19
Marcos y su amigo están caminando cerca de su universidad.
—Empezó nomás el nuevo cuatrimestre, eh…
—¿Estás desanimado?— pregunta Marcos.
El amigo agacha la cabeza.
—Tal vez…
—¿Por?.
—No conseguí cupo en las materias que quería.
—Te entiendo…
Ambos agachan la cabeza.
Siguen caminando. Un cartel de una nueva pastelería les llama la atención.
—¡Compremos algo!— se emociona el amigo de Marcos.
Ambos cruzan la calle con cuidado y entran al local.
—Bienvenidos— les dice la cajera.
Marcos ve que tiene escamas, aunque son apenas visibles.
—¿Un dragón?— murmura.
Su amigo lo vé.
—No hagas eso… mirá sí.
—¿Por qué tu amigo me mira así?— interrumpe la cajera.
Ambos chicos la ven con miedo. Se ponen nerviosos.
—¿Qué van a comprar?.
Exhala una pequeña llamarada de su boca.
Se asustan mas.
—Te dije… que dejes de ver mal a las personas— le reclama.
Marcos agacha la cabeza de vergüenza. Aprieta los puños.
—Que exagerada que sos hermanita— corta la tensión una voz angelical de un chico.
—¿Huh? esa voz… ¿es de un dragón?— se pregunta confundido Marcos.
Ambos chicos voltearon lentamente.
Ven a un chico sin escamas visibles y con una bata blanca. Parece un científico.
El chico ve que lo mira.
—¿Por qué me miran raro ahora a mí?— la voz angelical se hizo siniestra.
Marcos y el amigo se ponen de rodillas.
—¡Perdón!— dicen ambos a la vez.
El chico de bata se acerca. Sus ojos se ponen como agujas. Frena.
—Estaba jodiendo— responde sonriendo amablemente.
—Valentino— interrumpe la cajera.
—Ludmila— responde el chico de bata con una sonrisa.
—¿Vas a comprar algo?.
—No, no, solo vine a saludarte.
Ludmila sonríe, pero detrás de ella un aura negativa muestra sus verdaderos pensamientos.
—Era… era un chiste. Dame lo más caro…
Marcos agarra a su amigo y sigilosamente intentan salir.
—Pero, pero… quería comer algo dulce…
—Busquemos en otro lado, estos dos son raros…
Como Marcos estaba mirando a su amigo al hablar, chocó con un cliente que recién entró.
—Pe… perdón, no estaba mirando— se disculpa Marcos sin mirarlo.
Al mirar al suelo, ve que se le cayeron unos lentes de sol.
Marcos los agarra.
—Perdón otra vez…
Ve directamente a los ojos triangulares y rojizos del nuevo cliente. Las ojeras hacen resaltar más aquella mirada.
Se le quedó viendo.
—¿Un demonio policía?— dice el amigo de Marcos confundido.
Aquel policía los mira a los dos.
—Si— responde sin decir nada más. Se pone los lentes.
Marcos y su amigo intentan pasar a su derecha.
El policía se mueve al mismo tiempo a dónde se movieron ellos.
Los tres se miran.
Se escucha el sonido de la puerta abriéndose.
—Che Javier, te olvidaste tu billetera— dice una voz femenina.
Javier se da vuelta.
Busca en sus bolsillos.
—Ni cuenta me dí.
Marcos se asoma y ve a la policía que entró.
—¡¿Sofía?!— se exalta.
El amigo de Marcos se ríe.
—Perdón, perdón. Tu reacción fue muy exagerada— se disculpa con su amigo.
—¿Marcos?— la voz de Sofía se escucha con cautela.
Lo mira fijamente.
—Sofía… Javier…— murmura Valentino.
Valentino se queda pensando. Sigue pensando. Piensa más. Busca en lo más profundo. Se acuerda.
—¡Verdad! tengo que ir a la iglesia de Galen.
Ludmila lo queda mirando.
Valentino toma un pedazo de torta y la comienza a comer.
—Ey… tenés que pagar eso primero— dice dulcemente Ludmila.
—¿No hay descuento para tu hermano?.
—No.
—Entiendo, entiendo— dice mientras su mirada se desvía hacia los dos chicos y los dos policías.
—¿Entonces?.
Valentino no le está prestando atención. Vuelve a ver a su hermana.
—¿Qué? ¡Ah! perdón… es que, miralos…
Ludmila y Valentino miran a los cuatro.
El amigo de Marcos está con miedo en frente de Javier mientras que detrás de el policía está Sofía escondida, al igual que Marcos detrás de su amigo.
—Qué raras son las interacciones entre humanos ¿no?— examina Valentino mientras prueba otro bocado.
—¿No somos humanos acaso?.
Valentino la mira. Sonríe levemente.
Ludmila lo mira con asco.
—No me mires así como si no fuésemos humanos, vas a confundir a la gente.
Valentino suspira.
—Bueno, creo que ésto ya se estiró demasiado… mejor vuelvo a mi trabajo.
—¿No te olvidas de algo?.
Valentino mira a su hermana. Apoya su mano en la cabeza de ella.
—Mucha suerte en tu jornada.
Ludmila empieza a reírse nerviosa. Su mirada se clava directo en la de su hermano. Pequeñas exhalaciones de fuego acompañan su sonrisa.
—¡Págame lo que te estás comiendo, tarado!.
Se escucha la puerta del local abrirse otra vez.
Los seis voltean al mismo tiempo.
Un hombre con gorra y tapabocas entra.
Mira a todos.
Todos lo miran.
Piensan al mismo tiempo:
—Él…
—Es…
—...
—Creo…
—Que…
—...
—No lo conozco.