo creo. Ellos no pueden salir de Duskwall; su forma de protección consiste en ocultar la ciudad, pero parece ilógico que se hayan encerrado a sí mismos —intervino Norbert, demostrando una vez más su pensamiento analítico.
—Es cierto. No fueron las criaturas quienes dieron origen a estas ciudades —coincidió Ernestine.
—Tuvo que ser alguien con un dominio profundo de la magia, entonces —hablé—. Ojalá Lucien estuviera aquí para darnos algunas respuestas.
—Lucien no es el único que posee conocimientos más allá de lo ordinario —aclaró Luna, desviando la mirada hacia su hermana con un destello de orgullo.
—¿Recuerda algo sobre eso? —le pregunté a Ernestine, marcando aún cierta distancia.
—Recuerdo un fragmento que decía textualmente: «Entonces, alguien creó zonas seguras para todos esos seres con magia, pues no habrían sido capaces de erigirlas por sí solos. Fueron las almas las que ayudaron a la tierra a concebir esos espacios y a dar forma a sus criaturas, atándolas a través de la sangre».
Al escuchar eso, me levanté y fui directo hacia mi padre.
—Papá, por favor, llévanos a DawnWood —le supliqué—. Es la única forma de recuperar a Isabelle. Dime, ¿dónde queda?
—Lo haré yo, hija. Si alguien debe ir por tu hermana, seré yo; nadie más debe arriesgarse —sentenció, tratando de convencerme. Pero mi decisión ya estaba tomada.
—Ya no. No dejaré que decidas sobre mi vida una vez más. Debes decírmelo, y si no lo haces, ten por seguro que lo averiguaremos de cualquier forma —lo amenacé.
—Ya la escuchaste, Christopher. Habla —dijo Ernestine con un matiz de burla.
Él solo se limitó a lanzarle una mirada seria.
—DawnWood se encuentra en Moshi, Tanzania —habló, acorralado, cortante y al límite de su paciencia.
—¿Dónde queda Tanzania? —pregunté; la geografía nunca había sido mi fuerte.
—En África —respondió Norbert.
—¿Hasta otro continente? —exclamó Gretchen—. Parece que esto nunca termina.
—Una línea recta; es una línea recta —murmuró Norbert, pensativo.
—Es cierto. Si queremos trazar algún patrón, ya tenemos el primer indicio: quizás delimitaron todos los sitios mágicos con un orden. Por ahora tenemos una sola pista en el mapa: una línea recta —agregó Adler.
—Puede ser algo relevante después —dijo Gretchen—. Me siento mejor al saber que no estamos tan perdidos.
—Es un alivio para mí también —solté un suspiro; parecía que todo comenzaba a tomar un rumbo positivo.
—Lamento tener que desarmar su plan, pero nosotros delimitaremos quién irá —interrumpió Ernestine.
—Todos podemos ir. Si habitantes de DawnWood pueden entrar a Duskwall, imagino que funciona igual de forma viceversa —sostuvo Kersten.
—Me parece que se están tomando demasiada libertad. Estoy segura de que sus padres no estarán de acuerdo con que sus hijos se vayan a otro continente con una familia de reputación cuestionable —intervino Luna con lógica.
—Es un buen punto, pero les recuerdo que sin nuestra intervención no habríamos llegado hasta aquí. La decisión de ir o no será propiamente nuestra, no de ustedes —encaró Norbert a Ernestine y a la tía Luna.
—Sigue sin ser asunto suyo —contestó Ernestine con un gesto de no ceder jamás.
—Lies es nuestra familia también; podría decirse que más que ustedes —afirmó Gretchen.
—Acéptenlo, nos necesitan —dijo Adler.
—Demostraremos que somos útiles —añadió Kersten—. Mientras ustedes discutían, me tomé la libertad de ojear un poco más el libro y encontré indicios de una tercera ciudad. Esta se ubica en el continente americano, lo que dibuja en el mapa una forma triangular.
—Está decidido. Dennos unos días para definir quiénes de nosotros irán —sentenció Adler con determinación.
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Editado: 26.08.2026