Echoes of the Forgotten

Capítulo 1 — Cobrizo y Plomo

El insistente sonido de un celular rompió el silencio del apartamento a las seis de la mañana en punto.

Debajo de un par de gruesas mantas, una figura apenas se removió con evidente desgano. Un brazo salió lentamente de entre las sábanas, tanteando la mesa de noche hasta encontrar el teléfono. Sin siquiera abrir bien los ojos, deslizó el dedo sobre la pantalla para contestar.

Al otro lado de la llamada se escuchó la voz de una mujer cercana a los cuarenta años, con ese tono que mezclaba preocupación y cansancio, como si aquella conversación se hubiera repetido demasiadas veces.

— Buenos días, Kellie. Quisiera saber si por fin encontraste un trabajo decente. Ya tienes veintiséis años y-

La llamada fue interrumpida antes de que pudiera terminar la frase.

Sin responder una sola palabra, Kellie dejó el celular nuevamente sobre la mesa de noche y volvió a hundirse entre las mantas con la esperanza de recuperar el sueño. Permaneció varios minutos dando vueltas de un lado a otro, acomodando la almohada una y otra vez, pero el intento fue inútil. Una vez despierta, su mente simplemente se negaba a descansar otra vez.
Con un largo suspiro de resignación, apartó las mantas de encima.

La tenue luz de la mañana reveló a una joven de veintiséis años. Su cabello pelirrojo, de un tono cobrizo que rozaba el anaranjado, era un auténtico desastre después de toda la noche. Varios mechones sobresalían en direcciones imposibles, mientras otros le caían sobre el rostro. Sus ojos permanecían entrecerrados por el sueño, aunque incluso así dejaban apreciar un llamativo color verde con ligeros matices turquesa que resaltaban con naturalidad.
Se pasó una mano por la cara antes de dejar escapar un bostezo.

— ¿Por qué mierda me levantan a esta hora?...

Arrastrando los pies, caminó hasta el baño. Abrió el grifo y dejó que el agua fría golpeara su rostro varias veces antes de comenzar con su rutina matutina. Se cepilló los dientes y luego se enfrentó a la parte más complicada de todas las mañanas, su cabello.

Durante casi quince minutos peleó con el cepillo intentando domar aquella melena rebelde. Por más esfuerzo que hiciera, siempre había algún mechón que se negaba a obedecer. Aun así, jamás había sentido interés por el maquillaje. Era una costumbre que nunca adoptó y que solía justificar con la misma frase de siempre.

— Prefiero ir al natural antes que engañar con maquillaje.

Finalmente satisfecha con el resultado o al menos resignada a él, salió del baño. Justo cuando iba a abrir el armario, notó que la pantalla de su celular se había iluminado. Era un mensaje de un viejo amigo de la infancia, alguien con quien había compartido los años de primaria y que, a pesar del tiempo, todavía mantenía el contacto de vez en cuando.

Con una ligera sonrisa respondió un simple "Buenos días" seguido de un "¿Cómo estás?", sin darle demasiadas vueltas a la conversación antes de guardar nuevamente el teléfono.

Entonces comenzó a vestirse.

Eligió unos jeans cómodos junto con un par de zapatillas Vans bastante desgastadas por el uso. Para la parte superior optó por una camiseta de manga larga color oliva que contrastaba perfectamente con la vieja chaqueta militar M67 que siempre llevaba encima. Aquella prenda tenía un enorme valor sentimental: había sido un regalo de su abuela adoptiva, por lo que rara vez salía de casa sin ella. Mientras terminaba de acomodarse la chaqueta, murmuró para sí misma siendo un presagio.

— Espero que hoy no haya problemas con los pandilleros del barrio en el restaurante

Guardó el celular en el bolsillo trasero del pantalón y salió de la habitación. Al llegar a la sala lanzó una rápida mirada a su alrededor por simple costumbre, era un gesto casi automático una pequeña manía que había desarrollado con el tiempo para asegurarse de que nadie hubiera entrado en el apartamento mientras dormía.

Todo estaba exactamente donde debía.

Tomó las llaves que colgaban junto a la puerta, salió del apartamento y cerró con dos vueltas de llave antes de comprobar que realmente hubiera quedado asegurada.

En lugar de esperar el ascensor, descendió tranquilamente los siete pisos por las escaleras disfrutando del silencio que aún dominaba el edificio a esas horas de la mañana. Una vez en la calle, emprendió el camino hacia la playa donde se encontraba el restaurante de su abuela.

Después de todo, estaba en Miami una ciudad que parecía negarse a dormir, sin embargo, aquel invierno estaba siendo más frío de lo habitual. Una brisa helada recorría las calles y el cielo permanecía cubierto por un manto gris que amenazaba con lluvia, obligando a los pocos peatones madrugadores a caminar con las manos escondidas en los bolsillos.

Tras casi treinta minutos de caminata, el restaurante finalmente apareció frente a ella. Kellie empujó la puerta de entrada, esperando encontrar el bullicio habitual de la cocina preparándose para otro día de trabajo.

En cambio, apenas cruzó el umbral, fue recibida por una noticia que hizo desaparecer cualquier rastro de sueño que aún le quedaba.

— ¡Ay, mi niña, ven acá un momentico!

Llamó Estela apenas Kellie cruzó la puerta del restaurante.

La anciana permanecía sentada en una de las sillas del comedor, con el ceño profundamente fruncido. Entre sus manos sostenía un papel arrugado que había despegado hacía apenas unos minutos de la puerta principal del negocio.
Cuando Kellie se acercó, Estela le extendió la hoja.

— Mira esta porquería esos descarados del barrio vinieron tempranito a dejarla. Dicen que ahora hay que pagarles "protección"... ¡Protección ni qué ocho cuartos! Lo que quieren es sacarnos los chavitos a la fuerza. Mi niña, esos sinvergüenzas nos están pidiendo un dineral.

Kellie leyó el contenido sin que su expresión cambiara lo más mínimo. Doblando nuevamente el papel, lo dejó sobre una de las mesas antes de dedicarle una sonrisa cálida a la mujer que prácticamente la había criado.



#389 en Fanfic

En el texto hay: cinco máscaras, un destino

Editado: 03.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.