4
Noah Darlington
Ruby Windsor
Las luces de la casa no brillan tanto como antes. De hecho creo que han dejado de parpadear y se han apagado por completo, al igual que yo. Theo ha ido a comprar otras para cambiarlas. Yo me he desentendido del tema y me he quedado preparando la exposición para mañana. No quiero que se rían de mí el segundo día. Sería muy humillante. Y aterrador. Y vergonzoso. Y si mamá me pudiese ver, no estaría nada orgullosa.
El ruido de la puerta me lleva de vuelta a la realidad, y dejo mis pensamientos a un lado. Theo ya ha vuelto.
—Deja las bombillas en la mesa, ya las pondré yo cuando termine de repasar—grito desde el salón, que se encuentra a unos pocos metros de la entrada, donde mi hermano acaba de entrar—. ¿Theo?
Silencio. No se escuchan pasos. Ni siquiera respiraciones. Me levanto del sofá y dejo los apuntes a un lado antes de dirigirme hacia el pasillo, para después desviar la mirada hacia la entrada. No hay ni rastro de mi hermano.
—Esto no es un juego, Theo. No tiene gracia— refunfuño. Me llevo los dedos a la boca y me los muerdo, buscando un escape a mis nervios. Pero solo consigo hacerme más daño y ponerme todavía más nerviosa. Cierro la puerta de casa después de echar un vistazo fuera. Todo parece estar correcto. Quizá solo ha sido un poco de viento. Antes de poder cerrarla con llave, la presión me lo impide. No hace falta ser muy listo para saber que eso no ha sido solo viento. Alguien ha impedido que la cerrase.
—¡Ruby estoy detrás de la puerta!—se escucha al otro lado de la puerta una voz distinta a la de mi hermano, casi forzada. Theo se cree que soy tonta. Seguro que ya ha hecho varios amigos y me están gastando una broma. Creen que me lo voy a tragar. Pardillos.
—No, no a…
Pero antes de que le de tiempo a finalizar la frase, yo ya he abierto la puerta. Y no puedo creer lo que ven mis ojos.
—¿Noah?—expongo. Mis manos se van directamente a mi boca sin pensarlo. ¿Qué hace Theo con Noah? Espero que no sean amigos.
—¿Os conocéis?—interroga mi hermano, que se encuentra al lado de él, justo a la derecha. Se retoca el pelo con sutileza, y no cambia de expresión en ningún momento.
—Y tu nombre era…
—Ruby—completo.
—Como olvidar a la chica a la que no soporto. —No se acerca para entrar, justo como creía que haría. Solo se queda ahí parado mientras Theo entra a casa. Cuando veo que está lo suficientemente lejos, me acerco a Noah y le susurro al oído:
—Aléjate de él.
—O si no, ¿qué?
Le ofrezco una sonrisa pícara. No digo nada más, solo me alejo y me adentro a casa, siguiendo los mismos movimientos que mi hermano mayor.
—¿No me vais a invitar a pasar?—consulta desde fuera. Mi hermano anda con paso firme hasta la puerta, y le ofrece una bebida, pero él no la toma. Solo se queda parado, esperando a que alguien acepte su invitación pendiente.
—Adelante. Mi casa es tu casa—dice mi hermano con total seguridad. Me aparto de Noah y le dejo pasar.
—Y una mierda—susurro en bajito. Aunque me importa una mierda si lo ha escuchado o no. Así sabe lo mucho que lo valoro. Por mucho que me repugne, es el nuevo amigo de mi hermano. Y, al fin y al cabo, tenemos que apoyarnos pase lo que pase. Y no tengo ninguna duda de que eso haré.
Subo a mi habitación cuando los veo jugando a videojuegos en la sala de estar. Casi siempre soy yo la que juega con él. Pero, al habernos mudado y empezado una nueva vida, imagino que todo será distinto. Me alegro por que haya hecho un amigo. Sin embargo, que Noah sea ese “amigo” hace que la barriga se me descomponga. Y no en el sentido de tener mariposas en el estómago. Yo me refiero a en plan mal. Con verlo en clase y tenerlo al lado ya es suficiente. Pero no. Ahora tendré que verlo todos los días al salir de clase cuando me junte con mi hermano para ir vuelta a casa. O al menos eso es lo que tengo entendido. Continúo practicando lo que diré mañana, revisando cada línea por si cometo algún fallo. Cuando termino, me tumbo en mi cama, pensando cómo mi vida ha cambiado tanto desde el pasado mes. Y diría, sin ninguna duda, que mayo fue horrible. Demasiadas cosas pasaron ese mes. Desde el fallecimiento de mi madre hasta la separación de mi familia. Todo comenzó cuando mamá murió. Nunca llegamos a distanciarnos tanto. Bueno, pasamos unos cuantas semanas sin vernos, pero nunca un mes. Es algo raro. Ni siquiera tengo sus contactos. Los eliminé cuando tuve aquella pelea con mi tío. Por desgracia mis tíos siguen juntos. Él es un capullo en todos los aspectos. No puedo decir algo bueno de él, aunque me encantaría poder hacerlo, pero me es imposible. Ha tratado a Haylie como una mierda. Todos y cada uno de los días que han pasado desde que empezaron a salir. Hasta he contado las veces que la dejó en ridículo en frente de todos, y la ella se quedaba callada, pensando si su vida tenía algún sentido. Pero solo era fuerte por mamá. Y lo sigue siendo, a pesar de que ella ya no está con ella. Y jamás lo estará. Ya no estoy segura de si mi vida tiene sentido. Lo he dudado repetidas veces, pero ninguna como esta. Ni siquiera intento reprimir mis emociones. Dejo que todo salga. Porque sino, tarde o temprano lo harán. Y de la peor manera. Las pequeñas gotas de agua que recorren mis mejillas, terminan cayendo por mi cuello. Abrazo más fuerte la almohada que llevo sosteniendo un buen rato, pues me hace sentir segura. Molly, mi pequeña oveja de peluche, me observa todas y cada una de las noches en las que derramo unas pequeñas lágrimas en las sábanas de mi cama.
—¿Puedes bajar?—grita mi hermano desde el piso inferior. Estiro las manos hasta llegar a mi mesilla de noche, donde se encuentra una pequeña tira de papel, pero lo suficientemente grande para poder limpiarme las lágrimas. El rabillo del ojo está más marrón que nunca. Y lo odio porque me delata. Me echo un poco de agua en la cara antes de bajar. Así dejo menos evidencia.