Dynasty Of The Damned

CAPÍTULO 8: EN BUSCA DE...

En una taberna de Selkar, en la nación de Draeven, la noticia de la desaparición de Seraphine y Alaryk había llegado a oídos de aquellos que pasaban por dicho lugar. Era de esperarse que aquella noticia no solo se quedara en conocimiento de los líderes de las otras naciones, aunque las reacciones eran distintas, ya que mientras muchos dieron la orden de resguardo para la princesa y el joven príncipe de Valacryn, aquellos cazarrecompensas, traficantes y mercaderes también tenían el mismo objetivo, pues para ellos era más valiosa la recompensa que pensaban cobrar por los hijos de Su Majestad Vlad Draevenor que unos híbridos que estarían quién sabe dónde y haciendo quién sabe qué.

Había rumores de que estaban vagando por la zona este de Korynthia; otros mencionaban que estaban por llegar a Morvakar. Pero ¿quién tenía la razón?

—Mañana partiré para el puerto. Iré a Korynthia para encontrar a esos niños.

Dijo un hombre mientras sostenía su mapa y una bolsa con drakhs, seguramente para aquel viaje que planeaba hacer.

—¿Korynthia? ¡Ja! Pierdes tu tiempo. Yo escuché que están en Morvakar.

Dijo otro.

—Yo también escuché que estaban en Morvakar.

Dijo un joven apareciendo de repente, vestido con una capa con capucha que no permitía que la mitad de su rostro fuera visible.

Ambos hombres miraron al joven que se unía a la conversación. El joven tomó asiento.

—¿Y quién te dijo que estaban en Morvakar? Mi fuente es certera y es información clasificada.

Lo cuestionaron.

—Tengo mi fuente confiable. Dijo que estaban en... agh, no recuerdo el nombre exacto del sitio. El Paso de la... o el Camino de... agh. Perdón, llevo días caminando y tengo la mente algo confusa.

Se excusó el joven.

—Ningún paso o camino. Están al otro lado de las Montañas Rocosas.

El joven chasqueó los dedos efusivamente.

—¡Eso! Casi se me olvidaba. Bueno, si me disculpan, tengo que retirarme. Son muchos los que buscan a los hijos de Su Majestad y no soy la excepción.

Uno de los hombres comentó:

—¡Oye! Yo sé quién eres. Eres el valen que trabaja con Toren, el maldito que robó mi carga de astralita hace unos meses.

—¡Se equivoca! No conozco a ningún Toren.

El otro hombre le bajó la capucha de golpe, dejando ver el cabello rubio del muchacho.

—¡Sí es él!

De repente, aquel hombre se puso de pie y se aproximó a él de manera amenazante.

—Toren te envió para sacar información, ¿no es así?

El joven no respondió. En su lugar, volteó la mesa frente a esos hombres y corrió hacia la salida. Uno de ellos dio una señal a sus hombres, quienes se pusieron de pie de inmediato y bloquearon el paso para impedir que escapara.

El joven miró a su alrededor buscando una salida.

—Bien... solo no dejes que te atrapen.

Se dijo para sí mismo mientras adoptaba una postura de combate, sujetando una daga, siendo esta su única arma.

Y comenzó el combate del joven contra los otros delincuentes de la taberna.

Mientras golpeaba a uno, otro lo atacaba por detrás. Tirarlos al suelo había sido una técnica útil, pero no era suficiente. En medio del enfrentamiento perdió su daga. Intercambiaba golpes con ellos; algunos impactaron en su rostro y abdomen, pero él devolvía cada uno de ellos.

Se apoyó en cualquier cosa que encontró a mano como arma: jarras, vasos, platos y sillas.

Lo tiraron al suelo nuevamente y, antes de ser golpeado por una silla, giró y logró ver su daga. La tomó y se puso de pie para seguir luchando, causando solo heridas menores para mantenerlos al margen.

Cuando le arrojaron otra silla, la esquivó. Esta terminó rompiendo una ventana, la cual él vio como su salida.

Sin perder tiempo, usó su habilidad Lumen. Condensó la luz en un destello cegador, con lo que consiguió huir por aquella ventana.

—¿Dónde se fue?

—¡Agh! ¡No veo nada!

Todos se quejaban por la ceguera temporal que les había dejado el joven.

—Un momento... ¿y mis drakhs? ¡Ese maldito!

*

Aquel joven caminaba mientras contaba las monedas dentro de la bolsa que había "encontrado".

—Está bien, es una buena cantidad de dinero.

Guardó la bolsa, pero entonces escuchó un graznido en lo alto. Al levantar la vista vio un halcón.

—Maldición, sabe que estoy aquí.

Se quedó en su sitio, y el halcón descendió hacia él.

—A ver qué tienes ahí.

Vio un papel atado a la pata del ave y lo tomó. Al leerlo no pudo evitar fruncir el ceño.

—Bien... igual no tengo opción.

Cambió de rumbo hacia un lugar de Selkar donde residía Toren Eldryn, un varkai muy reconocido cazarrecompensas de Draeven.

Al enterarse de la noticia de la princesa, Toren enseguida se había puesto manos a la obra. Sin embargo, ninguno de sus hombres lograba encontrarla, por lo que seguramente había optado por enviar a su halcón Silver para llamar a su última elección para aquel trabajo.

Cuando llegó al lúgubre edificio, entró con la misma confianza de alguien que había estado allí muchas veces.

—Te tomó algo de tiempo.

—Estaba terminando una tarea cuando tu ave me encontró.

—¿Y cómo te fue?

—No muy bien.

Dijo señalando el hematoma que se iba formando en la comisura de su labio, intentando restarle importancia, ya que Toren no debía saber que poseía algo de dinero o corría el riesgo de perderlo.

—¿Para qué me buscabas? ¿Acaso se trata de un nuevo trabajo?

—Sí. Y es bueno.

—¿De qué se trata?

—Encontrar a la princesa y al príncipe de Valacryn.

El joven asintió, fingiendo ignorancia, como si él no hubiera tenido exactamente la misma idea.

—Dos personas. ¿No es algo arriesgado? Digo, hablamos de los hijos de un rey. Su guardia real debe estar buscándolos.

—Y no los encuentran aún. Según mis datos, podrían estar en Morvakar.

—Morvakar...

—Hazlo y liquidaré tu deuda. Además, tendrás una generosa paga por el trabajo.




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