Eclipse de medianoche

2. breathin

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breathin

Ruby Windsor

—¡Salimos ya, Rub! —chilla mi hermano desde el salón.

Tengo que ponerme algo de maquillaje y los zapatos, y ya estoy lista, pero si le digo eso, va a meterme más prisa de la que ya me está metiendo ahora.

Y, por si fuera poco, se pasará media hora quejándose.

—¡Cinco minutos más!—grito, devolviéndole el mismo tono de voz que él. Cojo mis brochas y me pongo un poco de colorete, dándole toquecitos con esta. Tardo aproximadamente diez minutos, y, por muy raro que me haya parecido, no he escuchado ni una sola queja por parte de Theo. Abrocho los cordones de mis Converse favoritas y cierro la cremallera de mi mochilla. Bajo las escaleras lo más rápido que puedo, y me encuentro a mi hermano esperándome, con una de sus expresiones más serias que jamás ha puesto.

—Vamos a llegar tarde el primer día, hermanita—se queja, dándome la espalda.

—Lo siento—chasco la lengua y me la muerdo sin querer. Theo me mira, y por fin le saco una sonrisa.

Abro la puerta y la cierro cuando él me adelanta y pasa por delante de mí—. Toma—lanzo las llaves del coche al aire y mi hermano favorito las atrapa sin hacer mucho esfuerzo. Solía jugar al rugby, pero tuvo que dejarlo cuando se fracturó la rodilla. Ahora tiene miedo de volver a jugar después de tanto tiempo sin tocar una sola pelota. Él sabe que le apoyo plenamente, pero no creo que eso sea suficiente.

—Adelante, señorita. —Alza la mano y le choco, aunque sé perfectamente que no es eso lo que él quería hacer. Me abre la puerta para dejarme pasar, queriendo mantener su reputación de caballero.

—Tú y tu amabilidad. —Pongo los ojos en blanco y miro hacia otra dirección mientras me abrocho el cinturón.

El trayecto se me hace más corto de lo que me espe- raba. Me he estado hundiendo en mis pensamientos todo este rato. La universidad a simple vista parece ser grande. Es como una especie de castillo, compuesto por varios pilares a su alrededor.

—Ha llegado el momento de la verdad—suspira cuando apaga el motor del coche—. Quién sabe, a lo mejor alguien decide acercarse a ti—continúa, con una media sonrisa en el rostro, la ceja izquierda ligeramente levantada y una expresión de confianza excesiva. Al ver que no he reaccionado de la manera que él quería, cambia su expresión en un instante, y rectifica—. Seguro que haces muchos amigos, ya verás.

—Ojalá hacerlo fuera tan fácil como hacerlo.




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