Ebrio Instinto

HERIDAS SIN DOLOR 1

Las risas ya eran algo natural, los besos a escondidas y sin sentido también lo eran.

Porque no era algo que controlara.

Era algo que las copas le entregaban cuando brindaban y bebían, una detrás de otra.

Le encantaba la sensación ardiente de la bebida pasando por la garganta, al punto que con su corta edad, era esclava de ello.

Y ella sabía que su esclavitud le podía provocar la muerte.

Le atormentaba la conciencia, le atormentaba cada gota, al despertar de su ebriedad.

Los dolores de cabeza eran algo normal, algo a lo que estaba acostumbrada al punto de casi no sentirlo.

Su compañero de copas también era así, la acompañaba a todos lados hasta que morían en las calles cada mañana.

Como a ella le había enseñado su padre, como a él le ordenó ella. Porque para ella era una forma de herirse sin dolor. Y para él era una forma de no pensar.

Y los dos simplemente tenían un objetivo. 

Desparecer.

«Lo has matado, Alyssa»




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