Rhydan abrió los ojos. Sentía un dolor en el costado derecho, cerca de las costillas, y le dolía la cabeza.
Antes de poder levantarse, recibió el peso de Lycan encima suyo.
—(Sonríe) Yo también me alegro de verte...
Se incorporó en la cama y se quedó mirando a la nada, intentando recordar qué había sucedido.
No podía. Sus recuerdos estaban difusos.
La puerta se abrió y, cuando Rhydan miró en esa dirección, vio a Dren ingresar.
—General, ¿qué sucedió?
Dren lo miró. Su expresión era particularmente seria, pero no era la seriedad que el general solía tener; era algo más tensa.
—El barco en el que Soren, Azhira y los niños partieron fue atacado minutos después de zarpar.
Rhydan parpadeó repetidas veces mientras negaba con la cabeza. No quería creerlo, pero esa era la realidad.
Intentó levantarse para caminar hacia su general, pero sus piernas le fallaron y cayó al suelo.
La imagen de Azhira sonriendo desde el barco invadió su mente. Sus ojos cedieron y dejó de reprimir las lágrimas.
—Vuelve a la cama. Aún necesitas descansar.
Dren se dio la vuelta para salir de la habitación, pero al sentir un tirón en la parte inferior de su camisa se giró para ver qué lo retenía.
La mano de Rhydan se aferraba a su prenda.
Dren no lo cuestionó. Rhydan levantó la cabeza, dejando ver su rostro empapado por las lágrimas y sus ojos rojos.
—¿Quién los atacó...?
—El mismo que nos interceptó cuando nos llevamos a los niños. Era un valen, y lo hizo para eliminar las evidencias. Fue una advertencia para nosotros.
—¿Irá a Draeven, no es así? Iré con usted.
Dren negó.
—Iré solo.
—Pero...
—Tú irás a Morvakar con Astrya.
—General...
Dijo en tono de súplica, como un niño pequeño.
—Irás a Morvakar. Le darás esta carta a Kaelen y luego él te dirá qué hacer.
Sacó una carta de uno de sus bolsillos.
—Quiero encargarme de esta tarea.
—Lo harás. Te necesito en Morvakar, son órdenes.
Dren sacó un colgante con un dije de pluma de plata y se lo entregó.
—Es lo único que se pudo recuperar de Azhira.
Rhydan presionó los labios y asintió.
—Sí, general.
Dren se dirigió hacia el salón compartido de la Academia de Sabios.
—¿No estás tomando una decisión apresurada?
Cuestionó Radu.
—Han pasado dos días desde que ese valen mató a mi equipo. Creo que fue suficiente tiempo para pensar en algo.
Dijo Dren mientras empacaba lo necesario en una bolsa de tela. Usaba una camisa sencilla y un pantalón de lino, calzando unas botas de cuero, mientras su uniforme como general de Morvakar permanecía tendido sobre una de las sillas.
—Pero... ¿ir solo a Draeven?
—De esta forma nadie sabrá quién soy.
—¿Tú crees que nadie reconocerá a un varkai? Y más con...
Antes de que Radu señalara el cabello de Dren, este lo cortó con una daga, dejando al hemaryn sin palabras.
Le entregó el cabello y Radu lo tomó por reflejo.
—Listo. Ahora luzco como ustedes.
Radu no podía creerlo. Miraba el cabello en sus manos, aquella melena característica de los varkai que consistía en un pelo de considerable longitud, acomodado en una coleta o en trenzas, que ellos se negaban a cortar debido a su significado espiritual y porque los diferenciaba de los valen y los hemaryn.
Entendió que Dren iba completamente en serio con aquella locura.
Lo vio colgar en su cuello un colgante que tenía en el centro una garra de oso fundida en plata, símbolo que recibían los varkai que pertenecían al ejército de Morvakar y que, hasta hacía unos días, le había pertenecido a Soren.
—Siento que no pudieras darle la despedida que se merecía.
—Yo también lo siento.
Tomó su bolsa.
—Me voy.
—No hagas nada tonto.
—Sí.
*
Mientras tanto, en la Nación del Sol, las cosas no iban mejor que en Korynthia o Valacryn.
—¡¿Qué sucede?! ¡¿Por qué no se mueven?! ¡Les dije que quería a todos los híbridos de...!
Aurelion se detuvo al ver a alguien sentado sobre una roca, afilando su arma. A simple vista podría pensarse que se trataba de Kaelen, pero aquel individuo era claramente más joven y no se trataba de cualquier varkai; lo sabía por el uniforme que portaba.
—¡Identifícate!
El joven lo miró. Entonces se puso de pie y comenzó a acercarse.
—Es bueno verlo, general. Soy Kaelor Varek, hijo mayor de Kaelen Varek, y tengo entendido que usted invadió parte del territorio que está bajo la jurisdicción de Morvakar.
—Es un asunto de importancia. Imagino que tu padre está al tanto.
—Así es, lo está.
—Entonces comprenderás por qué estoy aquí.
—Aun si se trata de un problema que afecte a toda Elyria, debemos respetar los límites, por el bien del tratado de paz entre Solmara y Morvakar.
—¿Ustedes se harán cargo de los híbridos?
—Sí. En Morvakar ya tomamos medidas para controlar este problema.
—Bien, lo tomaré en cuenta.
Aurelion le hizo una señal de retirada a su tropa y se retiraron.
Mientras caminaban, Aurelion llamó a uno de sus soldados.
—Ve a Solmara y solicita al ministro y consejero Sereth un permiso para ingresar a Velkyn.
El soldado respondió con un eufórico:
—¡Sí!
Y luego se retiró.
La insistencia de Aurelion por buscar híbridos era obsesiva y no le importaba tener que invadir territorios para hacerlo.
*
En Solmara, Solan recibió los informes del tamizaje.
—¿Ni uno?
—No, majestad. El tamizaje que ejecutamos indicó que no hay híbridos en Solmara, pero sí en Morvakar. Nuestros informes indican que ellos tienen la custodia de uno de los que causaron problemas en Korynthia.
Indicó Sereth.
—Sí, recibí el informe, pero señalan que no muestra habilidades valen, entonces es Morvakar quien se hará cargo de ese híbrido.
#1112 en Fantasía
#1483 en Otros
#66 en Aventura
aventura epica, criaturas magicas fantasia y poderes, conflictos familiares magia y miedos
Editado: 30.06.2026