Eclipse de medianoche

1. Starlight Cove

1

Starlight Cove

Ruby Windsor

—¿Estás lista para empezar tu nueva vida, Ruby?—la voz de mi tía resuena por todo el coche—. Espero que disfrutes de tu estancia en Starlight Cove.

Permanezco en silencio. Haylie sabe de sobra lo mucho que me cuesta empezar de cero. Este era el sueño de mamá, no el mío. Pero nadie parece haberse dado cuenta. Y yo que creía que mi tía era la persona que, con solo mirarme, ya sabía lo que me pasaba. Pero al parecer me equivocaba. Siempre lo hago.

—Tu madre estaría orgullosa de ti—murmulla, y la presencia de su voz me lle­va a la realidad. Mamá falleció el pasado mes. Le he dejado claro que no quiero hablar de ella, que me pone más sensible de lo que debería, pero ya veo que no puede contro­larlo. Era su hermana, entiendo que es difícil no hablar de ella. Pero es que también es mi madre. Y, por experiencia perso­nal, no es nada fácil estar escuchando los pésa­mes de todas las personas que habitan una pequeña sala, espe­rando a que la persona que más quisiste sea enterrada. Mis ojos se inun­dan de agua, rememorando cada momento que pasé con ella alguna vez. Haylie me mira, algo preocupada. Ella también parece estar triste. Hemos pasado por mu­cho. Especialmente yo, que era la que tenía más con­tacto con ella—. Lo siento, yo… no debería de haber di­cho nada sobre ella—consigue decir en un hilo de voz.

—No—niego, haciendo ver que no tiene que disculpar­se. Quizá solo quiere tener a alguien con quien hablar sobre ella. Alguien que la entienda. Alguien como yo—. Lo entiendo—continúo hablando después de una pe­queña pausa, ya que, sólo por su expresión, parece no haberme entendido—. Es tu hermana. Era tu hermana—corrijo, dándome cada vez más cuenta de que mamá no sigue aquí. Y, de que, por mucho que pasen los años, la seguiré añorando más que el día anterior.

—Nunca he querido hablar de ella, y eso tú bien lo sabes—confieso, aunque es algo que se ha notado desde siempre. No se me ha dado nunca muy bien abrirme a los demás. Pero estoy segura de que, si me siento cómoda con alguien, voy a contarle hasta el más mínimo detalle sobre mí. Y en todo lo que llevo de vida desde el incidente, no he explicado el por qué. Eso solo lo sé yo, pero quizás ahora es el momento. No me queda mucha gente de mi familia, solo a mi hermano mayor, aparte de la persona que está sentada junto a mi, claro—. He pensado que podemos hablar de mamá. Siempre que quieras, claro—aclaro—. Al fin y al cabo, si me sigo aferrando al dolor que siento cada vez que alguien ha­bla de mi madre, nunca voy a superarlo. Y es que no quie­ro hacerlo, pero me va a tocar si no quiero seguir en el mismo bucle temporal.

Haylie parece entenderme más que nadie. Sólo quiero que me abrace, pero no quiero pedirlo. Quiero sentirme segura con alguien, abrirme a ella. Quiero demasiadas cosas, pero no sé si algún día llegarán. Con esfuerzo y cariño, todo se consigue. O eso dicen. Y yo me aferro a esas palabras, como si el viento me quisiera llevar y yo lo impido a toda costa, agarrando una farola para no salir volando.

—Ya hemos llegado, Ruby—dice Haylie, que coge una bocanada de aire antes de hablar de nuevo—. Pásatelo bien, ¿vale?

Odio las despedidas, y más si no sé cuando voy a vol­ver a verla. He venido aquí para empezar de nuevo, pe­ro no sé si es eso lo que realmente quiero.

—Lo intentaré—aseguro, posando mi mano en el cora­zón. Justo cuando estábamos más unidas que nunca, por cosas de la vida, nos tenemos que distanciar. Y me duele tanto cómo si me estuviesen clavando un puñal en el pecho—. Te quiero, Hay—suspiro, y me acerco a ella para darle un breve abrazo. Me abraza más fuerte y me deja ir.

—Yo también te quiero, cariño.

🕷

Dejo las maletas para desempacarlas más tarde, pues ahora mismo no tengo ganas. Theodore, mi hermano, al cual suelo llamar Theo menos cuando estoy enfadada, ha llegado por sorpresa. Podría haber venido con noso­tras en coche, pero ha preferido ahorrarse los momen­tos incómodos que han habido. Él también va a empe­zar una nueva vida aquí. Según he investigado, Blackthorne no es una mala universidad. Mañana llega el gran día, y quién sabe si haré nuevos amigos. Cruzo los dedos por un buen rato, esperando que solo así todo vaya a mejor.

—¿Se puede?—consulta mi hermano, que se encuentra al otro lado de la puerta. Theo es un gran chico, no le irá mal hacer amigos. Es más mayor que yo, así que va­mos a clases distintas, lo cual se hace más complicado, porque, si quiero buscar una distracción o a alguien con el que pueda hablar, no voy a poder hasta la salida. O hasta que nos dejen tiempo libre. Le doy mi aprobación con un susurro, y a continuación ya se encuentra en mi habitación—. ¿Nerviosa?

Si estuviera en mi lugar, no le haría falta ni preguntarlo. El corazón me late exasperadamente deprisa, y me su­dan demasiado las manos, lo que me resulta frustrante cuando quiero sostener algo y se me resbala.

Agarro su mano y la posiciono en mi corazón. No tengo ganas de hablar, y creo que el centro de mi ser habla por sí solo. Enarca las cejas cuando ve que este va de­masiado deprisa.

—¿Y tú?—pregunto. Antes de que pueda abrir la boca, sigo añadiendo cosas—. Supongo que no tanto, dado que todas las veces que nos hemos mudado, encontra­bas a gente con la que poder pasar el rato.

—He de decir que soy bastante sociable, y en mi defen­sa, ellos venían hacia mí—intenta justificarse. Se pasa una mano por su pelo castaño, y me mira con una mira­da penetrante—. Además, le caigo bien a todo el mun­do, incluso sin quererlo.

—Si fuera tú, no lo tendría tan claro. A mí no me caes bien del todo—comento sarcásticamente, con una pe­queña sonrisa en el rostro. Theo imita mi forma de reír, y eso hace que lo que era una pequeña sonrisa, se convierta en una gigantesca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.