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Universidad de Costa Dorada.
Marcos, Demian y… Altair están caminando por el pasillo.
—Así que nomás estás recorriendo.
—Si… me mude hace poco así que quería ver que tal la universidad local— dice Demian nervioso.
—Tiene sus cosas malas… pero dentro de todo no nos podemos quejar— aclara Marcos.
—¿Dónde viven ustedes?.
—En… Costa Dorada— responden Marcos y Altair confundidos.
Demian se confunde más y comienza a sudar.
—Sí pero… me refería al barrio…
Marcos y Altair se miran.
—Somos del centro— responden ambos.
—Oh…
Se escucha una pequeña risa desde el reloj de Demian.
Demian tapa rápido el reloj.
Ambos chicos lo miran.
—Que rara alarma— dice Altair.
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Base secreta del ECM
—¡Tarado! fijate que el micrófono esté apagado— le reclama Zoe a Kevin.
Kevin no para de reír.
—Perdón, es que… es que no sabía que sus habilidades sociales eran tan malas— responde Kevin entre risas.
Un golpe en la cabeza de Kevin es proporcionado por Yesica.
—¡Ya dije perdón!.
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Volvemos a la universidad.
Los chicos siguen caminando por los pasillos.
Haciendole un tour a Demian.
—No recordaba que fuese tan grande…— se sorprende Demian.
—¿Eh? ¿Ya habías venido?— pregunta Marcos.
Demian se da cuenta de su error.
—No, no, me refería a que en fotos no se veía tan grande— intenta salvarse Demian.
—Suele pasar— dice Altair.
El ambiente es relajado, menos para Demian.
Los chicos caminan.
Pasan por la sala de música.
El mini museo de la universidad.
La plaza que tiene dentro.
Por la cafetería.
Sala de computación.
Los lugares de los centros de estudiantes.
El gimnasio y las canchas deportivas.
El cielo comienza a ponerse naranja.
—Que hambre— se queja Marcos.
—Yo quiero un café— se queja Altair.
Demian se queda callado.
Ambos lo miran.
—¿Vos?— pregunta Altair.
Demian los mira.
—También me gustaría un café…
—¿Y si vos vas a comprarte algo para comer y nosotros vamos a la pastelería? Ahí ví que venden café— propone Altair.
Demian al escuchar que se va a quedar solo con Altair comienza a sentir su corazón latir.
—Nah, mucho lío…
Demian se confunde.
—Tenés razón… mejor vayamos los tres a comprar un café— propone Altair.
Marcos se acerca a Demian.
—Ey… si estás incómodo con ir con nosotros avísanos, éste tipo socializa con todos aunque no quieran.
—Te puedo escuchar eh… aunque es raro que vos estés socializando sin juzgar a Damian.
—... Tenés razón… creo que no hay nada que me llame la atención para mal de Damian.
—Es… Demian— corrige en voz baja.
Los tres frenan en la salida de la universidad.
—Los acompaño, no tengo nada más que hacer— responde Demian.
—Bien y yo te pago el tuyo. Consideralo un regalo de bienvenida— menciona Altair.
Demian se queda viendo extrañado a los dos chicos.
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Pastelería cerca de la universidad.
Ludmila está tarareando una canción mientras ordena los postres de la vidriera.
Se escucha el ruido de la puerta.
Ludmila levanta la mirada.
—Hola… ¿Les queda café?— Dice Angie bostezando.
—Sí tenemos…— responde Ludmila mientras ve que la chica tiene una mochila con muchos rollos de papel.
—Gracias, gracias ¿Cuánto es?.
—¿Esos son planos?.
Angie se queda confundida. Mira su mochila.
—Ah… sí, tengo que terminarlos para mi expo.
Ludmila saca una taza y la sirve de café. Se la da.
—Que bien ¿De qué son los planos?.
Angie hace fondo blanco con la taza de café.
—Es… un plano para mejorar la plaza central… realmente no es tan interesante…
—¿Puedo verlo?.
Angie se muestra confundida, pero accede.
Ludmila ve detenidamente el plano.
—Está bueno, felicidades.
—Gracias.
Ambas chicas se quedan en silencio.
—¿Y cuanto es por el café?.
—¡Cierto! Serían quinientos pesos.
—Qué barato… dame otro para llevar.
—Claro… te lo invito yo.
—¿De verdad? Gracias por apoyar a la causa.
Ambas se ríen.
Ludmila le prepara el café en un vaso para llevar.
Angie la analiza.
—Para… a vos te ví por la universidad.
—Ehh, puede ser, también voy ahí— responde Ludmila.
—Entonces… si te cruzo en la expo te invito yo un café.
Ludmila sonríe.
Se escucha la puerta.
—¿Cómo te está yendo en el trabajo?— pregunta Valentino.
—¿Esta vez si vas a pagar?— pregunta Ludmila.
Valentino sonríe.
Angie lo vé, se queda callada mirándolo.
Valentino camina hasta el mostrador.
—Necesito que me des dos porciones de torta de chocolate.
—Con mucho gusto… pero primero pagalas— dice Ludmila con una sonrisa tierna.
—Somos familia, debería de tener el derecho de pagarte después— dice Valentino sonriendo.
—No lo tenés… a no ser que pueda después sacarte el doble— dice Ludmila con una voz dulce.
Ambos hermanos se comienzan a reír de manera alegre.
—¡Yo se lo pago!— propone Angie.
Valentino la mira. Sonríe.
—¿De verdad? ¿Cuál es tu nombre?.
—Me llamo Angela o Angie… y sí, no tengo problema en pagarte eso…
—Muchas gracias, si en algún momento nos volvemos a encontrar pedime lo que quieras An… eh…
Valentino se gira hacia su hermana.
—En fin, ya la escuchaste, así que dame las dos porciones.
—No, pagame vos— sonríe Ludmila.
La puerta del local se abre.
Marcos, Demian y Altair entran.
—Aunque la que atiende me da mala espina, la comida si está rica— menciona murmurando Marcos.
Demian se ríe hasta que ve a Valentino.