Sarah terminó de retocarse el cabello frente al espejo mientras el sol comenzaba a ocultarse, tiñendo su habitación de un color anaranjado melancólico. Al final, se decidió por unos jeans tiro alto y una camiseta de ''The Clash'' a Adrik le gustaba mucho esa banda.
El trayecto a la casa de los Anderson fue corto, todos vivian en el mismo vecindario pero el silencio en el auto de sus padres era comun. Solo Steve hablando de partidos de Basket y jugadores importantes.
Al llegar, Sarah vio el brillante auto de Scott estacionado en la entrada, reluciendo bajo la luz del porche. Pero lo que hizo que su corazón se detuviera fue ver una moto vieja estacionada cerca de la acera. Adrik estaba allí.
—Bueno, esto será interesante —murmuró Steve, bajando del auto con una sonrisa burlona.
La puerta de los Anderson se abrió antes de que pudieran tocar. Scott apareció allí, luciendo impecable con una camisa blanca de mangas remangadas que hacía resaltar sus hombros de atleta.
—Llegas a tiempo, Smith —dijo Scott, pero su mirada se desvió rápidamente hacia el interior de la casa—. Tu amigo ya está aquí. Ha estado sentado en el sofá como si fuera una estatua de hielo los últimos diez minutos.
Sarah entró y la escena que noto fue de pelicula. En un extremo de la sala, el señor Anderson y el señor Stevens reían con una cerveza en la mano. En el otro extremo, sentado en el borde de un sillón individual, estaba Adrik. Llevaba una camiseta negra y su chaqueta de cuero, la cual no se quitaba por nada del mundo.
Sus ojos grises se encontraron con los de Sarah. No hubo sonrisa esta vez, solo una pregunta silenciosa: "¿Por qué me hiciste venir?".
Ella se tomo la situacion con humor, ya estaba mas tranquila sabiendo que el plan estaba saliendo bien y luego de lanzarle una sonrisa con una mueca burlona a Adrik se dirigio a la cocina.
—Leanor! Karen! Las extrañe no saben cuanto. Traje un pie de limon para el postre—. Dijo Sarah con una calida sonrisa.
Leanor Anderson y Karen Stevens se giraron al unísono, soltando exclamaciones de alegría. El ambiente en la cocina era un refugio de calidez, lleno del olor delicioso del pollo asado.
—¡Sarah, cariño! Estás preciosa —dijo Leanor, tomando el pie de limón—. Y mira esa camiseta... Me recuerda a cuando ustedes tres no salían del garaje haciendo ruido con esas guitarras de plástico.
Sarah sonrió con nostalgia, pero la mención del pasado le dio un pequeño pinchazo en el pecho. Mientras las madres se distraían acomodando la mesa, Scott entró en la cocina con paso firme. Ignoró a las mujeres y se detuvo justo detrás de Sarah, lo suficientemente cerca para que ella pudiera sentir el calor que irradiaba.
—A pesar de esa camiseta rara, te ves preciosa hoy Smith—. Dijo Scott susurrando en su oido.
Se quedo congelada, debia admitirlo, el tenia un don para conquistar. Pero antes de que pudiera reaccionar, si quiera contestarle, un grito de Leanor los interrumpio.
—¡Todos a la mesa! El pollo ya esta listo—.
Sarah salio corriendo de alli cuanto pudo. Y cuando llego a la mesa sentia que algo faltaba.
En ese momento, unos pasos rápidos bajando las escaleras anunciaron una llegada llena de energía. Una melena rubia y despejada apareció por el marco de la cocina. Era Ellie, la hermana menor de Scott. A sus catorce años, Ellie parecía una versión en miniatura de la frescura de los ochenta: llevaba calentadores rosas sobre sus leggings negros y una sudadera oversize que le caía por un hombro.
—¡Sarah! —exclamó Ellie, lanzándose a sus brazos con una emoción genuina que no entendía de bandos ni de rencores pasados.
—¡Mírate, Ellie! Estás altísima —Sarah la abrazó con fuerza. Con ella no había incomodidad; Ellie seguía siendo esa niña que los seguía a todas partes, la que siempre pedía que le compraran un helado de doble chocolate.
—Te extrañaba tanto en casa —susurró Ellie, separándose un poco pero manteniéndola de las manos—Scott se ha vuelto un aburrido que solo habla de el quipo de Basket, y Adrik... bueno, Adrik ya no venía. Es tan bueno que estemos todos. ¿Me vas a contar todo sobre la secundaria? Dicen que las fiestas son como en las películas de Molly Ringwald.
Sarah se rió, sintiendo por un segundo que el "Club de los Seis" no estaba tan roto después de todo.
—Claro que te contare absolutamente todo, deberiamos hacer una pijamada estos dias, ¿Que te parece?—.
Las dos sonrieron y fue cuando Sarah sintio que esa era su actividad favorita, estar con sus viejos amigos, extrañaba tanto eso y lamentaba no haber intentado unir al grupo antes.
La cena comenzó poco después. La distribución de los asientos fue un desastre organizado por el destino: los padres en una esquina, Steve y Ellie charlando sobre teorias conspirativas en la otra, y en el centro, Sarah quedó sentada entre Scott y Adrik.
Scott estaba radiante, sirviendo el vino a los adultos con una caballerosidad que parecía ensayada. Adrik, en cambio, con una energia totalmente distinta a su izquierda; no se había quitado la chaqueta de cuero y apenas tocaba la comida, aunque Sarah notó que, de vez en cuando, él miraba de reojo la camiseta de The Clash que ella llevaba puesta.
—¿Y bien, Adrik? —soltó el señor Smith, tratando de romper el hielo—. Escuché que tu banda estuvo tocando el fin de semana. ¿Cómo va eso de la música?.
Adrik levantó la mirada gris. Antes de que pudiera responder, Scott se adelantó con una sonrisa ambiciosa mientras cortaba su trozo de pollo.
—Va lento, papá. La música de Stevens es...Especial. Digamos que no es algo que puedas bailar en el baile de graduación.
Adrik dejó el tenedor sobre la mesa. El sonido metálico fue sutil, pero cargado de tensión.
—No escribo música para que la gente baile mientras finge ser feliz, Anderson.—respondió Adrik, con una voz baja que cortó el aire—.
#5983 en Novela romántica
adolescencia pura y verdades cambiadas, retro, triángulo amoroso y sentimientos fuertes
Editado: 14.01.2026