10
Marcos está caminando cerca del mirador de la playa.
Mirando su celular.
¡Crash!.
Marcos se asusta al ver a dos personas peleando.
—¿Debería de hacer algo?— se pregunta así mismo.
¡Crash!.
Marcos mira para todos lados. Ve al fondo un auto de policías.
—¿Policías? supongo que ya lo habrán escuchado ¿no?— se excusa.
Camina rápidamente lejos de la situación.
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Marcos llega hasta el local Humburguers (a siete cuadras de la plaza principal).
Entra. Mira para todos lados.
—¡Acá!.
Marcos ve a su amigo. Camina hacia el. Se sienta.
—¿Te hice esperar mucho?.
—Nah… como media hora nomás.
—Perdón.
Su amigo le da una hamburguesa envuelta.
—Espero que no seas alérgico a algún ingrediente.
—Soy celíaco.
—¿Eh?.
—Era un chiste.
El amigo lo mira sin decir nada. Marcos lentamente desenvuelve su hamburguesa y comienza a comer.
—¿Qué te parece el lugar?.
Marcos analiza la arquitectura del local.
—Es como… una mezcla entre moderno y antiguo. Espero que éste nuevo local no comience a traer gente rara.
El amigo lo mira extrañado —Sos medio prejuicioso ¿no?.
Marcos sigue comiendo lentamente su hamburguesa —¿Por?.
—Por nada…
El amigo se queda pensando. Recuerda algo.
—¡Cierto! ¿Vamos a ir entonces al Costa Rock?.
—No creo que vaya… ya no tengo plata.
—Oh…
El amigo se queda pensando. Tuvo una idea.
—Ayúdame a entregar paquetes del culto Yailin.
—¿Dijiste culto?.
—Iglesia, dije iglesia.
Marcos lo mira con miedo.
—Pero dale, ayúdame. La iglesia queda cerca del Parque Esmeralda.
—¿Eso no está como a veinte minutos en colectivo desde la plaza central?.
—Creo… lo importante es que el trabajo que nos dan es fácil.
Marcos lo ve con atención.
—Solamente tenemos que llevar unos paquetes a donde nos digas.
—No me digas… sin hacer preguntas ni mirar lo que llevamos.
—¡Si! ¿Ya hiciste un trabajo para ellos acaso?.
Marcos desvía la mirada lentamente. Ve que hay una estatua dorada.
—Mirá, es raro que los locales de comida tengan estatuas de dioses. Ese creo que es Phy.
—El dios más raro…
Marcos mira a su amigo, analizándolo —Si…
Llega una camarera. Marcos intenta no mirarla.
—Perdonen chicos… pero ¿podrían ayudarme respondiendo un cuestionario?.
Marcos intenta disimular que está comiendo. Aunque si está comiendo.
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Ambos amigos salen del local unas horas después y comienzan a caminar.
—¿Entonces?.
—¿Qué?.
—Lo que te propuse para conseguir plata. No queda tanto tiempo para el festival, las entradas van a ir desapareciendo.
Marcos se queda pensando.
—Hacelo por mí. Va a ser muy aburrido ir solo…
Marcos sigue pensando mientras caminan por la ciudad.
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En la iglesia de Yailin (a quince minutos en colectivo desde la plaza central) por la tarde noche.
Un grupo de adeptos está preparando varios paquetes con estatuas de Yailin talladas en madera.
Entra un adepto con ropa distinta a los otros. Túnica blanca en vez de azul.
—¿Dónde están las cajas de la juguetería?.
—Por allá— señalan al de túnica blanca.
Camina lejos de los demás.
Uno de ellos se ríe.
—¿Por qué nadie le dijo que tiene una túnica blanca?— mencionó entre risas.
—Callate, que te va a escuchar. Es el nuevo.
Los compañeros que están a su lado también comienzan a intentar aguantar la risa.
El de túnica blanca vuelve con muchas cajas.
—Muchas gracias— les dice mientras se está yendo.
Al caminar se queda extrañado de las pequeñas risas, pero no le da importancia.
Sale del almacén hacia la parte principal de la iglesia.
Va hacia Marcos y su amigo.
—Acá tienen. Pueden usar las bicicletas de allá. Por favor no las entreguen tarde.
Al irse, Marcos comienza a sentir un ruido. Gira a su amigo.
—No puede ser— dice entre risas.
—¿Eh?.
El amigo no le quiere explicar el chiste.