8
Vuelta a empezar
Ruby Windsor
—¡Es que no lo soporto, Theo! —No soy consciente de que, lo más probable es que me esté escuchando el vecino con los gritos que estoy pegando. Y que, por poco que me guste, mi hermano y yo estamos peleando de nuevo. Pero me jode que sea su amigo. Y como hermana me veo responsable de decírselo, una y mil veces, de que ese tío es un capullo en toda regla. Pero se niega a escucharme. Y así no vamos a llegar a ningún lado.
—¡Es mi puto mejor amigo, Rub!—exclama, y cada vez que le llama de esa manera, me entran ganas de vomitar. Lo ha conocido desde hace dos días y ya es su “mejor amigo”—. Yo nunca he opinado sobre los tuyos—me reprocha él. Al estar nervioso, no para de dar vueltas por todo el salón. Me levanto de un salto, irritada por su respuesta. Estoy harta de quedar como la mala, cuando todo lo que hago es intentar protegerle. Intentar que no le hagan daño. Pero, al parecer, con lo que él insinúa, soy una mala hermana—. ¿Es que no te acuerdas? Noah me salvó la puta vida—repite por enésima vez en esta semana. No quiero seguir peleando con él por Noah. Nuestras peleas son siempre por alguien que no merece la pena. No tiene sentido estar siempre así. Y más sabiendo que no le importa en absoluto lo que tenga que decir—. Y te lo he dicho un millón de veces, pero te niegas a escucharme—recrimina de nuevo. Echa su cabeza de un tirón al sofá una vez se sienta y deja de dar vueltas. Se lleva las manos a la cabeza y suspira agitado.
—¡Me importa una mierda, Theo!—vuelvo a gritar. Los que viven al lado nuestra deben de estar hartos, pero ahora eso es lo que menos me importa—. Me parece genial que te haya salvado, de verdad. Y sabes perfectamente que me importas más que nadie en este mundo—añado, solo para que sea consciente de que todo lo hago por él, le guste más o menos—. Pero tienes que escucharme por una vez. —Antes de que pueda continuar, Theo ya está ahí, una vez más, abriendo su boca para interrumpirme.
—No vengas a arruinarme mi amistad con Noah porque sabes muy bien que no lo vas a conseguir—apunta con el dedo hacia mi dirección—. Además, no es mi culpa que tú no tengas amigos—dice con la expresión más seria que le ha salido desde que tengo consciencia.
Me ahogo en mis propias lágrimas, una vez más. Tengo un nudo en la garganta casi imposible de arreglar. Llevo unas semanas en Starlight Cove, y lo único que he hecho ha sido cagarla. Una vez tras otra. Y ya he llegado a mi límite. No puedo seguir así. Theo intenta acercarse a mí, pero lo aparto de inmediato. No quiero su consuelo. No ahora. No soy capaz ni de mirarle a los ojos. Me tapo la cara para que no vea mis mejillas colorarse, al igual que mi nariz—. Rub, yo… lo siento, de verdad.
Pero me niego a escucharle. Me trago el nudo que prevalecía en mi garganta hasta ahora, que es cuando he tenido el valor de espantarlo por mí misma. Rodeo mis rodillas con mis brazos, y meto mi cabeza por el pequeño hueco que queda entre ellas.
—No tienes ni puta idea de cómo lo he estado pasando estas últimas semanas—logro pronunciar con la voz entrecortada—. Ni idea—repito de nuevo. No para que se sienta culpable, sino más bien para que se dé cuenta y sea consciente de ello. Theo se queda mirando a un punto fijo, en concreto a mis ojos. Me muevo para esquivar su mirada—. Todo lo que te digo es para que sepas cuanto me importas. —Esta vez decido no guardarme nada para mis adentros.— De no ser así, no te diría nada.
Y, dicho esto, vuelvo a donde todos mis problemas desaparecen. A encerrarme en mi habitación una vez más. Y no es que se esfumen por completo, pero puedo desahogarme todo lo que me apetezca, sin tener a mi hermano como una lapa detrás de mí.
Noah Darlington
El sol me sonríe, al igual que los pájaros, que cantan sin parar. Presiento que hoy va a ser un gran día. He estado hablando con Jay sobre nuestro plan para mañana. Tengo la tarde libre y me apetece hacer algo normal. Algo distinto. Estoy empezando a cansarme de la maldita misión. El proceso está siendo más largo de lo que me esperaba. Le he forzado a ir a la fiesta de mañana. Y, lo que no sabe, es que su querido amor estará allí. Y voy a odiarlo. Por lo visto ayer se conocieron o no sé qué rollo que tuvo, y lo primero que hizo fue cagarla. Se fue a su habitación llorando. Qué divertido.
—¿Esto te parece bien para ir a la fiesta? —pregunto mientras sujeto una camiseta azul marina y se la enseño a mi primito—. No quiero que se manche de sangre. Ya sabes…, para más tarde —especifico, solo para ver esa cara de odio que tanto adoro. Levanta los hombros sin responder, y gira sobre sus talones para coger otra camiseta del armario. Rebusca en él hasta llegar a la que parece ser su indicada. Cuando me tira la prenda, alzo una ceja y me doy media vuelta para cambiarme, aunque ni falta hace. Pero, una vez me doy cuenta, ya es demasiado tarde.
—Esa está mejor —aprueba una vez termino de probarla. Esperaba una media sonrisa por su parte, pero está más serio que de costumbre.
—¿Te pasa algo? —indago. Cruzo mis brazos y los aprieto contra mi abdomen. Jay está inquieto. No logra encontrar la manera de sentirse cómodo. Eso suele significar que está nervioso. Niega con la cabeza, pero no me voy a dar por vencido. Aunque, pensándolo dos veces, olvido lo que voy a responder y no lo hago. Me quedo en silencio, parado junto a su lado. Le estrecho el puño y lo aparta. Cabrón. Guardo de nuevo la camiseta en el armario para tenerla lista para mañana cuando me la quito y me pongo otra distinta. Me voy directamente a la ducha. Apesto demasiado y no darme un baño frío no es una opción. Además, son las tantas de la noche y necesito activar el cuerpo si no quiero dormir pronto. Llevo varios días sin pegar ojo, pero es que no me apetece dormir. Por eso me enjabono el cuerpo y el cuero cabelludo, sin olvidarme de ningún paso. Enrollo la toalla en mi cintura cuando me lavo la cara después de salir del baño. He mirado por la pequeña ranura de la puerta y la luz del cuarto de Jay está apagada, por lo que intuyo que estará durmiendo. Eso o de escapada nocturna. Cómo sabe disfrutar de la vida el capullo.