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A través de la luz
Noah Darlington. Actualidad
Las mantas que lleva encima cubren muy bien todo su cuerpo. Su pecoso rostro se ve bien a través de la ventana, donde, con solo un suave movimiento, puedo verla mejor. No es una buena idea adentrarme en su casa y espiarla, pero la curiosidad me puede. Y eso hago. Me acerco a ella caminando de puntillas para no despertarla. Observo mejor cada detalle de ella. La inspecciono de arriba a abajo, fijando la mirada desde lo que presiento que son sus pies, hasta su pelo castaño.
No tengo ni idea de qué hago aquí a las tantas de la noche. Debería de irme a casa. Pero solo lo hago cuando veo que empieza a abrir los ojos. Siento el aire en cada parte de mi cuerpo. Una de las ventajas y desventajas de ser vampiro es que tus emociones se amplifican. Lo ves todo con más claridad. De hecho, yo nunca lo he visto como algo malo. Ser vampiro es lo mejor que me ha podido pasar en la vida.
No sé muy bien como me las apañaré con Theo. Si quiero estar al tanto de todo, tengo que estar junto a él. Y, como no, protegerlo. Jay no para de insistir. Es demasiado pesado. Las luces de fuera están apagadas, por lo que supongo que mi primo favorito ya estará dormido. Giro el pomo de la puerta despacio, tratando de no hacer ruido.
—¿Dónde has estado?—curiosea el hombre que, nada más entrar, me empuja contra la pared y cierra la puerta para que nadie pueda vernos.
—Por ahí—respondo un tanto cortante, sin apenas fuerza para hablar. Lo aparto de un empujón para dejarlo al margen. No tengo ganas de otra pelea. Ahora no—. Vamos a dejar esto para mañana, ¿vale? No me apetece tener que partirte la cara.
—Has ido a verla—acusa, e ignora mi comentario con toda la facilidad del mundo. Me posiciona delante suya, y me sujeta ambos de mis brazos para que no pueda escapar. Tampoco es que pensara de hacerlo.
—¿Qué? Ni de coña. —Niego con la cabeza. No parece creérselo, pero aún así asiente.
—Me voy a dormir—dice por fin, con la mirada tenue.
Suspiro un largo rato hasta que desaparece por completo. Ahora solo estamos la soledad y yo. Convocados en una larga reunión. En una que, dado lo que estoy viviendo, durará hasta la eternidad.
Jay Knight
No quiero acercarme a ella y liarla más que aquella vez con Sarah. Me comí la cabeza, intentando resolver un misterio sin solución. Como intentar montar un puzle sin tener la última pieza. Me sentía vacío sin ella, pero cuando Sarah estaba, todo era distinto. La vida me sonreía, los pájaros cantaban, el sol salía más temprano, las nubes no lloraban. Y ese sentimiento que tanto amaba se esfumó, sin siquiera despedirse. Sin siquiera preguntar si yo quería que todo terminase. Quiero volver a sentir lo mismo que esa vez.
Me pesan los ojos, así que los cierro hasta quedarme dormido.
Hace cinco años
Cuando la miro, se me entrecorta la respiración, y mis pulsaciones aumentan por cada segundo que pasa. Cojo una bocanada de aire antes de soltar lo que probablemente sea la mayor verdad que jamás he dicho.
—Te necesito, Sarah—confieso mientras agarro ambas de sus manos y me las llevo a los labios. No quiero que diga nada. Solo quiero escucharla respirar. Escuchar sus latidos. Escuchar a su corazón, a su alma. Pero este parece estar tan nervioso como yo.
—Lo siento, no puedo estar con algo como tú. Con un bicho raro. —Rechaza mis manos apartándolas.
Unos soldados se han adueñado de mi corazón. Y al parecer les he hecho excesivo daño, ya que las balas de madera son cada vez más y más grandes. Se clavan en él, y el dolor no parece acabar nunca.
—¿Es eso lo que soy para ti? ¿Un bicho raro?—Mi voz se entrecorta al hablar. Las palabras no me salen con precisión. Todo este tiempo me ha dado falsas esperanzas. Y yo sigo aquí, como un tonto, absurdamente enamorado de ella. Pero es que Sarah no siente lo mismo. Yo...no puedo hacer esto.
Niega con miedo, como si estuviera esperando a hacerle daño. Pero luego, al ver que no corro, no la toco, no la presiono, asiente. Aún con miedo. Voy a tocarle el rostro, pero me limito a hacerlo. Me voy sin despedirme de ella. Echo a correr. Cuando nadie me puede ver, ya soy esa pequeña araña de nuevo. La que se encierra en su telaraña y no sale nunca. Pero es que no puedo soportar el dolor. Y no sé por qué me siento así. No entiendo cómo no me he dado cuenta antes. No sé cómo esto...no...yo…
No quiero volver a enamorarme otra vez.
Actualidad
—¿Crees que me engañó con alguien?
Mi pregunta deja a Noah descolocado. Llevamos hablando como unos pardillos durante un largo rato. Se queda inmóvil por unos segundos, y después gira su cabeza con sutileza y niega.
—Sarah era una gilipollas de reglamento, pero no creo que fuese capaz de hacer algo así. —Su respuesta me deja más tranquilo. Estaba tan cegado por amor que ni siquiera me di cuenta de los errores que cometí al no dejarla ir. No le deseo ni a mi peor enemigo lo que me pasó. Me rompieron el corazón sin compasión. Vi a la chica que más amé con otro hombre, y logré pasar página, aunque no tengo ni la menor idea de cómo lo hice. Ahora que me doy cuenta, Noah nunca me ha hablado de su vida. De cuando él estaba absolutamente enamorado. Adela se fue en el peor momento. Cuando él más la necesitaba. Cuando le atravesaron el corazón con una espada a su padre. Ese dichoso día fue infernal para todos. Pero, sobre todo, para mi primo—. Aunque ya has encontrado a alguien, ¿no?
Ojalá todo fuera tan fácil. Claro que no lo es. Si no, qué sentido tendría. Nada en esta vida lo es. Por mucho que nos guste pensar que sí.
—Yo no lo tendría tan claro—respondo cortante. Hablar de mi pasado es abrirme demasiado. Y ahora no estoy seguro de querer hablar de ello. No quiero mencionar a su antigua chica para no causar revuelo. Todos los recuerdos que tenían juntos van a volver de golpe. Y no creo que eso sea muy sano para él—. Voy a ir a comprar provisiones para mañana. ¿Vienes?