Eclipse de medianoche

10. Tú

10

Ruby Windsor

Cuando me dijo que iba a una universidad cerca de Glammerstream, nunca imaginé que fuera a esta. Más que nada porque, cuando hablamos, no mencionó que fuera a Blackthorne. Me saluda con la mano desde la otra punta de la clase. Por lo menos ya tengo a alguien conocido. Y, por suerte, me hace sentir cómoda. Ojalá lo cambiasen por Noah.

—Tenéis que hacer un trabajo en grupos de tres—anuncia el profesor—. Esta vez, voy a elegir yo con quién lo haréis. —Duda por un instante antes de escribir los grupos en la pizarra. Con suerte me tocará con Jay. Y con mala, será Noah. No me importa si tengo que hacerlo con gente que ni siquiera he intercambiado una sola palabra. Por lo menos puedo tener la oportunidad de conocerlos. Me muevo para todos lados, tratando de ver lo que está escribiendo—. Jules, Rhyan y Phayton —anuncia. Veo mi nombre acompañado de otros, pero no consigo ver quienes son—. Ruby, Noah y Jay —señala este a la pizarra cuando se aparta.

No puede ser verdad. Miro a mi compañero que tengo al lado y le miro con cara de pocos amigos.

—Genial —musito con ironía. Y, por si fuera poco, ahora también tengo que aguantarle en un trabajo, en el cual seguramente no hará ni el huevo. Y no es que quiera estar detrás de él para que haga su parte. Miro a mi otro compañero, que parece estar un poco más feliz. No tiene ni idea de cómo es Noah.

—¿Qué te crees, que a mí me gusta pasar tiempo contigo? —interroga, pero ambos ya sabemos la respuesta. Ni a él ni a mí.

—Perdone, ¿puede cambiar a Noah por otra persona? Es que no hace nada en los trabajos, y no quiero suspender —Le pego un codazo al ver que no para de toquetear y desordenar mis cosas, pero para de inmediato cuando escucha mi pregunta.

Noah se burla por lo bajito, repitiendo lo mismo que he dicho en voz alta, pero con tono más agudo.

—Me temo que no, señorita —contesta a la vez que sigue anotando los grupos.

—Oh, qué pena, ¿verdad? Ahora, tú y él vais a sacar un cero gracias a mí —dice por lo bajito, pero se asegura de que yo lo escuche.

—Cabrón —repito su mismo tono de voz. Alza las cejas con maldad, y me doy cuenta de que Jay no para de mirarnos. Miro a Noah con cara de asco para así sacarle una sonrisa. Y me sale bastante bien, porque lo consigo. Sonrío de vuelta.

—Ya podéis poneros con los compañeros que os han tocado —ordena mi profesor, y todos se levantan al mismo tiempo. Menos Noah, claro.

—¿Quieres venirte a mi sitio? Ya que a mi compañero no le da por levantarse —protesto una vez más.

—Sí, claro —afirma con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Me acompaña hasta llegar allí. Deja la silla en el suelo y la pone junto a la mía. Los dos estamos frente a Noah, esperando a que este diga algo, aunque sabemos muy bien que no lo hará. Que alguien me saque de aquí.

—En mi portátil tengo varios esquemas sobre los indígenas. ¿Quieres verlos? —Resoplo al ver que solo Jay me presta atención. Ignora mi indignación y pone interés en lo que le enseño. Hace unas cuantas preguntas, y cuando termina, repartimos el trabajo entre todos. A Noah le hemos dado la parte más fácil. No tiene nada de complicación, aunque estoy segura de que él lo va a hacer difícil. Nos ponemos manos a la obra. Trazo varias líneas en la cartulina, para después buscar el título perfecto para nuestro proyecto—. Eso no va ahí, Darlington. —Le quito el rotulador de las manos y lo dejo en mi estuche, donde pertenece. Este bufa y se cruza de brazos. Miro a Jay, que por lo menos está trabajando sin dar ni un ruido. Y no lo hace nada mal, lo que me deja más tranquila.

🕷

—¿A quién le escribes tanto? —curiosea mi hermano, y se le forma una pequeña sonrisa, pero intenta disimularla.

—A un compañero de clase —respondo con seguridad—. Estamos hablando sobre un trabajo —le explico, para que no piense que es mi nuevo amor, como él le llama—. Ah, por cierto, me ha tocado con Noah —digo con un suspiro entrecortado, pero no dejo que se note mucho.

—A ver si así os hacéis amigos —comenta mientras cierra los ojos después de tumbarse en el sofá. Es la hora de la siesta, así que no me extraña. Se pasa todo el día durmiendo. Doy la conversación por terminada cuando escucho un par de ronquidos. Y ahí es cuando continúo con lo que estaba haciendo antes de la interrupción.

Yo: Tenemos que quedar para terminar el trabajo

Jay tarda unos minutos en responder, lo que me resulta raro, porque antes estaba en línea. Pero tampoco le doy mucha importancia. Le habrá surgido algo. O se habrá cansado de estar esperando mi respuesta.

Agarro el móvil nada más escuchar el tono de una notificación, y rápido entro al mensaje.

Jay: No tengo mucho tiempo. Dime cuándo puedes y te confirmo si puedo. A unas malas, yo hago mi parte y te la doy el lunes.

Mis dedos se mueven como nunca antes. Me interesa terminar ya el trabajo, porque tengo muchas más cosas que hacer. Como, por ejemplo, quejarme de tener que estudiar. Cuando termino de escribir el texto que le voy a enviar, lo leo varias veces y me aseguro de que está todo bien, por si acaso me he equivocado con la fecha.

Yo: No te preocupes por eso. Yo estoy libre mañana a las cinco. ¿Te viene bien?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.