El hombre de cabello ligeramente canoso fue el primero en reaccionar. A diferencia de los demás, no hizo ningún movimiento brusco al encontrarse con el cañón de la pistola apuntándole directamente al pecho. Permaneció sentado donde estaba, con las manos apoyadas sobre sus rodillas y una postura relajada, procurando transmitir la mayor tranquilidad posible. Su expresión no mostraba miedo, sino la serenidad de alguien acostumbrado a mantener la cabeza fría incluso en situaciones tensas.
Tomó una pequeña bocanada de aire antes de hablar con una voz firme, pausada y sorprendentemente calmada.
— Jovencita, antes que nada permíteme presentarme. Mi nombre es Marcus Holloway, tengo treinta y ocho años... Y, al igual que tú, todos los que estamos aquí recibimos la misma llamada y el mismo mensaje de texto. Esa es la única razón por la que terminamos reuniéndonos en este lugar.
Kellie no respondió de inmediato.
Sin bajar el arma, recorrió lentamente la habitación con la mirada, observando cada rincón como si buscara el más mínimo detalle fuera de lugar. Sus ojos pasaban de una persona a otra con rapidez, estudiando sus expresiones, la posición de sus manos y cualquier posible amenaza. Era un hábito que había desarrollado después de tantos años sobreviviendo entre pandillas; antes de confiar en alguien, primero debía asegurarse de que nadie estuviera esperando el momento adecuado para atacarla.
Solo cuando terminó de inspeccionar el lugar volvió a centrar la mirada en Marcus.
— Mucho gusto...
Respondió finalmente, sin perder aquel tono serio que parecía acompañarla en todo momento
— Pensé que esto era una emboscada... O algún mal chiste de una pandilla que quisiera vengarse porque hace unos días eliminé a uno de sus líderes.
La sinceridad con la que pronunció aquellas palabras provocó que el ambiente se volviera incómodamente silencioso durante unos segundos.
Aun así, Kellie terminó bajando lentamente la pistola. El arma dejó de apuntar directamente a Marcus y descendió hasta quedar junto a su pierna derecha, aunque seguía sosteniéndola con firmeza.
Los otros tres jóvenes dejaron escapar un suspiro casi al mismo tiempo, como si recién en ese momento recordaran que llevaban varios segundos conteniendo la respiración.
El peligro inmediato parecía haber desaparecido.
Marcus fue el primero en notarlo y aprovechó la oportunidad para romper la tensión.
— Bueno... Ahora que todos seguimos vivos, creo que lo mejor será presentarnos.
El comentario arrancó una pequeña sonrisa de alivio en Daniel.
El primero en levantarse fue el muchacho rubio que hasta ese momento había permanecido apoyado contra una pared. Tenía la apariencia del típico chico popular de secundaria: cabello cuidadosamente peinado, una postura exageradamente confiada y una sonrisa que parecía no desaparecer nunca de su rostro.
Se acomodó la chaqueta antes de señalarse con el pulgar.
— Me llamo Tayler Brooks. Tengo veintidós años y, por lo que veo, también soy el más joven de aquí...
Hizo una breve pausa.
Su mirada volvió a posarse sobre Kellie.
Una sonrisa traviesa apareció lentamente en su rostro.
— Aunque creo que lo más importante es otra cosa.
Kellie lo observó sin decir una palabra.
Tayler terminó de sonreír.
— Al parecer tenemos a una princesa entre nosotros... Solo que esta princesa viene bastante bien armada.
Nadie se rio.
Ni Marcus.
Ni Daniel.
Ni Naomi.
El único que soltó una carcajada fue el propio Tayler.
Kellie volvió a levantar la pistola con una rapidez que hizo desaparecer inmediatamente aquella sonrisa confiada del muchacho.
Su expresión seguía exactamente igual que antes.
Fría.
Inmutable.
Como si jamás hubiera cambiado desde que había entrado al edificio.
—Y esta princesa...
Respondió con un sarcasmo tan seco que incluso Marcus levantó ligeramente una ceja
— Es perfectamente capaz de ponerte una bala justo entre las cejas...
La habitación volvió a quedar en silencio.
Daniel dio un pequeño paso hacia un lado.
Marcus hizo exactamente lo mismo.
Naomi imitó el movimiento casi por instinto.
Sin necesidad de ponerse de acuerdo, los tres decidieron apartarse discretamente de Tayler.
El rubio soltó una risa nerviosa mientras levantaba ambas manos.
— Bueno... Entendido.
Kellie bajó nuevamente el arma.
La siguiente en hablar fue la única chica del grupo aparte de ella.
Tenía el cabello negro cuidadosamente peinado, rasgos ligeramente asiáticos y una postura mucho más reservada que la del resto. A diferencia de Tayler, parecía medir cada una de sus palabras antes de pronunciarlas.
Hizo una pequeña inclinación con la cabeza a modo de saludo.
— Mi nombre es Naomi Sato. Tengo veinticuatro años.
Sus manos permanecían unidas delante de ella mientras hablaba con tranquilidad.
— No tengo demasiada experiencia peleando... Pero sé bastante sobre computadoras. Programación, redes, sistemas de seguridad... Ese tipo de cosas. Creo que puedo ser útil de otras maneras.
Kellie escuchó toda la presentación sin interrumpirla.
Por primera vez desde que había llegado, terminó guardando la pistola dentro de la cintura de su pantalón.
Era una señal pequeña.
Pero suficiente para demostrar que comenzaba a confiar, aunque fuera un poco, en las personas que tenía delante.
Después caminó tranquilamente hasta una de las sillas libres y decidió sentarse justo al lado de Naomi.
La joven notó aquel gesto de reojo, aunque no comentó absolutamente nada.
El siguiente en presentarse fue un hombre de rasgos latinos y cabello oscuro.
Tenía una expresión mucho más seria que la de los demás y hablaba con un tono tranquilo, casi inexpresivo.
— Daniel Álvarez.
Se acomodó ligeramente la manga de la chaqueta.