Ecd

12---Arco: Costa Rock

12

Tar está esperando en la parte de afuera de los baños.

Una larga fila lo acompaña.

De pronto comienza a escucharse el sonido de una batería y el bullicio de muchas personas.

En la fila muchos comienzan a mirar hacia donde, en teoría, está el escenario. Pero se aguantan.

Hasta que uno decide salir corriendo, con lágrimas en sus ojos.

Nadie lo siguió.

—Gracias por esperarme— le dicen a Tar.

—No hay problema, compañero— responde.

Ambos comienzan a patrullar. Se fijan en sus mapas y notan que no les toca cerca de ningún escenario.

La antena sobre la cabeza del Ginseng comienza a titilar.

—¿Seguro que no sos un robot?.

—¿Qué? pero, ya te confirmé que soy un robot.

—Pensé que era un chiste.

—No todo es un chiste, Tar.

—Así dicen en mi pueblo.

Ambos siguen patrullando.

---

Cerca del primer escenario, donde se escuchan personas gritar y el ruido de varios instrumentos. Están Javier y Sofía.

—Mirando el mapa, me di cuenta de que en ningún momento vamos a estar cerca del escenario principal— se entristece Sofia.

—No pensé que te gustaba ese tipo de música. De hecho no pensé que te gustaba la música.

—¿Por?.

—No sé… ruido muy… fuerte.

—¿Qué estás insinuando?.

—Perdón. Creo que sí me pasé ésta vez.

—Pero tenes razón.

—¡¿Eh?!.

—No me gusta la banda que va a tocar.

—Ahh.

—Pero lo quería grabar para uno de mis hermanos…

—¿Desde cuando tenes hermanos?.

—Desde siempre… literalmente… porque soy la menor de los diez.

—¿Tenés diez hermanos?.

—Algo así…

Sofía se para a pensar. Recuerda algo.

—¡Pará! vos no me contas de tu pasado, no te voy a contar del mío.

Javier se frena.

—¿Con que estámos en esa?.

—¿En que?.

—No te cuento de mi pasado porque vos me esquivas las preguntas importantes… como con las manzanas.

—¡Cierto! me debes una manzana.

—¡¿Vez?!.

---

Un dron volando le manda información a su dueña.

—Pff. ¿Qué hacen esos policías peleando entre ellos?.

Se saca las gafas extrañas.

—Sé que estás acá. No te escondas.

Comienza a pensar. Cada vez piensa más profundo. Cada vez más. Más.

—¡Hola!— la interrumpe Zang.

—¿Qué? ya te di mi identificación.

—No es eso. Ya está comenzando a refrescar, te traje un café.

Le alcanza la bebida con su cola.

—¿Siempre haces ésto?— pregunta la chica.

—¿Qué cosa?.

—Mostrar que evidentemente tenés sangre demoníaca ¿Es tu forma de ver quien te soporta y quien no?.

Zang se queda congelado.

—Yo… no hago eso.

—Gracias por el café.

La chica lo analiza de pies a cabeza.

—No. No sería una buena idea.

—¿Qué cosa?.

—Seguir viendote después del festival.

Zang se pone nervioso. Se calma.

—Al menos consideraste la opción… creo.

—Considero todas las opciones.

Se toma el café de un solo trago.

—Si me traes cinco más de éstos, tu probabilidad de tener mi atención el día de hoy va a ser alta.

—¡A sus órdenes!.

Zang va en busca de más café.

---

Marcos está sacando fotos a su amigo.

—¿Me queda bien la remera?.

—Si… no sabía que te gustaba esa banda.

—Nunca los escuché en mi vida.

---

Sofía está patrullando sola.

Parece malhumorada. Se asoma a un puesto de bebidas.

—Deme una.

—¡Akio!.

—¡¿Ké querésh?!.

—¿Cómo que quiero, eh? ¡Un cuerno hasta arriba!.

Un cuerno vuela hasta las manos del que atiende. Se lo da a Sofía.

—¿Cuánto es?.

—La policía tomó gratis.

Sofía entonces camina mientras toma.

El cartel del puesto dice en grande “sin alcohol”.

---

Marcos y el amigo comienzan a caminar.

—Y entonces pensamos que estaba muerto, pero no lo estaba.

—Que loco— exclama Marcos.

—Si… así que lo tuvimos que perseguir hasta matarlo.

Marcos se frena de golpe, con miedo.

—Tranquilo Marcos, es normal ¿como pensas que se matan las gallinas que comes?.

—No es por eso.

Marcos esconde a su amigo y a él detrás de un árbol.

—¡Ésto no tiene ni sabor, eh!— dice enojada Sofía mientras pasa sin verlos a ambos.

Cuando se termina de ir, ambos salen.

—Que suerte que no me vió.

—¿Quién es?.

—Amiga de mi hermana… es todo muy raro con ella.

—Entiendo.

—En fin, sigamos.

Ambos siguieron.

---

En un puesto de café.

—¡Gracias! después te los pago.

Zang camina con los cafés intentando que no se le vuelquen.

—Entonces lo tuvimos que agarrar entre todos para poder sacrificarlo.

—Que loco.

Zang se queda congelado del miedo al escuchar eso.

—¿De qué hablaban esos?...

Vuelve en sí.

—¡Cierto! los cafés.

Camina rápido y concentrado.

---

Marcos se contiene la risa.

—¿Qué pasa?— pregunta su amigo.

—¿No viste al rarito de los cafés?.

Ambos voltean y ven que está intentando esquivar todo. Parece que baila.

—Pero que tarado— se ríe Marcos.

---

Tar y Jinsen patrullan.

—¿Esa no es del ECM?.

—¡¿Dónde?!— se emociona Tar.

Jinsen señala a una chica con lentes raros y grandes.

—¡Es verdad!.

—¿Qué hace acá? ¿Vamos a preguntar?.

—¿Preguntar? seguro que está en algo importante…

—Mejor. Tal vez la podamos ayudar.

Ambos caminan hacia ella. Se detienen. Llega alguien con mucho café. Se tropieza y cae al suelo. Los cafés, por suerte, caen uno encima del otro completamente ilesos.

La chica palmea la cabeza del chico en el suelo. Los ve a Tar y Jinsen.

—¡Ustedes! ¡Vengan!.

Tar se emociona.

—Jinsen, parece que vamos a hacer algo grande hoy.

Caminan hacia ella.

---

En otro lado del festival, una persona con un cuerno de unicornio está comiendo una manzana.



#1974 en Otros
#593 en Humor
#1525 en Fantasía

En el texto hay: magia, comedia situacional, drama ligero

Editado: 15.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.