6
Te necesito
Ruby Windsor
Ya han pasado dos días desde que Theo y yo peleamos. Y ni siquiera se ha inmutado en dirigirme una sola palabra. Prometimos estar ahí el uno para el otro. Apoyarnos en las situaciones difíciles. Pero, ¿qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿A quién voy a acudir cuando tenga un miserable problema? Porque, desde luego, ahora mismo no a él.
Me dispongo a encontrar el móvil para llamar a mi tía. Una vez lo veo debajo de las sábanas, lo desbloqueo y marco veloz su número.
—Theo y yo hemos discutido. —Digo, nada más escucharla respirar detrás de la línea. Un suspiro corto. Lleno de nervios, al parecer. Y, solo por eso, me da la sensación de que algo no está bien—. ¿Estás bien?
Ahora mismo solo puedo centrarme en su estado de ánimo. Por lo que puedo percibir, son bastante similares si nos comparamos. Al no oír respuesta, comienzo a dar vueltas por toda mi habitación, repasando cada rincón con la mirada.
—Siento oír eso, Ruby. —Ignora mi pregunta, intentando evitar a toda costa el tema. No quiero insistir, pero, al igual que ella se preocupa por mí, yo también lo hago. Ser menor que ella no justifica que solo Haylie se tenga que preocupar por mí. Ya soy lo bastante madura. Incluso diría que más que ciertos compañeros de clase—. ¿Qué ha pasado?—indaga, con una pizca de sentimiento. No estoy del todo segura, pero por el ruido que se escucha de fondo, imagino que está en casa de mi tío. Los golpes y puñetazos me dejaron trauma, pero imagino que a ella todavía más. Tan solo tenía diecisiete, al igual que yo ahora. Y pensar que todo lo vivió sin poder decir una sola palabra. Sin poder pedir ayuda.
—Es amigo de un chico que parece ser mala influencia para él. Se ha cabreado conmigo porque dice que le ha salvado la vida y que no lo conozco. —Me recuesto en la cama después coger a Molly. Su pelaje es exageradamente suave, lo que hace relajarme con solo tocarla—. Ah, y también que solo veo sus defectos—añado al acordarme de la última conversación que tuvimos en días.
—¿Cómo se llama el chico?
Al parecer le pica la curiosidad saber su nombre. ¿Qué más dará? Lo que importa no es cómo se llame, sino lo que ha hecho, que vuelvo a recalcar, no es poco.
—Noah—respondo con frialdad, haciendo una mueca que solo yo veo a través del espejo—. Pero, ¿eso qué importa en todo esto?
—Creo que deberías disculparte por sacar conclusiones muy deprisa. —Ahora mismo solo quiero colgar y decirle que se vaya a la mierda. Pero en vez de eso me trago mis propias palabras y me muerdo la lengua para evitar cagarla con la segunda persona que más quiero. Ya es suficiente con una.
—¿Y acaso él no?—pongo los ojos en blanco a la vez que enarco las cejas.
—Os necesitáis más que nada, Rub. Esto es solo un bache que los dos tenéis que superar—explica. Más golpes se escuchan de fondo, pero ni eso le hace colgar. No sé si es que no es consciente de que se escucha o de que le da igual porque nuestra conversación es mucho más importante que cualquier otra cosa ahora mismo—. Juntos—dice, dándole énfasis a la única palabra que logra pronunciar.
—Lo aprecio mucho, de verdad. Gracias una vez más por tus sabias palabras.— Antes de colgar, me acuerdo de que tengo que recordarle algo importante—. Si tienes algún problema, no dudes en correr hacia tu teléfono y llamarme. No dudes ni por un instante, ¿me oyes?—recalco, en caso de que no se haya enterado. Necesita saber que estoy ahí pase lo que pase. No importa si estamos peleadas, nos hemos distanciado, o si se ha mudado. Quiero escuchar su voz, aunque sea para hablar siempre del mismo tema. Porque la quiero. Y no quiero verla sufrir sola. Estamos juntas siempre.
Si una sufre, la otra también. No puedo verla a través de la pantalla, pero estoy segura de que está sonriendo y asintiendo como cada vez que alguien le hace un cumplido o, sencillamente solo es feliz con esa persona. Espero ser esa persona que, cada vez que ve, se le sale una pequeña sonrisa y se le ilumina el alma.
🕷
—¿Podemos hablar, Theo? Creo que ya es la hora—afirmo, con un miedo que me recorre todo el cuerpo; de pies a cabeza.
Noah Darlington
El pupitre que se encuentra junto al mío sigue vacío, a pesar de que ya han pasado cinco minutos, lo que supone que va a llegar tarde. Si es que viene, claro. Espero que se quede en casita. Así ya no tengo que protegerla. Y lo que es mejor; no tengo que verle la cara. Jay se va a enfadar, pero no es mi culpa. Tengo que asistir a clase para echarle un ojo, pero si es ella la que decide no ir, no es mi culpa. Que venga él y la vigile más de cerca.
Jules se gira para mirarme, aunque no sé muy bien por qué. Nunca hemos interactuado en lo que va de trimestre.
—Eh, tío, ¿sabes dónde está la chica que se sienta junto a ti?—se interesa él. Al parecer ya ha hecho nuevos amigos. A Jay no creo que le vaya a gustar mucho la idea. Si quiere protegerla, Jules se va a interponer en su camino, haciendo las cosas más difíciles de lo que ya lo son—. He intentado contactarla, pero ni rastro de ella.
No le miro a la cara, solo me digno a escribir algo insignificante en mi libreta. No me hace falta pensar mucho para saber con exactitud cual va a ser mi respuesta, y no creo que le guste mucho.
—Ni lo sé ni me importa, pero me da la sensación de que no quiere estar contigo.
Gira sobre sí mismo para ponerse bien sentado en su pupitre. Ignora mis palabras, y no es algo que me haya afectado. Eso significa que le han hecho daño. Justo en el blanco.
—De nada, Jay—digo en un susurro. Pero, como no hay nadie cerca de mí, nadie puede escucharlo. Salvo los que tengo delante, claro. Esos llevan en su mundo toda la clase. Ni siquiera intentan disimularlo. Uno de los dos se frota los ojos para no dormirse, y el otro se apoya en la mesa con las manos en su rostro, como si le pesara la vida. No soy quién para juzgarlos, yo también estaría igual que ellos. Pero prefiero meterme en la mente de las personas y ver qué están pensando. Los empollones, por supuesto están atendiendo. Rhobhert, el chico que se sentaba conmigo junto a mí, se está imaginando una vida con el amor de su vida. Qué aburrida es la gente. ¿Para qué quieren enamorarse? En cambio, la comida es lo más leal que vas a encontrar jamás. La sangre me da años de vida, y nunca mejor dicho.