Eclipse de medianoche

11. Ángeles o universo

11

Ángeles o universo

Noah Darlington

—¿No puedo ni un mordisco? —protesto, solo para picarle. A estas alturas tengo clara su respuesta, pero nunca está de menos ver su cara cambiar a un color más pálido.

—Sabes muy bien las normas, Noah —dice en tono de amenaza, aunque no se le da muy bien. Hacer de malo no es lo suyo. Solo protege y vuelve a proteger. Qué vida tan aburrida. Hace mucho que no experimenta la sensación de alimentarse con humanos. Su sangre es tan… jugosa.

—¿Es que había normas? —Levanto los hombros, con una expresión seria. Jay no parece moverse. Permanece quieto en su sitio. Sigue de pie, con una mirada tajante. Pero no tanto. Antes de darme la vuelta para salir por la puerta, mi primo me tira un cojín, y yo lo cojo al vuelo, justo antes de poder darme—. Buen intento.

—No vas a salir de aquí hasta que me prometas que no le vas a poner un dedo encima —advierte, acercándose cada vez más hacia mí. Trago saliva, de modo que no se escuche fuerte. Le ofrezco una de mis sonrisas pícaras a cambio de una respuesta, como si eso dejara claro algo de lo que ha dicho. Jay me mira de arriba a abajo, cada vez más rápido, desesperado por escuchar mi respuesta.

—Te prometo que no la voy a tocar —aseguro mientras doy un paso atrás y vuelvo a la puerta para tomar el aire—. ¿Contento? —Le doy la espalda cuando abro la puerta y, por fin, puedo ver el sol brillar más que nunca. Me despido con un gesto antes de cerrar por completo la puerta. Este se queda sentado en el sofá, sin siquiera mirarme. Al menos he tenido un buen gesto, y eso es lo que importa. Aunque me alegro de que no lo haya visto.

Ayer fui un capullo con Ruby, pero, ¿qué más da? Jay y yo tuvimos una pequeña charla. Por lo visto se puso a llorar como una niña pequeña en el baño. Y, cómo no, él fue a consolarlo. Theo por poco no me echa de su casa. Menos mal que le salvé la vida y me lo perdonó. No sé cómo hubiera seguido la misión si ya no nos viéramos. No he intentado disculparme por nada de lo que hice. Ni pienso hacerlo. Es que ni se me ha pasado por la cabeza. Ya tengo bastante con mis propios asuntos para tener que plantarme en su casa con un discurso de mierda. Eso no va conmigo. Si lo va a hacer alguien, que sea Jay. Yo me niego.

—¿Sigues ahí, tío? —indaga Theo, más consultando que preguntado. Me he perdido en mis pensamientos mientras me contaba como conoció a una chica en clase. No me interesan los rollos dramáticos y amorosos. Qué asco.

—¿Qué te parece si quedas ahora con ella y vamos todos a dar una vuelta? —Cambio de tema para no tener que estar pendiente de cada cosa que dice. Intento mantener mi cara más amigable, sabiendo que cada día me canso más de la misma mierda.

—¿Harías eso por mí? —pregunta entusiasmado, aunque intenta que no se le note mucho.

—Claro, hermano. Lo que sea.

Coge el móvil antes de que si quiera pueda hablar. Se aleja de mí para llamarla y tener algo más de privacidad. Creo que lo ha hecho para que no suelte nada por mi boca, pero lo que no sabe es que lo oigo todo desde aquí. Está babeando por ella. Si no lo conociera en absoluto, diría que movería cielo y tierra con tal de estar con ella. Vuelve antes de lo que creía y, al final, no he podido fisgonear mucho. Ha dicho algo de cafetería y paseo, pero no he prestado mucha atención. Estaba más pendiente de sus pantalones vaqueros anchos antes que al maldito teléfono.

—¿Y, bien?

Alza las cejas con una gran sonrisa, lo que me deja claro que ha aceptado la propuesta. Creo que rajarme la garganta sería mejor que ver a esos dos juntos. No me hace falta ni ver a la chica que le gusta, pero seguro que está coladita por él.

Nos adentramos en el coche al minuto de colgar la llamada. Cogemos nuestras pertenencias antes de abandonar la casa, y me recuesto en la silla cuando ya me he abrochado el cinturón y Theo está a punto de arrancar.

—¿Tú no tienes a ninguna chica misteriosa? —Sus manos aprietan el volante una vez ya estamos circulando por la carretera.

—Paso de ellas —respondo mientras niego con la cabeza, a pesar de que él no pueda verlo. Hubo una vez en la que estaba más que interesado en el amor, pero ya es agua pasada. Noto que Theo me mira de reojo, pero sigue sin apartar ni una sola mano del volante para gesticular.

—¿Por qué? —curiosea cuando gira el volante a la derecha. Nos adentramos en un callejón sin salida, y justo ahí para el coche en un pequeño hueco donde, según él, se puede aparcar. Como si estacionamos encima de un camión de policía, me da igual. Puedo seguir usando mi control mental para evitar la cárcel. Y la denuncia.

—Son una pérdida de tiempo —justifico mi anterior respuesta—. Ahora mismo no lo entiendes, pero con el tiempo lo harás. —El hermano de Ruby me mira como su estuviera loco, diciendo algún tipo de estupidez. Pero estoy seguro de que, cuando esa chica le rompa el corazón, verá que el amor no lo es todo. Y que no solo va a recibirlo. Theo saca el móvil para escribir a Lheah, la chica misteriosa. Aunque no lo va a seguir siendo en pocas horas. Hemos llegado mucho antes de lo previsto porque, según lo que dice en la llamada, acaba de terminar de ducharse y se está maquillando. Me siento en el banco más cercano cuando me doy cuenta de que la llamada va a tardar en finalizarse. Pero, justo cuando Theo aparta la mirada de mí, salgo corriendo a la tienda más cercana. El hambre que tengo me consume. No puedo evitar parar de pensar en sangre. Todo lo que veo ahora mismo es sangre. Escucho a los corazones bombear sangre. Me estoy volviendo loco. Hay demasiada gente en la tienda, pero por un mordico no pasará nada. Me acerco al primer chico que veo. Tiene pinta de que su sangre me va a alegrar el día. Y eso que pensaba que era imposible. Que estaba viviendo mi propio infierno. Le cojo del brazo por la espalda para que no pueda escaparse. Pero, aunque lo intenta de todas las maneras posibles, mi mano sigue en su codo. No se ha movido ni un solo centímetro de donde estaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.