16
Departamento de Javier, por la noche.
El extraño silencio es adornado por el balbuceo de la tele.
Las noticias están pasando la pelea en el festival de hace unos días.
Todos los involucrados, a excepción de Zoe, tienen la cara pixelada.
Las únicas declaraciones que dio la estratega del ECM fue:
—Fueron de gran ayuda.
—Y después de eso se fue, parece que nuestra heroína siempre está ocupada— exclama el entrevistador.
—¿Quienes serán esos policías locales? o mejor pregunta ¿Qué estarán haciendo ahora?— pregunta a cámara el presentador.
—¡Ahh!— se despierta gritando Javier en su sillón.
—¡Auch!— se queja del dolor.
Apenas pudiendo moverse logra alcanzar el control de la tele. Apaga la tele.
Su celular comienza a sonar.
—Está muy lejos— dice mirando hacia su celular que está al alcance de su mano.
Sigue sonando.
—”Una semana de descanso” eso dijo la jefa… eso tendré.
Sigue sonando.
Sigue sonando.
Sigue sonando.
Sigue sonando.
Sigue sonando.
Para de sonar.
—Bien.
¡Plaf!.
Su puerta se abre de una patada propiciada por Zang.
Corre hasta la sala. Se frena de golpe.
Javier se le queda viendo.
—¿Qué?.
—¿Por qué no respondías?.
—Perdón. No escuché que sonara, además no se donde está mi celular.
Zang caminó hasta sentarse en el sillón.
—Me había preocupado.
—Ey. Zang— dice Javier con voz tranquila.
—¿Qué pasa?.
—Doce mil pesos.
Zang lo vé confundido.
—La puerta.
Zang ve la puerta. Completamente rota.
—Las cosas que se rompen se tienen que pagar ¿sabes?.
—Si, si, después te arreglo la puerta. Vine para ver que estés bien ¿necesitas algo?.
—No realmente pero ya que estás… podrías ir a comprarme una tarta de ricota.
Zang se para.
—¡Obvio!.
Se queda unos segundos en silencio.
—¿No me vas a dar la plata?— pregunta estirando su mano.
Javier lo analiza.
—No sé dónde está mi billetera.
Zang se sienta.
—Bueno… tal vez podría ayudarte con otra cosa.
Javier se queda pensando. Se acordó de algo.
—¡Cierto! ¿Podrías ir hasta donde trabajo para buscar un paquete?.
Zang se levanta.
—¡Obvio!.
Se queda callado unos segundos.
—¿En dónde trabajas?.
---
Zang llega a la comisaría central en su auto.
Mira el mapa de su celular.
—Es acá.
Se baja de su vehículo y camina hasta la entrada.
—¿Zang?.
Alguien dice su nombre antes de entrar. Se voltea.
—Oh. Sofía ¿No?.
—Correcto.
Ambos se saludan con un apretón de mano.
—¿Qué haces acá?.
—Vine a buscar un paquete para Javi.
Sofía se sorprende.
—¿Y ese no se puede mover o qué?.
—Parece que no…
—¿De verdad? pensé que ustedes se recuperaban más rápido.
Zang aguanta la risa.
—¿Por qué te reís? lo apuñalaron y a los días ya estuvo re bien.
Zang se queda en silencio.
—Tenés… toda la razón.
Sofia lanza una pequeña risa.
—Ese tipo. Seguro que no va a salir de su casa en toda la semana.
Sofía mira a Zang.
—¿Hace cuánto se conocen ustedes dos?— interroga con una sonrisa Sofia.
—Diez años tal vez.
Sofia lo analiza.
—Antes de que busques el paquete… ¿Querés ir a un bar que está por acá?.
—¡Obvio!— ni lo pensó.
—Ya terminó mi turno, así que no hay problema.
—Trabajas hasta muy tarde.
—Tar se rompió el brazo así que por un rato voy a cubrir su horario.
---
Luego de caminar unos minutos llegaron al bar.
Pasó una hora, Zang ya estaba borracho.
Ella finge que toma.
—Cómo que tardas mucho en terminar eso ¿no?— pregunta medio dormido Zang.
—No, no. Mirá los vasos, tomamos la misma cantidad.
Hay seis vasos vacíos. En teoría tres cada uno.
Sofía mira los vasos con una leve sonrisa y suspira.
Zang le presta atención.
—¿En qué pensas?.
Sofía lo mira a los ojos.
—Estaba… estaba pensando en la hija de Javier.
—¿Li?.
Sofía sonríe.
—Si… me estuvo contando cómo fue todo…
—¡¿En serio?! que raro él hablando de eso.
—¿Qué pensas vos?.
—¿Yo? bueno… es un tema delicado la verdad…
Sofía agarra su vaso con ambas manos y lo mira.
—Entiendo… pero seguro que algo podrías decir.
—Que él… fue un buen padre.
—¿Fue? ¿ya no es un buen padre?.
—Tenés razón, cambio mi respuesta, es un buen padre. Aunque no la puede ver.
Sofía lo mira con frialdad.
—¿Por?.
—¿Eh? dijiste que te contó— Zang para de tomar y la ve a los ojos.
Sofía no responde.
Zang sonríe.
—¿No será que tomaste mucho y ya te olvidaste de lo que dijiste?.
—Es probable ¿no?— responde entre risas.
Zang rápidamente cambia la cara. La mira.
—¿De verdad que tenes sangre de hada?.
—¿Eh? creo que queda claro con mi pelo— ríe nerviosa Sofía.
—Sí pero… me refiero a si realmente tu linaje mas fuerte es el de las hadas.
Zang comienza a observar su pelo.
—Pelo claramente característico de las hadas. Tu piel rosa también dice mucho… pero.
Sofía pensó:
—¿En qué momento este era tan analítico? ¿realmente sabe tanto de biología?.
—... Pero tus ojos— recalca Zang.
—¿Qué tienen?.
—El color esmeralda que tienen.
—Son… completamente normales en las hadas.
—No… nunca había visto unos ojos esmeralda tan… lindos.
¡Plaf!.
Zang se durmió y golpeó su cabeza contra la mesa.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
—¿Qué?.
¿Qué?.