Eclipse de medianoche

9. Glammerstream

9

Glammerstream

Jay Knight

Estoy teniendo flashbacks de la última vez que salí con Noah de fiesta. Y no son nada buenos.

—¿Quién quiere una cerveza?—curiosea Noah. Me acerco a él para impedir que genere más drama. Le quito la cerveza de las manos, y este hace una mueca—. Qué sieso eres, Jay-Jay.

Esta noche no pienso enfadarme con él. Eso digo ahora, pero después siempre hay algo que me arruina la noche. O alguien. Por eso los motivos de mi enfado. Pero, como voy a ver a Ruby, estoy feliz. Aunque no sé si ella va a querer verme. No lo tengo muy claro después de presentarme en su casa y dejarla en su habitación, con la cabeza llena de pensamientos y los ojos inundados en lágrimas. Mis pupilas se mueven al rededor de toda la sala, recorriendo hasta el último rincón de la fiesta. Y me parte el corazón no encontrarla. Al menos está Theo, así que no me voy a quedar tan solo.

Me uno a él y a sus amigos. Están bebiendo en una mesa un tanto apartada de la pista de baile. Hago un gesto con la mano para saludarle de lejos, y este me lo devuelve.

—¿Jay? ¿Qué te trae por aquí? —Sus amigos me reciben con los brazos abiertos. Todos sonríen como si fuera el malo de la película y quisiera hacerles daño, fingiendo ser amigos de toda la vida para no herirles.
—Me apetecían un par de cervezas. ¿Y tú? —Me siento en un pequeño rincón del sofá, ya que los colegas de Theo me han hecho un hueco. No es muy grande, pero lo suficiente para estar cómodo.

—Un amigo me ha invitado—me explica, mientras todos los que estamos sentados miramos directamente a sus pupilas. ¿Ves a ese de ahí?—señala a Noah, que está a unos metros de distancia, y me limito a fingir que no sé quién es.

—Parece que te ha dado de lado, ¿no?

Theo sigue admirando la cerveza que tiene en la mano. Da varios tragos hasta acabarla. Todos estamos pendientes a él, esperando su respuesta, que parece no llegar nunca.

—Bah, da igual. Va por libre cuando quiere —intenta defenderlo, al igual que yo intento contenerme en no hacerle una simple pregunta. Pero no puedo evitarlo. Necesito saberlo. Voy a morirme si no lo hago.

—Oye, ¿y la chica con la que estabas el otro día? —pregunto al fin, algo tímido.

—Está justo ahí —apunta de nuevo con el dedo. Miro por el rabillo del ojo tan rápido como puedo, y ahí la veo. Está en la barra, junto a otro chico. Están muy juntitos—. ¿Te pasa algo? Parece que los estás matando con la mirada?

Y, ahora que lo dice, me doy cuenta de lo celoso que parezco. Mierda.

—No, lo siento. Es que he visto a un chico pegar a otro—miento, aunque el destino ha decidido hacerlo realidad. Ni siquiera tenía la menor idea de que se estaban peleando.

Noah se acerca a nosotros, e intenta llamar la atención del chico que está sentado al frente de mí. Y consigue hacerlo, porque este le hace un gesto.

—Ey, tío, he visto a una chica que me ha gustado mucho. ¿Me ayudas? —Alzo las cejas cuando lo escucho. Noah me dedica una de sus mejores sonrisas. Ha pasado de mí, sin siquiera saludar. Pero mejor. Así no tengo que dar explicaciones de si lo conozco o no. No quiero volver a mentir.

Mi primo tira de él para pasar por la pista de baile y, seguidamente, ir a la barra.

—Lo que tiene que hacer uno por sus amigos —susurra cerca de mi oído antes de marcharse. Resoplo mientras muevo mi cabeza de lado a lado cuando soy consciente de que Noah me mira. Escucho una pequeña sonrisa venir de él. Estúpido. Pero ya no les presto atención y mis ojos vuelven a fijarse en Ruby. Ya no está el capullo de antes, así que aprovecho para hablar con ella.

—No sé si te acordarás de mí, pero soy el gilipollas que vino a tu casa —río para no hacerlo incómodo, aunque no sea eso lo que quiero hacer.

—Jay. Cómo no acordarse—responde ella al instante, con una sonrisa radiante, y ese pequeño hoyuelo que se le forma en la parte derecha de su rostro.

—Quería pedirte perdón por hacerte marchar —me disculpo, sin esperar nada a cambio. Noto varias miradas posarse en nosotros. Echo un vistazo con el rabillo del ojo al chico que no para de mirar a Ruby. Me está dando demasiado asco. No aparta la mirada ni un solo segundo, por eso le lanzo una mirada de advertencia. Una y no más.

—Fue culpa mía, actué como una idiota.

Niego cualquier tipo de arrepentimiento que tenga. Mencionar a su madre no fue un tema de conversación adecuado. Y más cuando sé lo mucho que le duele.

—¿Quieres tomar algo? —Alzo los hombros antes de verla asentir—. Ven, sígueme —ordeno, intentando sonar lo más firme posible para que los nervios no salgan a la luz. Nos dirigimos hacia la barra. Noah está cerca nuestra. Muy cerca. Le dejo espacio para situarme como barrera. No quiero que nos arruine la noche.

—¿Te encuentras bien? —pregunto mientras voy pidiendo lo que queremos al barman.

—Ese chico de ahí. —No señala, pero no me hace falta, porque ya sé a quién se refiere. En cualquier caso, ella no puede saber que es mi primo, así que hago como que no sé quién demonios es—. El que está al lado de ti—explica mejor.

—Dime, ¿qué pasa con él?

—Es mi compañero de clase. Y amigo de mi hermano—recalca con un tono de rabia e impotencia—. Es un idiota—aclara, por si acaso estaba pensando acercarme a él. Le tiendo un par de cervezas y ella deja una en la mesa, y la otra se la lleva a los labios.




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