20
Nikolao, camuflado con una gorra y un cubrebocas está siguiendo de lejos a dos sospechosos.
Éstos entran a una pastelería.
—Entraron a un local— avisa por su comunicador en su reloj.
—Seguí esperando.
Nikolao se sienta en un pequeño banco que parece tener un almohadón.
Era de concreto.
—¿Quién construye éstas cosas?— se queja.
Mira a la gente pasar mientras pasan los minutos.
De pronto llega un patrullero.
Nikolao se pone alerta. Toca su reloj.
—Llegaron policías al lugar.
—No vayas, mantené la calma.
Nikolao ve como entra un oficial.
Ve que la compañera parece estar leyendo en el auto.
—Se la ve tranquila, debe de ser coincidencia… me resulta conocida— se dice así mismo.
—Mirá ma, ese tipo parece que está vigilando a la chica policía— lo interrumpe un niño con su madre.
Nikolao se pone nervioso.
—No es lo que parece…
La madre agarra al niño en brazos y se va rápido.
Nikolao se queda mirando.
Voltea hacia el local. La oficial entra corriendo. Nikolao se alerta.
—Parece que está pasando algo…
—Ya te dije, no intervengas.
—Pero…
—Nomas quedate viendo.
Nikolao se queda sentado. Comienza a inquietarse.
Se para.
—Seré cauteloso— se dice así mismo.
Cruza la calle rápido y entra al local.
Dentro están:
Sofía, Javier, Marcos y su amigo, Valentino y Ludmila.
Los seis se giran hacia él.
—¿Me descubrieron?— piensa.
Todos dejan de verlo y siguen hablando.
Nikolao suspira. Analiza el panorama.
—Parece que todo está bajo control— murmura.
Ve a los policías.
—Hey a vos te conozco— le dice a la policía mujer.
Sofía se voltea. Lo ve fijamente.
—No sé quien sos— responde fríamente.
Nikolao se enoja. Pero frena sus palabras.
—Cierto… nadie tiene que saber…
Nikolao ve al suelo.
—¡Ey!.
Levanta la cabeza. Un chico de bata lo empuja y sale corriendo del local.
Los policías se giran hacia la puerta.
—Tranquilos. Es mi hermano, más tarde le saco lo que me debe— tranquiliza la situación Ludmila.
Marcos y su amigo se escabullen y salen corriendo del local.
Nikolao se gira rápido y también sale a perseguirlos.
—Ya me cansé de esperar— dice mientras activa su reloj.
De su espalda comienza a salir fuego hasta que el saco que tenía se destruye mostrando un jetpack.
Desde el cielo comienza a perseguir a los dos chicos.
¡Fium!.
Un disparo sonico pasa cerca de él. Mira hacia atrás, los policías lo persiguen.
—¡¿Eh?!.
—¡Deja a esos chicos en paz!— avisa Sofía desde el altavoz.
Nikolao se enoja. Se saca el cubrebocas y la gorra.
—¡Soy del ECM, estúpidos!.
El patrullero frenó.
—¡¿Qué parte de que nadie te descubra no entendiste?!— se escucha desde el comunicador.
—¡¿Cómo supiste?!.
—¡Activé tu comunicador!.
—¡¿Qué?!.
Nikolao se frena. Se queda callado.
—Parece que… los perdí.
—¡Qué estupido que sos!.
—¡¿Yo?! ¡Vos me desconcentras!.
—¡Lo que digas, ahora encontralos antes de que le diga a Adriel!.
—¡Ah bue, Adriel, Adriel!.
—¡¿Qué estás insinuando?!.
—¡Creo que es bastante claro!.
Un niño mira a Nikolao gritarle a su reloj mientras vuela. Come un helado.
Llega la madre del niño y se lo lleva de la mano.
—¿Qué le pasa a ese señor?.
—Nada, nada.
La madre mira a Nikolao con asco.
Nikolao para de discutir.
—Basta… tenemos que ponernos serios.
—Está bien… pido perdón.
—Sabemos que ambos son estudiantes universitarios.
—Si…
—Solamente tenemos que esperar hasta que vuelvan y ahora si los atraparé.
Nikolao se va volando del lugar.