Ecd

02---Arco: Prólogo

02

Un día normal en la comisaría central de costa dorada. Apenas si hay llamadas.

Sofía está leyendo un manual de usuario.

Tar se acerca a ella —¿Qué estás leyendo?.

—El manual de usuario para la nueva pistola sónica. El nuevo diseño lo hizo Valentino ¿Te gusta?— Sofia levanta la nueva pistola, ahora tiene la parte de arriba de color rojo.

Tar se queda pensando.

—¿Quién es Valentino?.

Sofia guarda silencio unos segundos.

—... Es uno de los que diseña los artefactos.

—Eso me quedó claro.

—¿Entonces?.

—Esas cosas vienen en cajas. En correo. No vienen ellos a entregarlo.

—¿Y?.

—Mencionar a una persona, como si todo el mundo lo conociera, es raro.

Sofía lo mira.

—¿Y vos qué?.

Tar la mira, confundido.

—En fin… ¿dónde está Javier?— Tar pregunta mirando para todos lados.

—Subió una foto con Zang anoche. Se habrá quedado dormido.

Tar se queda callado y piensa —Lo hizo otra vez.

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Después de media hora, Javier entra en la comisaría.

Pelo desordenado. Barba sin afeitar. Lentes de Sol. Camisa mal abotonada.

Camina hasta la recepción.

—Hola… Lira.

Ella lo mira. Con sus cuatro ojos oscuros.

—Anotando. Javier Oliveira llega una hora y media más tarde. Descontar el sueldo.

Javier resopla. Camina tambaleándose hasta su lugar en la comisaría.

—¡Ahí estás!— exclama Tar.

—Ey…

—¿En serio viniste así?— pregunta Sofía asqueada.

Javier la mira confundido. Piensa. Se abotona bien la camisa.

—Arreglado.

Tar y Sofía al unísono:

—No creo que… no importa.

Javier mira la caja de su escritorio. La abre. Saca la nueva versión de la pistola sónica.

—Q-qué buen diseño… Valentino es un genio.

Tar se queda callado.

—Ey, Tar— dice Javier, apuntándole con el arma.

—¡¿Qué haces?!.

—¿Será que ahora si noqueará humanotauros?.

—Me llegas a disparar y… te parto en dos.

Ante la amenaza, Javier dejó de apuntarle.

—Según lo que estoy leyendo, a máxima potencia si podría noquear a alguien como Tar— responde Sofía.

—Al fin. No quiero ser racista pero.

—¿Pero?— interrumpe Tar.

—... Pero… pero… pero…

—Creo que quiero decir que los humanotaouros, como vos, tienden a enojarse muy rápido y su descomunal fuerza es un peligro— salva Sofía.

Tar se queda pensando.

—Tenés razón. Pasa nos gusta sentir al máximo nuestras emociones. En mi pueblo siempre se dice “¿Para qué amar si no vas a morir de amor?”— dice Tar mientras sonríe.

Javier también sonríe. Sofía sigue leyendo.

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El día está tan tranquilo. Vayamos a ver que pasa en la playa.

Costa Dorada no tiene una playa tan espaciosa. Por encima de las playas construyeron muchos puertos.

—La ciudad debería de llamarse “Puertos Dorados”— dice un joven a otro.

—Creo que… estás filosofando demasiado— responde.

Ambos jóvenes están sentados en una manta en la arena. El sol les da directo.

Sus mochilas están a sus costados, como sus camisas, las cuales tienen bordadas el escudo de la Universidad de Costa Dorada (UCD).

—Marcos…

—¿Sí?.

—¿Sos de asistir a tu iglesia?.

—Bueno… soy seguidor de Patrix. Ya sabes, no tenemos una iglesia donde ir.

Su amigo se voltea hacia él.

—Oh…

—¿Qué querías saber?.

El joven mira al suelo —¿Confías en tu dios?.

Marcos se muestra confundido. Mira al océano.

—Mi hermana le agradece todos los días y a ella parece irle muy bien en su vida. Así que supongo que sí confío en Patrix.

—Entiendo…

—¿Y vos? ¿A quién seguís?.

—Yailin.

Marcos se queda petrificado. Ambos se quedan mirando al océano.

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El nombre de la ciudad, obviamente, fue puesto antes de que se construyeran los puertos.



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En el texto hay: magia, comedia situacional, drama ligero

Editado: 15.03.2026

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