Epílogo: Donde el mar vuela.
Erika Bernard
—¿Cómo es que te metiste en este problema? —pregunté, acercándome de forma burlesca al chico.
—Me parece que es algo que no te incumbe —contestó fríamente. Tampoco es que esperara calidez de su parte.
Él estaba sentado en la terraza de la gran casa, observando el cielo nocturno.
—Me sorprende que hayas abandonado Duskwall. ¿No te despediste de tus «amigos»? —pregunté con sarcasmo. Sabía que era libre de decir esas cosas sin consecuencia alguna: su nivel de antipatía solo se comparaba con su caballerosidad.
—De nuevo, son temas personales que no tienen que ver con nadie de aquí —volvió a responder, sin ganas de prolongar la conversación.
—Vamos, Lucien, ¿no les dijiste que eras un Slosen? Sé que pudiste salvar a tu amiga de quedarse en el limbo aquella vez. ¿Tampoco les explicaste que fue porque tú eres el guardián de Duskwall? —cuestioné; sus decisiones me parecían irónicas y sin sentido.
—Lo hice porque era necesario; era mi deber —aclaró, sin apartar la vista del firmamento.
—Ambos sabemos que lo hiciste por algo más, pero tendrás tiempo para analizarlo. Ahora debemos enfocarnos en las irregularidades presentes en el ambiente de la ciudad. Quizás su inminente regreso esté cerca.
—En eso trabajo. Pronto sabremos si el Däiwel Déier está a punto de hacer presencia —concluyó, levantándose de su asiento y dejándome sola en la terraza.
Por mucho tiempo, el mito de esa criatura se había mantenido contenido; pero las señales eran claras: algo había desestabilizado el equilibrio de todos los lugares mágicos, y las consecuencias amenazaban con ser desastrosas.
Isabelle Weber
Desperté por el frío que calaba mis huesos. Mi cuerpo dolía de una forma sobrenatural. Abrí los ojos esperando ver algo familiar, pero la realidad no podía estar más alejada.
Estaba tirada boca abajo en una playa desierta. No sabía cómo había terminado allí; lo último que recordaba era ser arrastrada por el Lago de Hierro hasta tocar fondo, y después, la nada. Solo el mar, la arena y el viento helado me rodeaban. Intenté levantarme, pero las fuerzas me abandonaron por completo y volví a caer inconsciente.
No supe cuánto tiempo transcurrió, pero una calidez agradable invadió mi cuerpo. Abrí los ojos lentamente: me encontraba en una cama modesta pero cómoda, en un lugar del todo desconocido. Me incorporé con cautela y un leve ruido afuera me puso en alerta.
—¿Hola? —pregunté con temor.
—Oh, ya despertaste —respondió una voz madura y femenina.
—¿Quién es usted? —inquirí, sin reconocer el tono.
—Me llamo Amani. Soy parte del consejo de rescate —dijo al entrar a la habitación. Era una mujer mayor, de cabello cano y hermosa piel de ébano.
—Mucho gusto, Amani. ¿En qué parte de Duskwall estamos?
—Oh, vienes de Duskwall... Eso explica por qué saliste del mar —informó, sembrando en mí más confusión que claridad.
—¿Dónde estoy?
—Estás en DawnWood, mi niña —respondió con serenidad mientras colocaba prendas limpias sobre la cama—. Ten, debes quitarte esa ropa húmeda.
—¿DawnWood? No entiendo...
—¿No has escuchado hablar de este pueblo? También es un lugar muy especial.
—No entiendo cómo llegué aquí —traté de explicarle—. Nunca antes había oído nombrar este sitio.
—Cámbiate primero; después te explicaré todo lo que no entiendes —aseguró con calma, dándose la vuelta para salir.
Antes de que cerrara la puerta, un canto peculiar retumbó en el aire, similar al de una ballena, pero proveniente de lo alto y escuchándose aterradoramente cerca.
—¿Hay alguien viendo televisión arriba? —pregunté de manera inocente.
—No. Solo pasó algo en el cielo, no te mortifiques, es lo más normal del mundo. Aquí el mar es único... y su fauna vuela —aseguró antes de entornar la puerta.
Me pareció que la mujer carecía de cordura; sus palabras no tenían sentido. Sin embargo, me encontraba sola, necesitaba saber por qué había aparecido en este lugar y tal vez ella fuera mi única pista. Temía, no obstante, que esa anciana terminara siendo lo más normal de aquel sitio.
Continuará…
«Gracias por haber llegado hasta la última página y permitir que esta historia cobrara vida. Nos leemos pronto.»
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Editado: 26.08.2026