Eclipse de medianoche

3. Colmillos llenos de sangre

3

Colmillos llenos de sangre

Noah Darlington

Ayer todo fue un aburrimiento. Solo me quedo en esta ciudad por mi primo. Me tiene como un esclavo pidiéndome que la vigile y la salve de todos los peligros que la rodean. Creo que aceptar esa tarea ha sido, definitivamente, una de las peores cosas que he hecho. Sin contar a todas las personas que he matado por dejarles sin una gota de sangre en su organismo. Pero es que qué buena está. Ahora controlo un poco más mis impulsos.

—Noah, ¿quieres venir conmigo?—la voz de Jay suena desde la otra habitación. Sé muy bien a lo que se refiere con eso. Quiere ir a “cazar”. Él lo llama así, pero yo prefiero llamarlo “muerte súbita”. No hay nadie que se me resista. Intentan huir, pero no saben que yo soy mucho más rápido que todos ellos. Quizá, si investigaran más, lo sabrían, pero es que no tienen ni el más mínimo interés.

—Dame dos minutos y te acompaño—le contesto al cabo de un rato. El viernes tenemos que tener cuidado. Hay luna llena, y todos los vampiros que habitan este pueblo saben muy bien que significa eso.

—¿Ya la has conocido? Va a tu misma clase—afirma mientras se acerca con paso ligero. Sé de sobra a quién se refiere. No hace falta ponerle etiquetas para saber que es ella. Es la única chica que Jay conoce, pero que ella ni siquiera sabe de su existencia.

—¿Enserio tenemos que hablar de esto?—pregunto, enarcando ambas de mis cejas, dejando que se formen esas líneas de mi frente, las cuales no se pueden ver por mi pelo, pero las siento perfectamente.

—Y tanto.

Intento esquivar el tema manteniéndome en silencio. Solo de pensar en lo mal que me fue ayer, me entran ganas de romperlo todo. Cuando me siento en la silla, me abrocho el último zapato y ajusto la lengüeta, para después levantarme y añadir:

—Ya podemos irnos.

La calle está vacía por la noche, lo cual me viene perfecto, ya que necesito alimentarme. Y así podré hacerlo sin tener que preocuparme por si alguien me ve. Escojo al primer chico que veo y me acerco a él. Intenta escapar, pero sin echar a correr, solo apartándose al otro lado de la acera, pero para su sorpresa, me mantengo atrás suya. Cuando lo pillo mirando al móvil, desprevenido, visualizo el momento. Le agarro ambos de sus hombros y le miro directamente a ambos de sus ojos.

—Escúchame atentamente. Esto no te va a doler. No grites.

Me acerco a su cuello, sin percatarme de que mi primo sigue ahí parado. Clavo mis colmillos lo más fuerte que puedo, para que la sangre sepa mejor. Cuando me aseguro de que no tengo más hambre y, sobre todo, está muerto, me chupo el labio con superioridad y así no desperdiciar ni una gota, para después limpiarme el resto de la sangre que queda con la chaqueta nueva vaquera que tan poco me costó robar.

—Así se hace, primito—le miro de reojo y meto las manos en los bolsillos. Cojo el cuerpo y lo arrastro por la calle mientras Jay me mira mosqueado.

—¿No podrías haberlo dejado vivo?—me sigue, pero se aparta unos metros de distancia. He hecho esto muchas veces, pero casi ninguna con él delante.

—Eso es lo tuyo, Jay. Yo no soy así. Yo soy el chico malo, ¿recuerdas?

—A veces me gustaría que fueras como yo—se acerca hasta mí y dedica una mirada fría, pero esta vez sin desprecio. Me aseguro, una vez más, de que nadie me ha observado arrancarle el cuello a aquel hombre. Tampoco es que me importe mucho. Nadie de esta ciudad, o mundo, va a tragarse que hay vampiros en Starlight Cove.

—¿Con ese pelo? No gracias—comento sarcásticamente, algo que ya es costumbre, así que no tengo que añadir ningún “es broma” ni nada por el estilo.

Jay Knight

Noah debería de ser como yo. No quiero que se alimen­te de personas inocentes. No han difundido el se­creto, ni siquiera lo saben. Algunos empiezan a sospe­char. Otros piensan que son picaduras o serpientes. Pe­ro lo cierto es que los humanos no saben lo que real­mente pasa. No saben que habitan cientos de vampiros en su pequeña ciudad. Starlight Cove solía ser seguro, pero eso ha cambiado.

—Ni se te ocurra dejar los zapatos manchados de san­gre en la nueva alfombra. Me ha costado sudor y lágri­mas comprarla—aclaro, lanzándole una mirada agresiva como señal de advertencia. Me cuesta tener que trabajar cinco horas al día para ganar una birria de dinero, cuando podría utilizar el control mental para tener todo lo que me diera la gana. Pero quiero justicia, incluso aunque sea un vampiro.

—Venga ya, si seguro que la has robado—contesta, y ni siquiera parece haberme escuchado, porque los deja justo encima de la pequeña alfombra que rodea el sofá.

—A diferencia de ti, yo trabajo duro para conseguir lo que quiero. Intento tener una vida normal.

—No puedes tenerla porque eres un vampiro. Tienes que hacer cosas que hagan la misma especie que tú. No puedes pretender ser un humano—contraataca, intentado dar una respuesta adecuada, como si eso implicara algo. Las gotas caen sobre el tejido blanco y rojo, y no parece quedar tan mal hasta que Noah los cambia de sitio y los sitúa justo en el centro, donde queda la parte más blanca de toda la alfombra.

Le tiro el marco de un cuadro, pretendiendo darle, pero lo coge al vuelo. Si hubiese estado desprevenido, se le

hubiera quedado clavado en la piel.

—Apunta al corazón la próxima vez. Aunque tampoco hubieras acertado—dice, con una sonrisa de los pies a la cabeza.

Puedo leer sus pensamientos sin ningún esfuerzo. Chasqueo mis dedos, y puedo verlo apretando su cuello, sin poder parar. Intenta protestar, pero solo escucho quejidos débiles.

—No quiero tener que matarte. —Me arrodillo ante él, buscando la manera de hacer que me perdone. Aprieto mis manos con fuerza, y de pronto ya no soy un vampiro. Soy libre. Puedo explorarlo todo, sin tener miedo de nada. Mi única preocupación es que me pisen. Ahí debo de tener cuidado. Puedo hacer mis propias telarañas si quiero. Y no tardo el mismo tiempo que una normal. Soy medio vampiro y medio araña, y puedo hacer lo que yo quiera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.