Ecd

18---Final. Mini-Arco: Hay que hablar

18

Comisaría central.

Laura está en su despacho. Mirando archivos.

En su computadora se ve la pelea contra el unicornio berserker.

Toma café.

—Puaj— se asquea.

Sopla fuego hacia la taza.

Toma café.

—Puaj.

El golpe de la puerta la interrumpe.

—Pase.

Un señor abre la puerta. Su carnet que le cuelga dice ECM.

—Que impaciente— le dice Laura.

El señor se sienta.

—Es que sigo sin entender.

—Creeme, nadie en ésta comisaría lo entiende— responde Laura mientras sigue tomando su café.

—Por eso es perfecto.

—Capitan Adriel, me sigue pareciendo extraña su forma de reclutar personal del ECM, pero créame, no todos quieren ser héroes.

—Mi señora.

—No me digas así.

—Mi… capitana. Déjeme hablar con él para entender su rechazo.

Laura toma su café.

—Lo único que puedo hacer es llamarlo, decirle que estás y él me va a responder. Si dice que no, se va a tener que ir.

Adriel se pone unos lentes color rojo.

—Me parece bien.

---

—¿De que te tenes que disculpar con Zang?— pregunta Javier haciendo pose pensativa.

—Es que…— balbucea Sofía.

—Te lo voy a pasar, solamente me pareció raro.

Sofía se queda pensando. Algo quiere salir de sus pensamientos.

—Despues de…

—Después de…— repite Javier.

—El día que peleamos contra el rarito asesino unicornio…

Javier se sorprende.

—Bueno… vos…

Javier comienza a jugar con sus propios dedos.

—¿Yo?... creo que se…

—Déjame terminar la oración— exclamó Sofía.

—Pero también te quería hablar de eso…

—Ah…

—Se que…— Javier comienza a ver para otro lado.

—Se que te conté cosas y después no seguí hablando de esas cosas— Javier intenta pensar cada una de las palabras.

Jinsen y Tar los miran mientras comen.

—Pasa que viste como es esto…— Javier murmura.

—¿Es algo difícil de hablar?— pregunta Sofía mirándolo seriamente.

Javier la mira sorprendido.

—Creo que sí…— responde Javier.

—¿Crees que sí o sí es difícil de hablar?.

Javier piensa. Se rasca la nariz.

—La, la, la, la. Bueno, te voy a contar— responde Javier, con una mirada decidida.

Tar, Jinsen y Sofía se acercan para prestarle más atención.

—Mí… hija. No puedo verla… o sea sí pero no.

Lo miran confundidos.

—La cosa es que ella, obviamente, también es como yo…

Lo siguen mirando. Javier cada vez suda más.

—Entonces bueno… su mamá no quería que ella tuviera una infancia como la mía…

Ahora todos lo miran un poco tristes.

—Tampoco es que haya sido tan mala pero, para que la de ella sea mejor, se la llevó a su pueblo…

Javier sonríe levemente.

—Los de su pueblo son un poco como ustedes… no les importa tanto esto del linaje…

Javier suspira.

—Así que allá está teniendo una mejor vida— termina Javier.

Sofía se para.

—¿Qué haces vos acá?— pregunta, mirándolo con confusión.

—Trabajando ¿no?.

—No tiene sentido… ¿Por qué no fuiste con ellas?.

—¿Eh? ah… ya estábamos separados… además ella quería que yo estuviera lejos…

—¡¿Por?!.

—Tal vez tuve… una pelea con su hermano… un poco violenta…

—Parece más una justificación que una razón— dice contundente Tar.

Javier mira al suelo.

—Pero bueno, esos son problemas en los cuales no me gusta opinar— sigue Tar.

Sofía se sienta.

—Supongo que tendrás tus razones verdaderas… te terminaremos de juzgar cuando sepamos toda la historia ¿no?— termina Tar.

—A mi no me importa— responde Jinsen mientras sigue comiendo.

Sofia mira para otro lado. Piensa. Se acuerda.

—Pfft. Yo no puedo juzgarte tanto…

Javier la mira confundido.

—Emborraché a Zang para sacar este tipo de información después de que no me quisiste seguir contando.

—Que… miedo— menciona Javier.

—Ustedes dos… empiecen a tratarse mejor— dice Tar.

Tar se aparta para seguir comiendo.

Suena el teléfono del escritorio de Javier. Responde.

—¿Si? digo ¿Qué necesita? Capitana.

—Adriel quiere hablar con vos en privado para convencerte de que entres en su escuadrón.

Javier lentamente baja el teléfono hasta cortar la llamada.

Sofía lo mira.

—¿Estás bien?.

—Si, si… entonces, ahora no estoy tan seguro de darte el número de Zang.

—¡¿Vos vas a juzgarme?!— se indigna Sofía.

Ambos se ven. Javier se ríe nervioso.

—Supongo que tenés razón— dice Javier mientras acerca su celular con el contacto de Zang.

El ambiente se pone cada vez más cálido.

Todos miran sus respectivas computadoras.

Cada uno está cómodamente sentado en su silla.

Tomando café.

Comiendo.

Tomando nota.

El ruido del aire acondicionado.

Las teclas.

El clic del ratón.

Las lapiceras escribiendo.

Las hojas cuadradas despegándose para anotar.

—¡Ahí estás!.

El grito hace girar a todos al mismo tiempo.

—¿Ese es…?.

—¡El Capitán Adriel!— responde Tar emocionado.

Adriel camina hasta el escritorio de Javier.

—¿Por qué?— pregunta apuntando con su dedo.

Javier mira confundido. Mira a Sofía. Mira a Adriel.

—¿Por qué no querés unirte al ECM?.

—Ah… era eso.

Javier se pone de pié.

—Señor.

Adriel pone atención.

—No quiero unirme al ECM, porque…

Adriel pone más atención.

—No quiero trabajar todos los días a todas horas.

—¡¿Eh?!.

—Además de que cada misión si es como la del unicornio… seguramente que me voy a cansar demasiado— termina Javier de responder.

Javier hace un saludo militar y se sienta.

Adriel mira al suelo. Piensa:

—Eso tiene… sentido.



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En el texto hay: magia, comedia situacional, drama ligero

Editado: 15.03.2026

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