06
En la iglesia de Galen (a quince cuadras de la plaza central) se encuentra Javier acompañando a su amigo.
—Gracias por venir.
—Todo por mi amigo Zang…
—Que oración más rara.
—... Nunca había entrado en ésta iglesia.
Javier mira todas las estatuas del dios Galen que hay en cada ventanal.
—Se lo ve muy… elegante.
Javier mira a su amigo.
—¿De verdad sos de la iglesia de Galen?.
—¿Eh?... Galen no prohíbe salir a fiestas…
—No creo que a lo que vas se le puedan llamar fiestas.
—La gente se divierte. Hay música. Diría que sí es una fiesta.
Un señor se acerca a ambos.
—Por favor, quítese los lentes.
—Oh… es que…
—Javier— interrumpe Zang.
—¿Qué?.
—Literalmente tengo cuernos, piel roja, colmillos afilados, orejas puntiagudas, tus mismos ojos y una cola que termina una punta de lanza… acá no te van a decir nada.
Javier lo mira. Se quita los lentes. El señor agradece y se va.
—Hablando de fiestas… ¿te acordas del señor que te encontraste en la que fuimos?.
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Javier y Zang estaban en una fiesta en la playa. Completamente alcoholizados.
—¡Ey Zang! me voy a mear por allá.
—¡Dale! después voy.
—¡¿Eh?!.
—Creo que no me entendió— pensó Javier.
Tambaleándose, subió una colina de arena hasta unos arbustos.
Mientras estaba en lo suyo, apareció un señor.
—Tranquilo Javier, seguí en lo tuyo, yo en lo mio.
—¡¿Cómo sabes mi nombre?!.
El señor se quedó callado mientras meaba. Hizo pose de pensar.
—Creo que es obvio ¿no?.
—Tu hija se cambió a la iglesia de Dorcaster. Que mal…
—¡¿Eh?! ni yo sabía eso.
—¿Por?...
—... Es complicado— dijo entristecido Javier.
Comenzó a llorar.
—No entiendo muy bien, pero… ¡Ya sé!— exclamó.
El señor extendió su mano.
—Si tomas hasta que no puedas más, vas a tener tres días de buena suerte.
Javier solo miró al señor. Por pura inercia aceptó el apretón de manos.
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De vuelta en la actualidad.
—Es verdad. Le dí la mano con la que sostenía su pene. Que puto asco— dice Javier.
Zang intenta contener la risa —Me refería si al final tuviste esos tres días de buena suerte.
Javier deja de estar asqueado. Piensa.
—Me apuñalaron, llegué tarde al trabajo, me van a descontar mi sueldo… ah pero me gané un café gratis y las compras del supermercado también.
Zang se quedó pensando.
—Tal vez entonces no era un portador de magia como pensábamos.
Las luces de la iglesia se apagaron. Se comenzaron a escuchar notas angelicales. Zang se paró. Todos los demás también se pararon. Javier también.
Del altar a Galen comenzó a salir un extraño humo azul. Hasta tomar el cuerpo de una mujer.
—Me llamo Aris, vocera de Galen. Hoy seré quien de la misa actual. Es un placer.
Javier se quedó mirando. Zang lo golpeó despacio con su codo.
—No seas tan obvio, tarado.
—Ya se porque sos de la iglesia de Galen— se burló Javier.
De pronto la voz de la bocera retumbó por toda la iglesia:
—Zang Dorin. Javier Oliveira, de la iglesia de Patrix.
Ambos la miraron temblando.
—¿Hay algo que quieran agregar?.
Ambos dijeron:
—¡Usted es muy hermosa!.
La vocera los ignoró.
—Comencemos.
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Al terminar, ambos salieron avergonzados.
—¿Por qué salió eso de mi boca?— preguntó Javier confundido.
—¿Eh? no se le puede mentir a una deidad en su iglesia… ¿Cómo no sabes eso?.
Javier se le queda mirando, extrañado.
—Patrix no tiene iglesia. Nunca fui a una.
—Pero si fuiste a la escuela… no importa, al menos nuestro pensamiento más sincero no era tan desubicado.
Ambos amigos caminaron hasta abandonar por completo el lugar.
Zang se fue por otro camino.
Javier caminó tranquilo. Hasta que comenzó a notar miradas extrañas. Se tocó la cara.
Sacó lentamente sus lentes de sol. Se los puso. Siguió caminando.
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Un día más en esta tranquila ciudad.