Dynasty Of The Damned

CAPÍTULO 14: SÉRAPHINE

Eryx no dejó de caminar. No planeaba dejar de buscar. Pero, tras pasar la frontera sur de Morvakar e ingresar a territorio Velkyn, no obtuvo señal alguna del paradero de los príncipes, como si hubieran desaparecido por completo.

Caminaba ya sin rumbo.

<< ¿En qué me equivoqué? Debería estar cerca de ellos. >>
<< Oh... ¿ya están muertos...? >>

Observó a su alrededor. Bosques frondosos, pero seguramente, si caminaba un poco más y salía de ese mar verde, encontraría algún pueblo y ahí obtendría alguna información.

Llegó a un pueblo varkai.

—Hola.

Lo miraron de pies a cabeza. El rubio de su cabello no pasó desapercibido y muchos, por no decir todos, lo ignoraron.

—Estoy buscando a alguien.

—¡No hay híbridos! ¡Eso le dijimos a tu general!

Anunció un hombre de edad. Llevaba un colgante de colmillo, vestía de negro y se encontraba sentado en medio de muchos jóvenes varkai, quizás dándoles lecciones, pero aun así estaba notoriamente disgustado con la presencia de Eryx. Sin embargo, las trenzas varkai que decoraban su cabellera, cuidadas y adornadas, le indicaban fácilmente a Eryx que era el líder de aquel pueblo.

—No busco híbridos.

Eryx se acercó al hombre y, de dentro de su camiseta, sacó un colgante. Se lo mostró mientras cerraba la mano derecha en un puño y la llevaba al pecho a la vez que inclinaba la cabeza.

El hombre examinó el colgante. Era diferente al que tenían los miembros del ejército. Mostraba un símbolo de unión: una garra de lobo de cobre.

—¿Tu padre era aliado de Morvakar?

El hombre le devolvió el colgante. Eryx volvió a colocárselo al cuello.

—Así es.

El hombre lo miró aún con desconfianza.

Negó con la cabeza mientras observaba a Eryx, intentando encontrar alguna señal de falsedad en él.

—No había valen luchando por Morvakar.

—Soy huérfano, señor.

Dijo Eryx bajando la cabeza.

—El hombre que me crio era un hemaryn que peleó junto a Kaelen Varek. Me llamo Eryx Morvain.

El hombre asintió.

—Debió de ser un hombre honorable...

—Lo era.

No se atrevió a levantar la cabeza, ya que, a pesar de que Eryx veía a su padre como un hombre honorable hasta el fin de sus días, él se había vuelto todo lo contrario.

—¿A quién buscas, muchacho?

Cuestionó el hombre.

—Al príncipe Kaelor Varek y a su hermano, Rhaegor Varek. Se escaparon de Morvakar hace unos días y su padre espera su regreso.

—No sabía al respecto.

—Las noticias tardan en llegar.

—Bien. Los varkai siempre ayudamos a los nuestros.

Aquel hombre dio un silbido agudo.

—... Le diré a nuestro rastreador que te ayude con tu búsqueda.

En ese momento apareció un lobo de pelaje opaco, con algunas cicatrices notorias.

—Gracias, señor.

—No tan rápido. Noté que conoces las costumbres de los varkai.

—Eso es porque viví en Morvakar parte de mi infancia.

—Ya veo. Ayúdame, muchacho.

Eryx ayudó al hombre a ponerse de pie. Este tomó un bastón y caminó junto a Eryx y al lobo.

—Y... ¿qué haces en Morvakar?

—Solo sirvo allá. No puedo ser un soldado de Morvakar porque soy un valen, pero al menos puedo hacer pequeños trabajos.

—Ya veo...

Caminaron hasta llegar a su hogar. Durante el trayecto, Eryx notaba las miradas.

—Últimamente hemos tenido problemas con el general Aurelion. Su ejército ha quemado varios bosques solo por los híbridos.

—No se preocupe. Entiendo que reaccionen así al verme.

—No debió de ser fácil...

—Mi padre decía que nada era fácil. Que siempre había alguien que complicaba las cosas.

—Ya veo. Era un hombre de guerra. Es normal que pensara eso.

Eryx asintió en respuesta.

Los ojos del hombre cambiaron a un tono jade. Entonces, el lobo de aquel hombre se adentró en el bosque.

—Llamen a Sahir. Él te guiará por el bosque. Le dije que buscara a los príncipes.

—Muchas gracias, señor.

Un varkai ingresó.

—Señor, ¿me llamaba?

—Así es. Irás con... Eryx Morvain para ayudarlo a encontrar a los príncipes de nuestra nación.

—Lo haré, señor.

Dijo el varkai realizando el mismo gesto que Eryx había hecho al presentarse.

—Pueden irse. Mientras más pronto, mejor, ¿no es así?

—Así es. Gracias, señor.

.

.

.

Se dirigieron al bosque.

Sahir estaba acompañado de su lobo.

—Bien, Tera, busca a...

Eryx interrumpió al varkai.

—¿No necesita nada que pertenezca a los príncipes para rastrearlos?

—No. Él sabrá qué buscar.

—Ya veo...

Eryx caminó lentamente hasta quedar frente al varkai.

—En verdad lo siento.

—¿Qué?

*

—No te ves bien.

—Gracias.

Respondió Séraphine de manera sarcástica para sentarse en el suelo.

Darian miró alrededor, analizando su entorno. Habían estado sin comer y Séraphine era la que más estaba presentando complicaciones por el viaje.

—¡Darian! Veo humo... Debe ser de alguna aldea cercana. Deberíamos ir para allá.

Darian miró en la dirección que Alaryk señalaba.

—Es posible, pero no sabemos si se trata de algún posible aliado o enemigo.

Darian miró en dirección al humo señalado por Alaryk.

—Según me enteré, el ejército de Solmara estaba en Velkyn...

—¡Pero mira a mi hermana! No se ve bien.

—Alaryk...

Pronunció Séraphine. Alaryk giró la vista hacia ella.

—Puedo seguir... tranq...

—¡No! Decir que puedes seguir es tonto. Apenas te mantienes de pie, estás pálida y sudando.

—El príncipe Alaryk tiene razón. Princesa, no está bien.

Darian suspiró, dudando de la posible decisión que estaría por tomar.

Hizo que Séraphine se sentara tras unos arbustos.

—Veré si es un sitio seguro. Necesito que se quede con la princesa. Yo iré a ver si se trata de una aldea amiga o no.

—Bien.




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