Eclipse de medianoche

12. Luna

12

Luna

Jay Knight

—¿Que has hecho qué? —Pido explicaciones, incrédulo.

—Venga, tío, si solo ha sido un mordisco —intenta justificarse, pero sabe bien lo mucho que odio que lo haga cuando ambos sabemos que no la hay.

—¿Un mordisco? ¡Le has matado, Noah! —El sonido de mi voz resuena por toda la habitación—. Tenemos un trato —le recuerdo, porque al parecer se le había olvidado ya.

—En el trato nunca ha entrado eso —niega con la cabeza antes de coger una bolsa de sangre y abrirla.

Por mucho que me moleste, lo que ha dicho es verdad. Nunca dije que no matara a nadie, solo le hice ver que no me gustaba que lo hiciera. Y precisamente ese ha sido mi mayor error.

—Solo te pido que no le hagas daño a nadie. Ni los mates —recalco cuando le veo abrir la boca para reprochar—. Por favor —ruego. Solo me queda arrodillarme ante él y suplicarle. Seguro que disfrutaría verlo. Si es necesario hacerlo para que pare, entonces lo haré. Haré cualquier cosa con tal de que deje de matar a gente inocente solo porque él tenga hambre.

—Anda, déjate de tonterías, primito.

—Voy en serio, Noah —digo antes de que pueda pronunciar la última palabra. Se acerca a mí para ofrecerme la bolsa que se ha estado bebiendo, pero la rechazo moviendo la cabeza de lado a lado.

—Y yo voy a protegerla. —Levanta ambas manos a la altura de la cara, y utiliza los dedos índice y corazón para flexionarlos en forma de "V". Estos se mueven hacia arriba y hacia abajo dos veces al pronunciar la última palabra.

—Más te vale —susurro en tono de advertencia. Pone los ojos en blanco y se asegura de que los he visto antes de girar sobre sus talones y salir, de nuevo, por la puerta.

—El móvil te está sonando —grita Noah desde fuera, el cual se asoma por la ventana y la toca varias veces para llamar mi atención—. Cógelo o te juro que lo rompo —amenaza. Mi respuesta nunca llega. Solo camino hasta la cocina y deslizo la pantalla del móvil antes de siquiera cogerlo y leer los mensajes.

Ruby: ¿Puedes venir a casa? Necesito a alguien.

Enviado a las 16:18

Mierda. Han pasado tres horas desde que me envió el mensaje. Las notificaciones no eran de ella, sino de la paga adelantada de mi jefe.

Yo: Perdón por no estar atento al móvil. Todavía puedo ir, si quieres.

Debería de haber estado mucho más atento. De ser así, ahora mismo estaría charlando con ella. No espero su mensaje. Me pongo los zapatos y conduzco hasta su casa. Me encuentro detrás de la puerta de su casa cuando me salta otra notificación.

Ruby: No hace falta que vengas, pero gracias de todas formas.

Decido ignorar el mensaje y toco al timbre un par de veces. Mi rostro se ilumina cuando la veo por la ventana, pero ella no me ve a mí.

—Perdón por no haber venido antes —me disculpo antes de que haya abierto por completo la puerta.

—¡Estás aquí! —chilla con euforia, y en un abrir y cerrar los ojos, sus brazos me envuelven—. Adelante —señala el pasillo que lleva hasta su habitación. Antes de pasar, dejo que ella lo haga primero, y la sigo hasta donde quiera que va. No nos hemos visto desde hace unos días, cuando Noah la hizo explotar.

—¿Para qué me has llamado? No me malinterpretes, quiero estar aquí —rectifico en el momento en el que me doy cuenta de lo mal que ha sonado—. Es solo que… tu mensaje me ha preocupado bastante. Creía que estabas teniendo un ataque de pánico o algo así —intento bromear, aunque lo empeoro. No me he dado cuenta de que lo pasó muy mal cuando se encerró en el baño, llorando sin poder parar. Y cuando la vi, mi corazón se encogió. Se volvió más pequeño.

—Necesitaba despejar la mente —me explica ella, sin apenas mirarme—.Y que mejor compañía que la tuya. —Se sienta en la cama antes de terminar lo que estaba diciendo.

—¿Puedo? —pido permiso para tumbarme en la cama. Ella asiente y me quito los zapatos para no mancharla. Me tumbo junto a ella, sin poder oler otra cosa que su perfume—. Cuéntame algo —le pido, esperando con entusiasmo que acepte mi propuesta, a pesar de que estoy seguro que lo hará. Si me ha llamado será por algo. Y veo que su boca me lo confirma, porque, aunque se mueve despacio, al menos hace algo.

—Theo y yo hemos discutido mucho en el pasado mes, y ya no sé qué hacer para que nuestra relación siga estable. Como antes —declara, con una mirada que dice más que las palabras. Ha estado apagada toda la noche salvo cuando me vio detrás de aquella puerta—. Aquella noche, cuando me encerré en el baño y viniste a por mí, él ni siquiera me buscó —hace una breve pausa—. Y me rompe, Jay. —Mis ojos buscan los suyos, pero estos están tan apagados que no son capaces ni de buscar los míos—. No quiero verle con Noah —confiesa, apartando un mechón de su pelo y, a su vez, llevándolo detrás de la oreja—. Ya no sé qué más hacer para explicarle que no es una buena persona.

Busco su mano, y no paro hasta encontrarla. La sujeto con suavidad. Ella no parece estar incómoda. Ni siquiera la aparta. No la rechaza. Rodeo su cuerpo con mi brazo, buscando las palabras correctas que puedan ayudarla.

—Si tu hermano no se aparta de Noah, quizá sea por algo. Aunque eso no quita que sea un capullo, claro—río entre dientes. Y por fin ella también lo hace. No escucho su risa, pero puedo notarla a través de su cuerpo, lo que me hace aún más feliz—. No te preocupes por eso. Ya verás que todo se soluciona.

Continuará...




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